Merece la pena pararse, por un momento, a pensar cual es la realidad que nos rodea y como ésta influye en nuestro pensamiento y en nuestra vivencia de la fe.
No somos un verso suelto sino miembros de una comunidad social y, el pensamiento dominante y los modos de vida de nuestra sociedad, nos influyen mucho mas de lo que pensamos.
La mayoría de nosotros hemos sido educados en la fe, en la fe de la Iglesia Católica y nuestra formación, tanto en casa como en el colegio, se ha sustentado sobre bases muy sólidas.
Podríamos decir que nuestro propio pensamiento es SÓLIDO: sabemos distinguir el bien del mal, la belleza de la fealdad, lo propiamente humano de lo que no lo es…
Ello nos dota de una sensibilidad especial a la hora de movernos por la vida y, sobre todo, a la hora de tomar decisiones importantes.
Sin embargo, en pocos años, el pensamiento dominante se ha ido volviendo LÍQUIDO. Ya nada es verdad o mentira, todo depende del color con que se mira.
Empezamos ya a hablar de “mi ” verdad, “tu” verdad, olvidando al Maestro que nos dijo ” Yo soy el camino, la VERDAD y la vida”.
Se niega la existencia de certezas y verdades absolutas. Esas verdades, aunque existan, deberán adaptarse a mis conocimientos, mis gustos , etc.
Será mi propio modo de vivir el que vaya construyendo mi pensamiento, haciendo verdad la frase de “si no vives como piensas, acabas pensando como vives”.
Es un modo de vivir tranquilo, placentero, pues si no hay límites objetivos de conducta moral, si no hay un reconocimiento explicito de un Dios creador y de un ser que es criatura, no hay espejo donde mirarse ni mucho menos donde contraponerse.
Es un “vive y deja vivir” que nos tranquiliza la conciencia, aunque sea solo un poco..
Pero la sociedad actual y, tal vez nosotros mismos en muchos momentos, hemos dado el paso al pensamiento GASEOSO.
Partimos de que no hay nada fijo ni estable en nuestra sociedad: ni las personas, ni las instituciones, ni los valores, ni las convicciones religiosas.
Lo que ahora pienso, en muy poco tiempo ya no valdrá porque todas las circunstancias habrán cambiado y ya no me servirá.
Es un pensamiento ” leneex” de usar y tirar. Por eso mismo, es un pensamiento triste que deja al hombre vacío, al vaivén de los acontecimientos .
¿Cómo tomar decisiones vitales así? ¿Cómo plantearse metas altas y no digamos una vocación religiosa o sacerdotal de entrega plena a Dios?
Hay que volver a “reconstruir” el pensamiento, a sintetizar todas las partículas del mismo diseminadas en mil ideas sin consistencia.
En ese reconstruir, aparece Dios como centro de la vida del hombre. Con la fuerza de un imán, atrae hacia sí todos los diosecillos que nos hemos creado para sobrevivir sin pensar demasiado y sobre todo, sin comprometernos demasiado.
Como dice el filosofo Francesc Torralba en su artículo La fe cristiana frente al politeísmo espumoso: “en el contexto actual de volatilidad, sin embargo, no ha desaparecido el anhelo de solidez, de tierra firme y, sobre todo de ser amado incondicionalmente”.
La respuesta está en Jesucristo.
Bibliografía: Razón y fe, 2016 N.º1416. Francesc Torralba