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Lectio Divina: 2 de julio de 2026

Raúl Romero López
29 de junio de 2026

«Levántate, toma tu camilla y vete a tu casa»

1.- Introducción

Hoy, Señor, vengo a la oración para que me cures. Es un grave error el pensar que los milagros que tú realizaste en otro tiempo sólo se referían a aquellas personas que vivían en el siglo primero y entraron en relación contigo. Lo importante es el significado de aquellos acontecimientos que tendrían un valor perenne y permanente para todos los tiempos. Hoy soy yo el que quiero aprovecharme de aquel milagro. Hoy necesito que me cures mi parálisis espiritual.

2.- Lectura sosegada del evangelio Mateo 9, 1-8

Subiendo a la barca, pasó a la otra orilla y vino a su ciudad. En esto le trajeron un paralítico postrado en una camilla. Viendo Jesús la fe de ellos, dijo al paralítico: «¡Animo!, hijo, tus pecados te son perdonados». Pero he aquí que algunos escribas dijeron para sí: «Éste está blasfemando». Jesús, conociendo sus pensamientos, dijo: «¿Por qué pensáis mal en vuestros corazones? ¿Qué es más fácil, decir: «Tus pecados te son perdonados», o decir: «Levántate y anda»? Pues para que sepáis que el Hijo del hombre tiene en la tierra poder de perdonar pecados – dice entonces al paralítico: «Levántate, toma tu camilla y vete a tu casa»». Él se levantó y se fue a su casa. Y al ver esto, la gente temió y glorificó a Dios, que había dado tal poder a los hombres.

3.- Qué dice el texto bíblico. 

Meditación-reflexión

Ser curado de una enfermedad siempre es gratificante, como lo fue para este paralítico.  Naturalmente que ese hombre se sentía feliz de poder caminar. Ya no exigía más a Jesús. Pero Jesús, que nos conoce por dentro, sabe que tenemos en el corazón ataduras internas, parálisis del alma, que nos impiden ser felices. Por eso no se limita a otorgar al paralítico una curación meramente externa para poder moverse por este mundo y no depender ya de otros. Quiere liberar a este hombre de la parálisis interior, la que le impide caminar en el mundo del espíritu, en el mundo de Dios. Quiere liberarle del pecado como “alienación total”. Por eso se le acerca y le dice: “Tus pecados te son perdonados”.   La curación física del paralítico sólo es la señal y garantía del poder de Jesús para liberarnos a todos de la parálisis interior. Esta fuerza liberadora de Jesús se hace presente en el Sacramento del perdón. Jesús siempre lo vinculó a un banquete o a una fiesta. Debería ser el Sacramento de la alegría y nosotros, a veces, lo hemos convertido en el sacramento del miedo. Algo estamos haciendo mal cuando el Sacramento de la ternura lo hemos convertido en Sacramento de la tortura. Y aquello que debería ser una fiesta se ha convertido en fuente de tristeza y angustia. Urge resituar este sacramento en la perspectiva de Jesús.

Palabra del Papa

El Papa León XIV ha resaltado la acción liberadora de Jesús, que invita al hombre a levantarse, a abandonar su situación crónica, y a recoger su camilla. Esta camilla, ha explicado, representa su «pasado de enfermedad», su historia que hasta ese momento lo había «bloqueado». Ahora, destaca el Pontífice, el hombre puede cargarla y «llevarla a donde quiera: ¡puede decidir qué cosa hacer con su historia!». Esto, ha concluido, significa «caminar, asumiéndose la responsabilidad de escoger cual camino recorrer. ¡Y esto gracias a Jesús!».

Por último, León XIV ha finalizado su catequesis invitando a los fieles a pedir al Señor el «don de entender dónde se ha bloqueado nuestra vida», a dar voz a nuestro deseo de sanar y a rezar por todos aquellos que se sienten paralizados. De esta manera, ha exhortado a todos a «¡pedir regresar a vivir en el Corazón de Cristo, que es la verdadera casa de la misericordia!» (18-junio-2025).

4.- Qué me dice hoy a mí este texto ya meditado. (Guardo silencio)

5.- Propósito. Ir a la próxima confesión a sentir la ternura de Dios, mi Padre (Buscaré al confesor que me haga posible esta experiencia).

6.- Dios me ha hablado hoy a mí a través de su Palabra. Y ahora yo le respondo con mi oración.

Jesús, hoy he descubierto tu proyecto sobre el Sacramento del Perdón. De ninguna manera pensabas en angustiarnos y fastidiarnos; al contrario, sólo pensabas en aliviarnos, liberarnos, sacarnos de una religión de miedo y llevarnos a la religión del amor y de la ternura de Dios, nuestro Padre. Tú, Señor, siempre celebraste este sacramento en un contexto de banquete y de fiesta. Y es que para Ti no hay mejor fiesta que la de convencernos a todos nosotros que eres el Dios del amor, de la liberación, de la cercanía, de la alegría y la fiesta.

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