La palabra viviente que da vida

“Te amaba. Te amo. Te amaré. No es suficiente una carne para nacer. Hace falta también esta palabra. Viene de lejos. Viene del azul lejano de los cielos, se hunde en lo viviente, empapa lo viviente como un agua subterránea de amor puro”.[1]

                ES PASCUA. 50 días de celebración que comunica esperanza perdurable. Esperanza sobre roca. Aunque todos los males, todos los odios, todas las guerras e invasiones, todos nuestros egoísmos cerrados e insolidarios… sigan presentes y vivos, sembrando muertes, barbarie, destrucción, personas en la miseria, don nadies.

                ES PASCUA. Con acogida generosa a emigrantes y refugiados. Con compromisos permanentes de tantas personas sirvientes de los más pobres y olvidados. Con sonrisas y acogidas a ancianos solos o abandonados.

                La coincidencia, la casualidad o la Providencia me han regalado en estos días dos recordatorios muy bellos de la palabra viviente que da vida: el AMOR. Y quiero compartirlos con vosotros.

                El primero me llegó por WhatsApp. Un amigo me envía un artículo de Isidoro Berdié Bueno con el título de “El amor, nuestro ángel de la guarda.” Os ofrezco algunas frases:

“El amor es el oxigeno para la vida, reconfortante de todos los males y que explica la mayor parte de nuestras alegrías y de nuestras penas, tanto cuanto sobra como cuando falta, pero no sobra nunca. El entendimiento y goce de las cosas se adquiere a través del amor: la vida más pura, satisfactoria y universal. […] porque el amor siempre construye, mientras que el odio destruye. […] Convirtiéndose en nuestro incondicional ángel de la guarda. […] El amor no solo es una palabra, sino un acto de creación. […] Él te necesita y tú le necesitas a él. Es luz y fuente de vida. Del amor nacemos y con amor esperamos todos un día marchar. […] Es una asignatura que no se puede suspender. El amor supera a la belleza porque posee en silencio la gracia y la nobleza. Si hay amor, hay paz interior y esta nos predispone a la benevolencia. Si das amor, puedes salvar una vida, si das odio puedes causar la muerte; de hecho, es la causa desde el crimen pasional hasta la guerra. Por eso entre el uno y el otro siempre debe resultar vencedor el amor. Finalmente, coincidimos con Platón en que solo el amor nos puede llevar a alcanzar la idea suprema e infalible del bien”.

                El segundo regalo bello me llegó leyendo, en estos días, un artículo del mes de febrero. Es sobre el amor que Jesús (revelación del Rostro Amoroso del Padre) vive y derrama a su alrededor y sobre todos los seres humanos. ¡A gozar con la lectura de un fragmento!

“Habiendo amado a los suyos que estaban en el mundo, los amó hasta el extremo” (Jn 13,1)

Se trata de un amor

contante,

inquebrantable,

sin fisuras,

auténtico,

sincero,

honrado,

decidido,

intenso,

persistente,

absoluto

y para siempre.

Un amor inmenso

y lleno de afecto,

que sabe a sonrisa

y a mirada cálida,

a rostro iluminado,

completamente entregado,

satisfecho y relajado,

que nos hace sentirnos valiosos y queridos”.[2]

                Con estos dos amores, inseparables en la fe cristiana, nuestra vida llegará a ser plena, en la medida de lo posible en esta vida. El amor humano nos puede llevar a alcanzar la idea suprema e infalible del bien.

Y el amor de Dios creído y acogido nos hace sentirnos valiosos y queridos. Unidos los dos, llenan de sentido nuestras vidas y hacen este mundo más humano, más habitable.

                ES PASCUA. ¡Vive! ¡Ha resucitado! ¡Abre puertas! ¡Quita miedos! ¡No está entre los muertos! Decimos con verdad y repetimos con gozo. ES PASCUA PERMANENTE cuando probamos a vivir LA PALABRA VIVIENTE QUE DA VIDA. Y que nos viene de lejos, de cerca, de Jesús, del Padre, del Espíritu que vive en nosotros.


[1] Chistian Bobin. Citado por MARTA GARCIA FERNÁNDEZ, HNSC. “Mirad los lirios del campo” reflexiones en voz alta sobre la Providencia en la Biblia. Rev. Sal Terrae. N° 110 (2022), 121.

[2] MARTA GARCIA FERNÁNDEZ, HNSC. Ibidem.