Hace unos días estábamos recordando el 40 aniversario del llamado “23F”. Los que tenemos cierta edad no podemos olvidar aquel día en que estuvo en juego, nada menos, que la paz en España. He oído a muchos recordar exactamente lo que estaban haciendo en el momento que oyeron por la radio la noticia del golpe de Estado que se estaba gestando en el Congreso de los Diputados, tal era la gravedad de lo que estaba ocurriendo.

El cuarenta es un número redondo por lo que este año se le dio mayor relieve en las noticias de todas las emisoras.

Pero, personalmente, me llamó mucho la atención una pequeña encuesta de esas que se hacen a pie de calle. Demostró que la mayoría de los jóvenes menores de treinta años no tenían ni idea de que era eso del 23F ¡Como es posible!

En mis tiempos de estudiante había una asignatura que se llamaba Historia de España, donde aprendíamos nuestro pasado, bueno y malo. Claro que en aquellos tiempos era un tanto sesgada porque se la contaba desde los vencedores de la guerra civil. Pero nuestra historia española nace muchísimo tiempo antes, donde los vencedores no tenían nada que decir.

Por lo que me pregunto ¿Es que ahora no existe esta asignatura? Y si existe ¿Es que no aparece en los libros? En mi opinión tuvo tanta importancia los sucesos del 23F y ha pasado el suficiente tiempo como para que esté en los textos de esta asignatura, ya desde la etapa de primaria, para que desde pequeños se sepa esa parte tan importante de nuestra historia. Si no lo conocen los jóvenes, solo puede ser porque no está.

Tampoco sería de extrañar si no estuviera, ya que tenemos diecisiete autonomías que pueden enseñar las materias según les parece mejor. Para mayor confusión llevamos no sé cuántas leyes de Educación desde que se instauró la Democracia, que llevan a maestros y alumnos de calle, como suele decirse.

La Historia de España es muy rica; ha habido personas que le han aportado mucho; otras no tanto, pero de todas se puede aprender. Ojalá supiéramos quedarnos con lo bueno y rechazar lo malo. Pero no siempre sucede así. Repetimos una y mil veces las mediocridades y las meteduras de pata, con lo que los pasos adelante que se puedan dar, llegan otros detrás que los desandan, y así estamos siempre en el mismo lugar.

Y es que no sabemos dialogar; solo sabemos gritarnos e insultarnos. Queremos tener siempre la razón y que todos comulguen con nuestras ideas. El que no está con nosotros está en contra nuestra. No sabemos aceptar y valorar las ideas de los que piensan distinto, sin pensar que quizá eso podría enriquecernos a todos y así mejorar el ambiente y, de paso, también a la sociedad.

Ojalá sepamos aprender de los errores. Nuestros y de los otros.