Opinión

Araceli Cavero

Poder y poseer

31 de marzo de 2026

Cuando leí la primera lectura de la misa del domingo ocho de febrero pensé que una de mis colaboraciones podía ir en ese sentido, tanto más cuanto que ese día la colecta de la misa era para financiar proyectos de desarrollo en Manos Unidas.

Precisamente porque en mi anterior había escrito sobre lo poco que me gusta que me digan por WhatsApp por quien tengo que rezar.

Dije que mi lista de peticiones es larga, pero no se preocupen que no la voy a enumerar; solo va a ser sobre una de mis peticiones.

Todos los días tengo presentes a esas personas que por mucho que posean nunca tienen suficiente, siempre quieren más, y más y mucho mas (así decía una canción en mis años muy jóvenes), y no descansan aunque tengan que dañar a los que se ponen por delante en contra de sus intereses.

En primer lugar, están los corruptos que sustraen el dinero que por derecho pertenece a otros; luego están “los señores de la guerra”, los que tienen algún poder en organismos oficiales, los violentos, los que trafican con armas, con drogas, con personas…. Todo con el fin de acumular más y más beneficios. No importa que las drogas reduzcan a las personas a seres sin voluntad y en constante peligro de muerte; no importa que la explotación sexual sea un comercio muy lucrativo a costa de obligar y maltratar a tantas mujeres, amenazándolas con matar a miembros de sus familias; o la explotación laboral que obliga a tantísimas personas a trabajar durante horas interminables con sueldos de miseria.

Por todos ellos pido en mi oración para que Dios borre de sus corazones, pero de los nuestros también, esas ansias de poder y de tener que, en mayor o menor medida, todos tenemos. Le pido a Dios que nos ayude a compartir con los hermanos necesitados.

De ahí que la lectura de Isaías 58, 6-10 que precisamente se leyó en la Jornada de Manos Unidas, me recordara que hay tantas personas que acumulan mucho dinero y mucho poder, pero que hay muchísimas más que no tienen ni para comer, que luchan por sobrevivir pero que no tienen muchas posibilidades, ya que el afán de muchos por acumular hace que no llegue la suficiente ayuda para los que de verdad la necesitan.

Isaías nos dice que “…. Parte tu pan con el hambriento, hospeda a los pobres sin techo, cubre al que va desnudo….”, pero si seguimos hasta el versículo 11 veremos que el Señor nunca es avaro en sus dones con quienes ofrecen ayuda sin esperar nada a cambio.

Una lectura muy adecuada para este tiempo litúrgico que vivimos y que nos pide conversión de corazón y no de fachada.

 

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