Un café con Jesús. Flash sobre el Evangelio del IV Domingo de Pascua – B – (21/04/2024)

En el evangelio del cuarto domingo de Pascua (Jn 10, 11-18), la Iglesia nos presenta a Jesús como el pastor que va delante del rebaño, infundiendo seguridad en las oscuras cañadas, y no lo abandona cuando el lobo lo acosa. Hoy es el domingo “del buen pastor”. El papa Pablo VI lo instituyó como Jornada Mundial de Oración por las Vocaciones. El párroco nos ha recordado que nuestras comunidades fueron en otro tiempo fecundos caladeros de vocaciones y, sin embargo, ahora estamos agobiados por la escasez de sacerdotes. ¿Hasta cuándo va a durar esta sequía vocacional?, he preguntado a Jesús después de ponerlo al tanto de mis preocupaciones. Mientras disolvía el azucarillo en su café me ha dicho:

– ¿Qué hacéis ahora para conjurar esa sequía? Tiempos atrás hacíais rogativas cuando no llovía. Eran muchos los que entonces confiaban en la providencia del Padre y no quedaban defraudados; luego construisteis embalses para retener las reservas de agua, lo cual fue una decisión razonable, pero dejasteis de confiar en el Padre como si ya no lo necesitaseis. ¿No estaréis también arrinconando al Padre frente la sequía vocacional?

– Pero si no dejamos de recordar que dijiste: «La mies es mucha y los obreros pocos. Rogad, pues, al Dueño de la mies que envíe obreros a su mies». Rezar, ya rezamos. ¿Es que no te has enterado del maratón de oraciones de la semana pasada? -he replicado-.

– Estoy al tanto de ello -me ha dicho y como quien hace una confidencia ha añadido-, pero dime: ¿con qué intensidad oráis? Cuando dije que rogaseis al Dueño de la mies, miré a la muchedumbre y «sentí compasión de ellos, porque estaban abatidos como ovejas que no tienen pastor» (Mt 9, 36). ¿Os duele de verdad que tanta gente viva ahora desorientada? ¿Os duele en el alma que vayan por la vida como ovejas sin pastor?

– ¡No te falta razón al recordarme que nuestro sufrimiento es el termómetro que mide cuánta es nuestra preocupación! -he dicho tratando de pasar página-.

– Pues toma nota, porque esto que hablamos tiene consecuencias -ha continuado sin dejarme cambiar de tema-. ¿Te has parado a pensar cuáles son los modelos de vida y las aspiraciones que venís inculcando en las actuales generaciones? Si los modelos sólo son esos deportistas de élite que ganan mucho más dinero del que necesitan, si las aspiraciones de los jóvenes no van más allá de viajar a lugares exóticos y de vivir nuevas experiencias, si en el día a día de los adolescentes elimináis el esfuerzo de un trabajo bien hecho, si evitáis a toda costa que sepan algo de las frustraciones que la vida lleva consigo, si los abocáis a pensar sólo en su felicidad y ésta consiste en que les toque la lotería…, no te extrañe que el Padre y los hermanos desaparezcan del horizonte de sus vidas, que vean el suicidio como una salida natural frente al dolor y, sobre todo, que ninguno escuche la llamada de una vocación que reclama «dar la vida por las ovejas» y no ser como «el asalariado, que, al ver venir al lobo, abandona las ovejas y huye». Hace falta otro temple para «entregar libremente la vida». ¿Sois capaces ahora de forjar este temple en vosotros e inculcarlo en los jóvenes modernos?

– Ya veo a dónde quieres llegar y, mal que me pese, sé que tienes razón. El modelo de vida y sociedad que venimos impulsando no deja lugar para las vocaciones que implican dedicación y tienen pocas compensaciones materiales, pero me parece que ya no tenemos remedio.

– Nunca digas eso -me ha corregido-. Cuando dije: «es más fácil que un camello pase por el ojo de una aguja que el que un rico entre en el Reino de los Cielos», mis discípulos reaccionaron como tú, pero les advertí: «lo imposible para los hombres es posible para Dios». Confía en el Dueño de la mies, recoge tus cosas y salgamos a donde tantos necesitan un buen pastor.