Mons. Rebollo invita a vivir la Cuaresma como un «camino de conversión real que renueva el corazón y transforma el mundo”

Marta Latorre
19 de febrero de 2026

El obispo de Tarazona, Mons. Vicente Rebollo, invitó ayer a los fieles presentes en la misa de Miércoles de Ceniza que tuvo lugar en la S.I. Catedral de Ntra. Sra. de la Huerta, a vivir la Cuaresma como «un camino de conversión real» para renovar el corazón y transformar el mundo.

El prelado presentó la Cuaresma como un tiempo de gracia en el que Dios quiere hacerse cercano. Invitó a preguntarse cuánto deseamos nosotros esa cercanía y cuánto estamos dispuestos a convertirnos. Cuanto más nos acercamos a la luz de Dios, más descubrimos la necesidad de mejorar, superarnos y acercarnos a los demás. Mons. Rebollo subrayó que ante Dios cada día es nuevo. La Cuaresma rompe rutinas y nos abre a la novedad del amor divino. Cada jornada de este tiempo que comenzamos es una oportunidad para sentir la gracia de Dios y compartirla con los demás.
Mencionó al papa León XIV haciendo referencia a  su mensaje de Cuaresma y recordó que la conversión consiste en volver a colocar el misterio de Cristo en el centro de la vida. Aunque el pecado nos inmoviliza y nos hace sentir indignos, Dios siempre nos acoge como hijos y nos ofrece su gracia. La Palabra de Dios debe llegar al corazón con docilidad al Espíritu para renovarnos y hacernos personas nuevas.

El obispo animó a comenzar la Cuaresma con decisiones firmes y recordó los tres pilares tradicionales: la oración, que debe abrirnos a la escucha de la Palabra y a interceder por los demás; la limosna, entendida como un corazón que se dona y se traduce en obras de misericordia; y el ayuno, que despierta la necesidad de Dios y que incluye un ayuno de palabras, evitando hablar mal de otros, como nos recuerda el Papa en su mensaje.

Finalmente, insistió en que cada pequeño paso de conversión transforma también el mundo y la Iglesia. Invitó a vivir el gesto de la ceniza con humildad y esperanza, reconociendo cuánto necesitamos a Dios y deseando caminar según sus pasos.

Numerosos fieles participaron en la misa y les fueron impuestas las cenizas como símbolo de la mortalidad humana, la fragilidad, el arrepentimiento y la necesidad de conversión interior.

Don Vicente estuvo acompañado en la celebración por los canónigos de la Catedral y por el diácono permanente. El Coro de la Catedral cantó en la eucaristía.

 

 

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