Solidaridad a 4.500 kilómetros. Una distancia que la hermana Loli Mendoza, misionera de la Doctrina Cristiana, salvó para dar las gracias a la parroquia del Perpetuo Socorro de Huesca por su apoyo en la construcción de un comedor escolar en Burkina Faso. Mendoza, nacida en Huelva pero muy apegada a la capital oscense, encabeza un proyecto que ha hecho la vida un poco más fácil a 60 mujeres y sus niños. El pasado domingo realizó un rápido viaje y asistió a la eucaristía en el barrio del mismo nombre. Había llegado desde Teruel, ciudad que también se ha implicado con el comedor, y el 24 de noviembre regresa a África.

El proyecto, explica la hermana, “está en marcha desde 2015 en Boassa, un poblado a 5 kilómetros de la capital del país -Uagadugú- y muy desfavorecido. Trabajamos con mujeres y niños. Es también un centro de formación para ellas. Mientras la mujer se forma y nos encargamos de su alfabetización, a la vez sus hijos se quedan con nosotras y se pueden alimentar. Para muchos es la única comida del día“.

El comedor comenzó con 15 mujeres y en estos momentos la cifra se ha multiplicado por cuatro.  Cada una de ellas, con uno o dos niños. “Los más grandes van al colegio o se quedan trabajando en la casa y los más pequeños permanecen con las mamás”, añade Loli Mendoza. Todos ellos viven “en unas condiciones muy difíciles, sin agua ni luz. Son matrimonios jóvenes que se van instalando y hacen sus casitas de barro, por eso también llevan niños pequeños. Resulta muy difícil entrar y salir del poblado, que no tiene canalizaciones y es muy desértico”.

Esta idea de la comunidad misionera cristiana empezó a cobrar vida en Teruel y cuenta con el respaldo de la organización “Delwende al Servicio de la Vida”,  con una delegación en Zaragoza. “Vamos consiguiendo dinero”, añade la hermana. “Tenemos a gente laica que trabaja con nosotros: dos monitoras, una cocinera y la directora del centro”. El respaldo de la parroquia del Perpetuo Socorro forma parte de su denominado proyecto de solidaridad parroquial y ha contribuido de manera decisiva con 5.500 euros procedentes del Club de Tiempo libres, bonos solidarios o donaciones, algunas de ellas anónimas.

El presupuesto anual se cifra en unos 9.500 euros y se requieren de manera habitual macarrones, aceite, tomate en lata, azúcar, leche, lentejas, maíz… Los niños conforman uno de los colectivos más vulnerables del denominado tercer mundo y la alimentación, la sanidad y la educación son los tres ejes sobre los que gira la actividad de esta misionera de la Doctrina Cristiana. Loli Mendoza ha permanecido 10 años en Burkina Faso y, antes, siete en Togo.

Su paso por Huesca, entre 1998 y 200, dejó huella en la ciudad y en sí misma.  “Trabajé en Cáritas Diocesana, en el programa de acogida  y las catequesis. También colaboraba con Proyecto Hombre. Me encontré con gente muy comprometida que me lanza a mi misión y vocación de ayudar a la gente”. A la capital oscense acudió este domingo para hablar con la gente y acompañada por otras dos monjas de su congregación, Serafina del Toro y Loli Sabín.

En una carta de agradecimiento remitida esta semana, Loli Mendoza destaca que “estos 17 años que llevo viviendo en África han cambiado mi escala de valores, me siento más universal porque creo que cada cultura tiene su riqueza y cada persona, sea de la condición que sea, siempre tiene algo que aportarme, porque la fuerza de muchas gente de este lugar que luchan cada día por sobrevivir me impulsa a no desanimarme en mis pequeñas dificultades, porque el creer en la Providencia es una realidad en mi vivir diario, al igual que creer que hay un Dios bueno que nos sostiene y mantiene en medio de tanta fragilidad y sigue acompañando el sufrimiento de muchas personas con las que compartimos nuestro vivir diario“.