Llanto por la humanidad

“En un mundo en el que se habla mucho de derechos, ¡cuántas veces se ultraja de hecho la dignidad humana! En un mundo donde se habla tanto de derechos, parece que el dinero es el único que los tiene. Queridos hermanos y hermanas, vivimos en un mundo donde manda el dinero. Vivimos en un mundo, en una cultura donde reina el fetichismo del dinero”.[1]

 “Hay necesidad de repudiar la guerra, lugar de muerte donde los padres y las madres entierran a los hijos, donde los hombres asesinan a sus hermanos sin ni siquiera haberles visto, donde los poderosos deciden y los pobres mueren.

Esta es la bestialidad de la guerra, ¡acto bárbaro y sacrílego!

La humanidad comprenda que ha llegado el momento de abolir la guerra, de cancelarla de la historia del hombre antes de que sea ella quien cancele al hombre de la historia”.[2]

 “He recibido con dolor las noticias de las tragedias de los migrantes en Texas y en Melilla. Oremos Juntos por estos hermanos que han muerto mientras perseguían la esperanza de una vida mejor; y para que el Señor nos abra el corazón y estas desgracias no sucedan de nuevo”.  @Pontifex_es 28 junio 2022.

Reuniones G7, OTAN. Ucrania y más de 30 países en guerra. Injusticia o conflictos internos violentos en otras naciones por el olvido de las poblaciones marginadas y de los más pobres. Pobreza extrema y superable en tantos y tantos países… Muerte en Marruecos, frontera con Melilla, el 24 de junio. Emigrantes que vienen de la pobreza, que arriesgan su vida en una travesía de esperanza incierta, que mueren víctimas de una violencia impuesta o defensiva. Cuadro negro, rojo de sangre de emigrantes muertos y de vigilantes de fronteras heridos. Sin coincidir ni siquiera en el número de muertos: 23 personas, según el Gobierno de Rabat, 37 según las ONG. Enterrados apresuradamente sin una mínima investigación ni autopsia de los cuerpos de los fallecidos, que no han sido ni identificados.

50 inmigrantes fueron hallados sin vida el día 27 en el tráiler de un camión de transporte a las afueras de San Antonio, en Texas, en la peor tragedia de este tipo que se recuerda en EE.UU. Los cuerpos fueron encontrados en el compartimento de carga y en los alrededores.

Es la realidad de este tiempo, hoy, en nuestra sociedad, en nuestro mundo. Y no es todo el ‘hoy’. Haría falta más espacio. Perdón, pues, por lo olvidado.

Dinero, guerra, emigración, muerte, violencia: obras nuestras. Sí, nuestras. También catástrofes naturales, con responsabilidad también nuestra. Catástrofes que no son enfrentadas eficaz y solidariamente por todos. y esas reuniones -ojalá que sirvan de algo positivo- de los gobernantes del mundo enriquecido y poderoso en armas, fuerza y recursos.

Por todo esto y más, entono mi llanto por la humanidad. Quizás poco más puedo hacer en este cuadro de horror. Invitar a este llanto desde estas páginas cristianas. Fortalecer y agradecer lo positivo que nos rodea. Y que este llanto por la humanidad fortalezca nuestra conciencia fraterna y solidaria. Nadie podemos lavarnos las manos ante este dolor.

Todas las víctimas son hermanos nuestros. Y los victimarios también. Por todos, el llanto. Con todos, una creciente conciencia fraterna y solidaria, reitero. Y la esperanza por y con tantos que hacen de su vida un compromiso, según sus posibilidades, por asegurar mejores condiciones de vida para todas las víctimas. Gracias a Dios y a ellos, no son pocos. Y nos muestran generosidad, entrega, sabiduría e inteligencia creativas, iniciativas para sugerir o exigir leyes para una convivencia justa, segura, ordenada, respetuosa entre todos.

Este llanto por la humanidad surge, profundo, verdadero y esperanzado, cuando cada uno queremos para nuestra sociedad un rostro humano que respete y promueva el valor de cada vida y de toda vida. Una sociedad que se conmueva ante el sufrimiento de los demás. No una sociedad que, sin llanto auténtico y verdadero, sin misericordia y compasión se convierte en una sociedad insensible, cerrada al dolor hermano, una sociedad sin corazón. Una sociedad incapaz de engendrar justicia, fruto del amor.

Este llanto creativo y solidario comienza reconociendo que ninguna persona es descartable, marginada, sino portadora de una dignidad intocable, siempre defendida y respetada, nunca olvidada o negada. El llanto cristiano es un llanto por lo hijos de Dios, que somos todos. El llanto, en un cristiano, se une al llanto de Dios por sus hijos víctimas y victimarios.

En este llanto por la humanidad estamos implicados todos, cada uno con nuestra responsabilidad personal para ir consiguiendo una vida más digna, segura y solidaria para todos. Este es un camino que estamos llamados a hacer, a recorrer juntos, como verdaderos compañeros de un viaje que todos estamos viviendo a la vez y en la misma tierra.


[1] FRANCISCO. A los participantes en la plenaria del Consejo Pontificio de los Emigrantes e Itinerantes. 24 mayo 2013.

[2] FRANCISCO. Ángelus – 27 marzo 2022.