La Iglesia celebra este domingo 10 de mayo la Pascua del Enfermo, una jornada especialmente dedicada a las personas que viven la enfermedad, la fragilidad o la soledad, así como a quienes las acompañan y cuidan cada día. En la archidiócesis de Zaragoza, muchas parroquias y comunidades celebrarán este día con la administración comunitaria del sacramento de la Unción de Enfermos.

La Pascua del Enfermo pone el broche final a la Campaña del Enfermo, que comenzó el pasado 11 de febrero, coincidiendo con la Jornada Mundial del Enfermo instaurada por san Juan Pablo II. «La campaña propia de la Pastoral de la Salud comienza el 11 de febrero (…) y termina precisamente este domingo, sexto domingo de Pascua, con la Pascua del Enfermo», explica Pilar Molina, delegada diocesana de Pastoral de la Salud en Zaragoza.
Molina subraya además que esta celebración tiene en España un carácter especialmente parroquial y comunitario: «Esta del domingo es más a nivel de parroquias, de hospitales, de residencias, y el centro es celebrarlo con la Unción de Enfermos».
«No es un sacramento de muertos, sino de vivos»
Uno de los aspectos sobre los que más insiste la Delegación de Pastoral de la Salud es en la necesidad de comprender adecuadamente el sentido de la Unción de Enfermos. «Arrastra mala fama», reconoce Pilar Molina, en referencia a la antigua asociación con la “extremaunción”. Sin embargo, recuerda que «no es un sacramento de muertos, es un sacramento de vivos. Y como tal, debemos celebrarlo».
En los últimos años, muchas parroquias han ido recuperando esta celebración comunitaria, ayudando a los fieles a descubrir el profundo valor espiritual y humano de este sacramento. «Es un momento muy emotivo en la parroquia, porque enfermos que salen muy poquito y que este día hacen el esfuerzo de acudir para estar con los demás miembros de la comunidad parroquial», explica Molina.
La delegada diocesana destaca también la importancia de que las familias acompañen a sus mayores o enfermos en esta celebración: «Lo importante es que la familia acompañe en este día también, porque los demás sacramentos acudimos a acompañar, y en este parece que solo era para el enfermo».
Una llamada al acompañamiento
Más allá de esta jornada concreta, la Pastoral de la Salud desarrolla durante todo el año una labor silenciosa de visita, escucha y acompañamiento en parroquias, hospitales y residencias. «Los enfermos los tenemos ahí todo el año», recuerda Pilar Molina.
En este sentido, la delegada hace también una llamada a reforzar los pequeños equipos parroquiales de acompañamiento: «Lo importante es que cada parroquia tenga su grupito, aunque sean dos personas, no importa, de personas que junto con un sacerdote visiten y acompañen».
Asimismo, quiso subrayar que este acompañamiento está abierto a cualquier persona que viva situaciones de soledad o fragilidad, independientemente de su práctica religiosa: «Desde la Pastoral de la Salud queremos acompañar a todo el que se sienta solo o frágil por su enfermedad. No vamos a imponer nada, sino simplemente acompañar, estar y escuchar».
La Delegación de Pastoral de la Salud mantiene además abierta la posibilidad de colaboración para quienes deseen ofrecerse como voluntarios en esta tarea de cercanía y acompañamiento.
