En un mundo marcado por la violencia y los conflictos armados, hablar de paz sigue siendo una urgencia. Pero la paz no empieza cuando callan las armas. Se construye mucho antes: cuando se garantiza una vida digna, cuando se erradica el hambre, cuando se reducen la pobreza y la desigualdad. Esta es la convicción que impulsa la Campaña 2026 de Manos Unidas: «Declara la guerra al hambre», una llamada urgente a combatir las causas profundas de la violencia y a apostar por un desarrollo justo como camino imprescindible hacia una paz real y duradera. El hambre es un arma silenciosa más letal que las armas de guerra y que también se utiliza de forma estratégica en los propios conflictos armados.
En el «Espejo de la Iglesia en Aragón» de COPE entrevistamos Gonzalo González, delegado de Manos Unidas Zaragoza, quien nos cuenta cómo durante este año Manos Unidas quiere compartir con la sociedad española su experiencia y conocimiento acerca de muchos de los conflictos existentes en el mundo. A continuación, transcribimos la entrevista.
Rocío Álvarez. Gonzalo, este año el lema de la campaña de Manos Unidas es especialmente impactante: «Declara la guerra al hambre». ¿Qué mensaje queréis lanzar a la sociedad con una frase tan contundente en los tiempos que corren?
Gonzalo González. Precisamente eso: ser impactantes. En el momento actual, desde Manos Unidas queremos poner el foco en un reto que tenemos muy presente: la necesidad de alcanzar una paz verdadera y duradera. Permíteme aportar algunos datos para contextualizarlo.
En estos momentos, 78 países están involucrados en conflictos armados, tanto dentro como fuera de sus fronteras. Existen 59 conflictos armados activos, la cifra más alta desde la Segunda Guerra Mundial, y lejos de disminuir, han aumentado en tres con respecto al último año.
Desde Manos Unidas recogemos las palabras del papa León XIV cuando afirma que no podemos aceptar que la guerra moldee nuestra historia. Por eso iniciamos esta campaña poniendo el acento en el desarrollo justo como camino hacia la paz. De ahí el subtítulo del lema de este año, que nos invita a combatir el hambre, la pobreza y la desigualdad a través de la paz y el desarrollo.
Además, esta campaña quiere ser también un recuerdo de aquel «Declaramos la guerra al hambre» que cerraba el manifiesto de 1955 de la Unión Mundial de Organizaciones Femeninas Católicas, y que fue la semilla de lo que hoy conocemos como Manos Unidas.
R. Á. Es decir, hay un guiño claro a los orígenes.
G. G. Exactamente. Ese guiño es total. De hecho, de aquella primera campaña contra el hambre en España nació Manos Unidas, cuyo nombre completo era Manos Unidas, campaña contra el hambre.
R. Á. El próximo martes, 3 de febrero, tenéis el acto de lanzamiento de la campaña en el Patio de la Infanta, en el Salón Aragón, a las siete de la tarde. ¿Qué se va a vivir ese día y quiénes te acompañarán en la mesa, junto al arzobispo?
G. G. Como en todos los actos de Manos Unidas, presidirá nuestro arzobispo, don Carlos. Nos acompañarán dos personas que creemos que pueden aportar una visión muy enriquecedora sobre la paz y los conflictos.
Por un lado, el escritor y catedrático de Historia Medieval José Luis Corral. Y, por otro, una misionera laica, socia local de Manos Unidas, que vendrá desde Mozambique para compartir su experiencia directa de lo que está viviendo allí.
Mozambique es uno de los países en los que este año vamos a centrar nuestra labor de sensibilización, junto a otros como Gaza o Haití. Son conflictos olvidados, que apenas aparecen en los medios de comunicación, pero en los que millones de personas siguen sufriendo.
R. Á. Una cita indispensable, sin duda. Recuérdanos hora y lugar.
G. G. A las 19:00 horas, en el Salón Aragón del Patio de la Infanta, espacio de Ibercaja, que un año más nos abre generosamente sus puertas para el lanzamiento de la campaña.
R. Á. Además de la presentación oficial, el día 6 de febrero tenéis un acto muy especial en la Santa Capilla del Pilar. ¿Qué significa para la delegación presentar la campaña a la Virgen, de la mano de vuestro consiliario?
G. G. Es el acto más tradicional de Manos Unidas, el primero que se celebró ya en nuestros orígenes, en 1960. La presentación de la campaña a la Virgen del Pilar no la hacemos solo por nosotros, sino siguiendo también el mandato de las presidentas nacionales de Manos Unidas, que siempre nos han pedido que encomendemos a la Virgen esta labor, pidiendo fuerza y ánimo para llevar adelante las campañas, tanto a nivel local como nacional.
Es, sin duda, el acto más simbólico y más tradicional, y además se celebra en una fecha clave para Manos Unidas: el Día del Ayuno Voluntario.
R. Á. El domingo 8 de febrero llega otro momento importante: la Jornada Nacional de Manos Unidas. Ese día el arzobispo presidirá la Eucaristía en el altar mayor del Pilar, a las doce del mediodía. Es el momento en el que todo Zaragoza se une en una sola voz.
G. G. Así es. Es el momento en el que todos nos unimos como Iglesia para alzar una sola voz de ayuda, solidaridad y fraternidad con nuestros hermanos y hermanas que más sufren el hambre, la pobreza, la desigualdad y la falta de paz.
R. Á. Mirando atrás, 2025 fue un año de mucho esfuerzo. ¿Qué balance haces de los proyectos que se lograron sacar adelante gracias a la generosidad de los zaragozanos?
G. G. Siempre decimos que comenzamos cada campaña de forma prudente, con unos compromisos claros, pero gracias a la generosidad de nuestros socios, donantes y colaboradores, casi siempre conseguimos hacer más de lo previsto.
En la campaña pasada iniciamos el año con ocho proyectos y lo hemos cerrado con dieciséis, destinados a siete países de África, tres de América y seis proyectos en la India.
Además, se han cofinanciado dos proyectos: uno en Etiopía, con el apoyo de la Diputación Provincial de Zaragoza, y otro en Palestina, con el Ayuntamiento de Zaragoza. A ello se suma la colaboración continuada de la Fundación Ibercaja, que este año ha apoyado un proyecto en la India.
En total hablamos de 19 proyectos, y solo podemos expresar nuestro agradecimiento a todas las personas que siguen confiando en Manos Unidas.
R. Á. ¿Qué cantidad se logró recaudar y qué previsiones manejáis para este 2026?
G. G. Aunque estamos pendientes de los datos definitivos tras las auditorías externas, podemos decir que la delegación de Zaragoza ha recaudado en torno a 1.100.000 euros. Todo ello es posible gracias a la confianza de nuestros socios y donantes, que conocen bien nuestra transparencia. En las auditorías externas detallamos con claridad el destino de hasta el último céntimo recibido, y creemos que eso es fundamental.
R. Á. Para este año, ¿en qué zonas y en qué tipo de proyectos se va a centrar la delegación de Zaragoza?
G. G. Empezamos de nuevo con prudencia, con siete proyectos: dos en la India, dos en América del Sur y tres en África. La mayoría son proyectos educativos, porque seguimos convencidos de que la educación es la principal herramienta para acabar con la pobreza, el hambre y también con la guerra.
También impulsamos proyectos sanitarios, especialmente de formación, para que las personas puedan detectar enfermedades a tiempo, y proyectos relacionados con derechos humanos y fortalecimiento de la sociedad civil, ayudando a que muchas personas conozcan y ejerzan los derechos que les corresponden como seres humanos.
R. Á. ¿Cómo puede colaborar la gente con Manos Unidas? ¿Habrá una colecta especial?
G. G. Sí. Los días 7 y 8 de febrero, las colectas parroquiales estarán destinadas a la Jornada Nacional de Manos Unidas. Pero, más allá de eso, se puede colaborar durante todo el año de muchas maneras: haciéndose socio, mediante transferencias bancarias, a través de Bizum, visitando la delegación, o entrando en nuestra web, www.manosunidas.org, donde incluso se puede colaborar con proyectos concretos.
También hacemos un llamamiento al voluntariado. Siempre necesitamos personas dispuestas a colaborar y a trabajar por un mundo más justo.
R. Á. Gonzalo, muchas gracias por tu tiempo y por esta labor incansable para que el mundo sea un lugar más justo. Estaremos muy pendientes de todos los actos de la próxima semana.
G. G. Gracias a vosotros por dar voz a quienes no la tienen.
