Me gustó que, en las peticiones de perdón al comienzo de la misa, el celebrante incluyese esta: Por no trabajar en nuestro crecimiento como personas. Señor, ayúdanos a cambiar.
Ya sabes, se trata de un proceso continuo de mejoramiento. Dice Maslow, “Uno puede elegir volver hacia la seguridad o avanzar hacia el crecimiento. El crecimiento debe elegirse una y otra vez; El miedo debe superarse una y otra vez”.
Esta incitación a la madurez personal no es algo frecuente en nosotros los curas. Algunos predicadores insisten solo en las virtudes teologales, en el sacrificio, en la oración, en la obediencia… y parece que al resto lo consideran “meras virtudes humanas”. Así se pasa por alto el valor divino de lo humano y se “desencarna” la fe.
La información verdadera es necesaria para adquirir criterios seguros sobre la realidad y poder mejorarla. Ejemplo al canto. La conferencia era sobre “La Química y el progreso humano” aunque se hubiese podido titular “La Química y las obras de misericordia”. El conferenciante recalcó con razón que Santa Teresa de Calcuta no hubiese podido hacer nada sin la química. Gracias a los descubrimientos en este campo se da de comer al hambriento (abonos agrícolas), de beber al sediento (potabilización), se viste al desnudo (fibras textiles artificiales) o se sana al enfermo (medicinas, calmantes, vacunas). Algunos científicos dicen que son ateos, pero trabajan muy eficazmente por los demás y Jesús dice que por sus frutos los conoceréis. “No por sus rezos”, dice con malicia mi amigo Fernando.
Capacitarse para ayudar a los demás es lo lógico en quien desea seguir a Jesús, y motivar para ello es tarea de la Iglesia. En este capacitarse entra también el conocer las circunstancias y herramientas que pueden facilitar la ayuda. Hoy la pastoral rural, por ejemplo, tendría un cauce más si el señor cura conociese cuál es la red social más usada en el pueblo. En Facebook podría averiguarlo por los apellidos. También podría abrir un canal de You Tube con el nombre de la parroquia del pueblo.
En el año 2015, realicé una encuesta válida para un universo de 400 personas y, en ella, el 93% opinaba que la Iglesia no ayuda al crecimiento personal, a pesar de auto-titularse “madre y maestra”.
Pero ¿se puede crecer y madurar en la fe sin crecimiento personal? La fe implica a la persona en su totalidad. El hombre maduro integral vive todos los acontecimientos desde el punto de vista de su fe en Dios, por eso sabe apreciar las cosas más normales de su vida. Así que impulsar el crecimiento personal de los fieles es también misión y responsabilidad de la Iglesia (de la diócesis, de la parroquia y del resto de los creyentes). Debemos animarnos los unos a otros a conocer nuestra personalidad, a aceptarnos y a superarnos.
Los curas, tan aficionados a dar consejos, debemos formarnos mejor para ejercer de motivadores y mentores de forma técnicamente correcta. En esta formación es sumamente importante la armonía e integración de los diversos aspectos de la personalidad buscando un crecimiento en las áreas de la formación integral de la persona: espiritual, humana, intelectual y apostólica – social.
Personalmente creo en el cuidarnos los unos a los otros y en el caminar escuchando. “Ellos” me necesitan a mí y yo a ellos. Esta lección se me fortaleció mucho durante la pandemia.
Hermingway escribió que la verdadera grandeza es ser superior a tu antiguo yo, así que cada día intenta ser mejor que tú mismo. Un hombre no puede sentirse cómodo sin su propia aprobación. Tal vez no lo notes, pero tú ayudas a muchos. Permanece cambiando y sigue siendo el capitán de tu alma.