La tradicional romería del Quililay volvió a congregar este domingo a decenas de turiasonenses y vecinos del Moncayo, que un año más participaron en esta cita con más de cinco siglos de historia. Sin embargo, la edición de 2026 estuvo marcada por las altas temperaturas y la alerta por calor, que obligaron a introducir varios cambios en el desarrollo de la jornada.
La mañana comenzó con la habitual misa de romeros en la Catedral de Tarazona, antes de que los peregrinos emprendieran el camino hacia Agramonte. Allí se celebró este año la misa en honor a la Virgen del Moncayo, trasladada desde el Santuario para garantizar la seguridad de los asistentes, tras el reparto de migas en el que participó el vicario general, D. Javier Bernal. La eucaristía fue oficiada por el vicario general y se adelantó media hora respecto al horario tradicional para evitar las horas de mayor exposición al sol. La Coral Turiasonense y la Rondalla Los Amigos volvieron a entonar los cantos de la eucaristía.
A pesar de las circunstancias, la participación fue numerosa y el ambiente profundamente festivo y devocional. Los romeros quisieron mantener viva la tradición que recuerda la súplica de los agricultores en 1515, cuando pidieron lluvia ante una grave sequía y, según la tradición, fueron escuchados.
Este año, y por primera vez en décadas, no se llevó a cabo el tradicional reparto de judías, también suspendido por motivos de seguridad ante la ola de calor. La decisión fue acogida con comprensión por los asistentes, que valoraron la responsabilidad de la organización y la importancia de preservar la esencia de la romería sin poner en riesgo a los participantes.
A lo largo de la mañana, los peregrinos expresaron su devoción a la Virgen del Moncayo y su deseo de mantener viva esta tradición que forma parte del corazón espiritual y cultural de Tarazona. Aunque la celebración tuvo que adaptarse, el Quililay volvió a ser un encuentro de fe, comunidad y memoria compartida.










