Palabras mitradas: Advi-esperanza

Al comienzo de la Eucaristía, el domingo pasado saludaba al Pueblo de Dios concelebrante con un “feliz año nuevo”. Sí, era el primer domingo de Adviento. Comienzo de un nuevo Año Litúrgico, de un Nuevo Año Cristiano. Decirlo ese día, puede sonar a distinto o, al menos, llamar un poco la atención. Más auténtico porque no lo impone el ambiente ni la costumbre ni el vacío. Puede llamar un poco la atención porque nos ayuda a caer en la cuenta que todo comienzo supone nueva ilusión, nueva esperanza, nuevas posibilidades. Y Adviento es para los cristianos un nuevo comienzo que anima la esperanza. Esperanza (actitud, talante, intención profunda, virtud) que estamos llamados siempre a renovar y que nos conduce a vivir el tiempo de Adviento como una gracia de Dios y una invitación de la Iglesia para activar la esperanza de modo decidido y conscientemente, ‘creyentemente’.

La esperanza solo existe y crece cuando tomamos en serio, sin pesimismo, la realidad que nos rodea y que hacemos entre todos. La realidad en su lado positivo y en su parte llena de injusticia, pobreza, violencia… Si no parte de ahí, la esperanza es optimismo barato, superficial, sin futuro. Ceguera y egoísmo para vivir yo “caliente, y ríase la gente”. Sin más perspectiva ni objetivo, ni finalidad.

Quiero hablar de esto echando mano de unas palabras ‘mitradas’. Y ¿qué tiene que ver todo esto con lo de ‘mitradas’? Palabras ya se ve que son. Escritas, pero palabras. Tiene que ver sencillamente -y ya habéis caído en la cuenta- con que son palabras de ‘mitrados’, de obispos. (Pero me ha apetecido poner la palabrita en el título, aunque no sepa por qué).

Es que me he topado en pocos días con tres ‘mitrados’ que hablan de esto: de la esperanza realista, cristiana. En la realidad, positiva o negativa, siembran esperanza. Siembra correcta e imprescindible. Aunque no citen la palabra, la actitud, esperanza. Pero la siembran en quien lea y medite.

Vamos con el primero. Vemos las crisis de hoy, la disminución de la fe, la falta de participación. ¿Qué hacemos? ¿Nos limitamos a elaborar teorías, nos limitamos a criticar, o nos ponemos manos a la obra, tomamos las riendas de nuestra vida, pasamos del “si” de las excusas a los “sí” de la oración y del servicio? Todos creemos saber qué es lo que no está bien en la sociedad, todos; hablamos todos los días de lo que no va en el mundo, incluso en la Iglesia, tantas cosas no van en la Iglesia. Pero luego, ¿hacemos algo? ¿Nos ensuciamos las manos como nuestro Dios clavado al madero o estamos con las manos en los bolsillos mirando? (FRANCISCO, en su Homilía en la fiesta de Cristo Rey (20 nov 22)

El segundo nos llega desde Luxemburgo. Es el Cardenal Jean-Claude Hollerich.

“Europa se ha convertido en un continente donde falta la esperanza cristiana. La gente vive al día y no tiene esperanza para el mañana. El objetivo es tener dinero para poder gastarlo comprando. En esta mentalidad la religión resulta ajena a la gente. Hemos llegado a un punto de cristiandad muy superficial en Europa respecto a lo que ocurría hace 50 años.

Debemos hacer una evangelización profunda, que solo puede funcionar si nos convertimos al Evangelio”.[1]
‘Hacer una evangelización profunda’ solo es posible cuando hay, en los cristianos, mucha esperanza en Jesús, su Evangelio y en el ser humano del siglo XXI

El tercero nos llega de más cerca: de Andalucía, Granada.  Ante la realidad, en este caso, negativa: “¡No somos administradores de decadencia! ¡Que el pesimismo no nos contamine ni nos paralice! ¡Fortalezcamos la esperanza! Dios no nos va a faltar”.  José María Gil Tamayo. Arzobispo Coadjutor de Granada. Palabras en el día de su entrada en la diócesis.[2] 1 octubre 2022.

Lo más opuesto a la esperanza, probablemente sea ser administradores de decadencia. Además, tiene que ser aburridísimo y descorazonador. Pero, haberlos, haylos. También entre los cristianos de todos los ministerios que, por vocación y gracia, “esperamos unos cielos nuevos y una tierra nueva en los que habite la justicia. Por eso, queridos míos, mientras esperáis estos acontecimientos, procurad que Dios os encuentre en paz con él, intachables e irreprochables” (2 Ped 3,13-14). Es decir: trabajando en esperanza. 

Estos tres ‘mitrados’ nos invitan a vivir el/la advi-esperanza. Es Dios que pasa, llama e invita. Es Adviento. Es siempre.


[1] “Sin el Vaticano II la Iglesia sería hoy una pequeña secta”. VIDA NUEVA. 3289. 15-21.10.22

[2] Revista ECCLESIA. Nº 4112. Octubre 2022. Pág. 28).