La extensión del Covid-19 hasta convertirse en una pandemia que llega hasta la puerta de nuestra casa y las necesarias medidas de confinamiento que hemos de salvaguardar con responsabilidad está provocando un efecto llamativo en nuestra Iglesia. Siempre había oído decir que «la caridad es ordenada» y ahora, es estos tiempos convulsos, se puede añadir que «la caridad es creativa».
El mismo virus que ha puesto contra la pared a nuestra sociedad tan segura de sí misma, está estimulando muchas iniciativas que pueden recordar a la cercanía humana que se vivía -y se vive- en nuestros pueblos: vecinos que cuidan de vecinos, que vigilan si la chimenea humea o si se oye la radio. En la Iglesia, en la archidiócesis de Zaragoza, ocurre lo mismo y nuestras comunidades parroquiales y de vida consagrada, nuestras cofradías, nuestra Cáritas… están desarrollando la creatividad para servir a las personas en su integridad. Hoy queremos destacar dos de estas iniciativas:

La parroquia de San Andrés Apóstol, situada en el zaragozano barrio del Actur, ofrece un grupo de voluntarios a aquellos vecinos que no tengan a nadie cercano y se encuentren en una situación de riesgo, para hacerles la compra o cualquier otro recado imprescindible y así evitar que tengan que salir a la calle. Sencillamente, evitar el riesgo a mayores y enfermos. Y sin importar la fe que profesen o el modo de pensar y vivir.

La cofradía de la Institución de la Eucaristía, radicada en la parroquia del Perpetuo Socorro, plantea un servicio análogo: «Durante el estado de Alarma, sal de casa solo para lo imprescindible», escriben en su muro de Facebook, y para ello, desde su bolsa de caridad junto con la comunidad parroquial, se ofrecen para realizar la compra de los artículos de primera necesidad a las personas que lo necesiten (supermercado y farmacia), a todo el ámbito de la parroquia y a los miembros de la Cofradía. Por cierto, par evitar picarescas, «los voluntarios irán debidamente identificados y en todo momento se respetarán las medidas de seguridad e higiene».

Para ellos, y para todos los católicos, es una forma alternativa de vivir la Cuaresma, por ello piden a su «Cristo del Amor Fraterno, junto a nuestra madre la Virgen María, perpetuo socorro nuestro, que seamos capaces de mirar con otros ojos, desde otro punto de vista, a nuestros hermanos más necesitados».

Y que no miremos para otro lado.

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