La gente comía y bebía y se casaba…

Pedro Escartín
29 de noviembre de 2025

Un café con Jesús. Flash sobre el Evangelio del I Domingo de Adviento – (30 /11/2025)

Hoy el párroco nos ha advertido que de nuevo comienza el tiempo de Adviento y que, en este tiempo, se recuerda la primera venida del Hijo de Dios a nosotros y, a la vez, se espera su segunda venida al final de los tiempos. Pero no sabemos cuándo llegará el final de los tiempos y, mientras llega, pensamos que “largo me lo fiais” y aflojamos la tensión de la espera…

– ¿No pudiste dejarnos un rastro más preciso de tu segunda venida? -he dicho a Jesús frotándome las manos y comentando que ya tenemos encima el frío invernal-.

– ¿Es que necesitáis un rastro más preciso? -me ha respondido poniendo entre sus manos la taza de café para calentarlas-. Mi respuesta al deseo de los discípulos de saber el momento de mi segunda venida, fue bien clara: nadie lo sabe… sólo el Padre. Pero esta ignorancia no os ha de inquietar, porque una cosa es segura: que vendré de nuevo como vine la primera vez. ¿No volvéis a prepararos, con el Adviento, para celebrar mi primera venida? Pues, despertad del sueño, como recomendó el apóstol Pablo a los cristianos de Roma. Recuerda sus palabras en la segunda lectura de este domingo (Rom 13, 11-14): Ahora tenéis la salvación más cerca que cuando empezasteis a creer.

– Todo eso está muy bien -he insistido después de tomar sorbo de café-, pero, si conociéramos el momento de tu llegada, podríamos prepararnos. Al no saberlo, tendemos a distraernos y aflojar la tensión durante la espera.

– ¿Y si el Padre ha querido manteneros en la ignorancia de ese momento precisamente para que aumente en vosotros el deseo de que yo llegue? Los primeros cristianos decían muchas veces: ¡Ven, Señor Jesús! ¿Rezáis ahora así? -me ha dicho poniendo amigablemente su mano sobre mi brazo-. A propósito del momento de mi segunda venida, os he recordado en el Evangelio de hoy (Mt 24, 37-44) que los contemporáneos de Noe vivieron sin tomar en serio sus advertencias y el diluvio los arrastró por sorpresa. No os ocurra a vosotros lo mismo. El amo de la casa ha de estar prevenido precisamente porque no sabe cuándo llegará el ladrón. Lo mismo vosotros; estad preparados, «porque a la hora que menos penséis viene el Hijo del hombre».

– Pero, ¿no te preocupa que la incertidumbre nos tenga angustiados? -he replicado-.

– No hay motivo para la angustia. Si me amáis y deseáis vivir conmigo, pensad que vendré y os tranquilizaréis, aunque no sepáis cuándo llegaré. Vivid como el criado que espera que su señor regrese para abrirle y servirle en cuanto llame a la puerta, sea a la hora que sea -ha insistido fijando en mí su mirada-. Pero tengo la impresión de que os atrae más esa vida rastrera del mundo, que conduce a la corrupción y al olvido de los débiles, que la vida de los hijos de la luz.

– Ya has puesto tu dedo en mi llaga, y te lo agradezco porque así quieres curarla. También Pablo puso su dedo en la llaga de la vida disoluto de algunos cristianos de Roma al escribir en su carta: «Andemos como en pleno día, con dignidad. Nada de comilonas y borracheras, nada de lujuria y desenfreno, nada de riñas y envidias. Revestíos más bien del Señor Jesucristo». ¡Qué certera y actual es esta recomendación! Dios quiera que seamos capaces de tomarla en consideración durante este Adviento para ver si logramos vivir como hijos del Padre, de una vez por todas.

– Para esto mi Iglesia os propone cada año que celebréis mi nacimiento en vuestra carne -me ha dicho sonriendo-.

– Pero, desgraciadamente, lo venimos convirtiendo en un homenaje al consumo -me he lamentado, y a continuación he cogido mi bufanda y me he despedido hasta el próximo domingo-.

Lectura del santo Evangelio según san Mateo (24, 37-44)
En aquel tiempo dijo Jesús a sus discípulos: «Cuando venga el Hijo del hombre, pasará como en tiempo de Noé. En los días antes del diluvio, la gente comía y bebía, se casaban los hombres y las mujeres tomaban esposo, hasta el día en que Noé entró en el arca; y cuando menos lo esperaban llegó el diluvio y se los llevó a todos; lo mismo sucederá cuando venga el Hijo del hombre: dos hombres estarán en el campo, a uno se lo llevarán y a otro lo dejarán; dos mujeres estarán moliendo, a una se la llevarán y a otra la dejarán. Por tanto, estad en vela, porque no sabéis qué día vendrá vuestro Señor. Comprended que si supiera el dueño de casa a qué hora de la noche viene el ladrón, estaría en vela y no dejaría que abrieran un boquete en su casa. Por eso, estad también vosotros preparados, porque a la hora que menos penséis viene el Hijo del hombre».
Palabra del Señor.

Lectura de la carta del Apóstol san Pablo a los Romanos (13, 11-14)
Hermanos: comportaos reconociendo el momento en que vivís, pues ya es hora de despertaros del sueño, porque ahora la salvación está más cerca de nosotros que cuando abrazamos la fe. La noche está avanzada, el día está cerca: dejemos, pues, las obras de las tinieblas y pongámonos las armas de la luz. Andemos como en pleno día, con dignidad. Nada de comilonas y borracheras, nada de lujuria y desenfreno, nada de riñas y envidias. Revestíos más bien del Señor Jesucristo, y no deis pábulo a la carne siguiendo sus deseos.
Palabra de Dios.

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