Estamos comenzando el tiempo de cuaresma, tiempo de conversión que nos conduce a la Pascua. Es un tiempo de gracia al que somos convocados y nos mueve a aspirar a la vida plena que nos traerá el Resucitado. La conversión a la que somos llamados personalmente también afecta a nuestros caminos pastorales como comunidad cristiana. 

A ello nos puede ayudar la propuesta de nuestro Plan diocesano de Pastoral VITA que se concreta, como es sabido, en un lema sencillo pero lleno de intención: renovados para anunciar. Cuando el plan propone el tema de renovarnos, nos invita a que dicha renovación pivote sobre el redescubrimiento de nuestra vocación bautismal (líneas 1-4). Y lo hace con una doble propuesta: la primera afecta a la renovación de nuestras comunidades y la segunda a la renovación de nuestra vida de fe. En nuestras comunidades es interesante potenciar los consejos parroquiales, los ministerios bautismales y seguir cuidando las unidades pastorales. Todo ello surge de tomar conciencia de nuestro bautismo y de la corresponsabilidad en la vida de la Iglesia a la que este nos invita (línea 1). Para renovar nuestra vida de fe, el plan apuesta por los equipos de fe y vida, el centro de acompañamiento que se está creando y la formación y el catecumenado de adultos (línea 2). Esta renovación pasa también por cuidar de manera más intensa algunas realidades pastorales que entendemos prioritarias (línea 3): los jóvenes, las familias, las personas vulnerables, el mundo rural y el mundo de la educación. 

La cuarta línea de nuestro plan nos sirve de puente entre nuestra renovación y el movernos a anunciar: es la línea que nos anima a seguir trabajando el sínodo sobre la sinodalidad. La reflexión sinodal nos ayuda a contemplar lo que somos y cuestiones sobre las que hay profundizar para seguir creciendo, pero siempre con la intención de mejorar nuestros retos de evangelización. El sínodo nos mueve a la misión. 

El trabajo de renovación que nos hace tomar conciencia de la fuerza de nuestro bautismo, nos mueve a consolidarnos como Iglesia en salida, en estado de misión permanente. Al renovarnos estamos en disposición de anunciar. La pregunta que surge de manera espontánea es: ¿Cómo lo hacemos?  ¿Cómo vamos a los alejados y a los ausentes? Para ello ahondamos en el reto del primer anuncio, como una cuestión fundamental y urgente (línea 6). El reto misionero lo concretamos también en crear espacios de evangelización desde el arte y el patrimonio, la ecología integral, el reto del ecumenismo y el diálogo interreligioso y la presencia en la vida pública (línea 5).  También es fundamental nuestro plan de comunicación y la presencia en los medios de comunicación social y en las redes (línea 8).

Animo a todas las comunidades y parroquias de la diócesis a vivir con intensidad este tiempo de gracia. Y a seguir desarrollando con ilusión y constancia nuestro plan diocesano. Son muchas las propuestas que se ofrecen y seguro que algunas nos pueden ayudar a esa conversión pastoral que deseamos para nuestra Iglesia. Santa Cuaresma para todos. Y lo dicho: ¡renovados para anunciar!