Mensaje del papa para la Jornada Mundial de Oración por el Cuidado de la Creación

La existencia del cristiano es vida de fe

La Santa Sede acaba de publicar el mensaje para la Jornada Mundial de Oración por el Cuidado de la Creación que se celebra el 1 de septiembre. Con el lema «Espera y actúa con la creación”, Francisco nos exhorta al compromiso con el cuidado de la casa común desde el testimonio de la fe.

El papa comienza su mensaje haciendo la pregunta: ¿cómo es que tenemos fe? y responde con las palabras de San Pablo, «es porque habita en nosotros el Espíritu Santo».

El Espíritu hace a los creyentes creativos, pro-activos en la caridad. Los introduce en un gran camino de libertad espiritual

Cristianos diligentes en la caridad

Y recuerda que «la existencia del cristiano es vida de fe, diligente en la caridad y desbordante de esperanza, en la espera de la llegada del Señor en su gloria» e invita a testimoniar esa «feliz esperanza» de manera concreta «en los dramas de la carne humana que sufre».

Ante la maldad, la guerra, y los daños contra la creación, insiste en que «la lucha moral de los cristianos está relacionada con el ‘gemido’ de la creación, porque esta última «quedó sujeta a la vanidad»» (v. 20). Todo el cosmos y toda criatura gimen y anhelan «ansiosamente»« que se supere la condición actual y se restablezca la originaria.

En la expectación esperanzada y perseverante de la venida gloriosa de Jesús, el Espíritu Santo mantiene alerta a la comunidad creyente y la instruye continuamente, llamándola a la conversión de estilos de vida, para que se oponga a la degradación humana del medio ambiente y manifieste esa crítica social que es, ante todo, testimonio de la posibilidad de cambio

Esperar y actuar: caminar juntos

Expresa el Papa que «esta conversión consiste en pasar de la arrogancia de quien quiere dominar a los demás y a la naturaleza ?reducida a objeto manipulable?, a la humildad de quien cuida de los demás y de la creación. «Un ser humano que pretende ocupar el lugar de Dios se convierte en el peor peligro para sí mismo».

Finalmente, invita a «esperar y actuar con la creación» viviendo «una fe encarnada, que sabe entrar en la carne sufriente y esperanzada de la gente, compartiendo la espera de la resurrección corporal a la que los creyentes están predestinados en Cristo Señor».

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