«La esperanza es llegar a casa y ver cómo se les ilumina la cara a tus hijos cuando les dices que has encontrado un trabajo fijo»

Un año más, Cáritas nos invita a dar testimonio de la Buena Noticia de Jesús al resto de la comunidad cristiana y al conjunto de la sociedad, mostrando el trabajo que realizan como agentes de la Caridad. Allí donde nos necesitas es un mensaje directo a las personas vulnerables que tienen que saber dónde encontrarnos. Abrimos caminos de Esperanza es un mensaje para todas las personas, para animar la solidaridad y el compromiso con la transformación social. Desde Iglesia en Aragón hemos rastreado algunas historias que son ejemplo de este lema. 

Noura sonríe desde su puesto de trabajo en la cocina de la Residencia Santa Teresa, (Zaragoza)

La fiesta del Corpus Christi nos sitúa en el centro de la espiritualidad cristiana. A través de gestos y palabras, Jesús nos marca el camino. Como seguidores de Jesús, hoy se nos invita a actualizar este gesto en la vida diaria, haciéndonos caridad, pan que se parte y reparte entre nuestros hermanos y hermanas, especialmente los más pobres y vulnerables. Noura Boudair llegó a España en 2019 empujada por la desesperación. El menor de sus tres hijos, de 12, 10 y 7 años, nació con de espina bífida -una malformación congénita que lo tiene paralizado de cintura para abajo-. «La situación era muy penosa, puesto que no teníamos medios para atender a nuestro hijo como requiere su situación», nos dice en un castellano todavía rudimentario, pues apenas ha empezado ahora a ejercitarlo. «Las mujeres musulmanas empezamos a conocer el idioma y a integrarnos sólo si trabajamos», se disculpa. De hecho, su vida en un pueblo de Zaragoza, cuando llegó de Marruecos, estuvo plagada de dificultades. «Lo hemos pasado muy, muy, muy mal», nos dice. Afortunadamente, gracias a Cáritas, Noura pudo abrirse camino a través de las primeras ayudas que llegaron en forma de ayudas al alquiler, entre otras. «Estoy muy agradecida por todo lo que han hecho por nosotros, sobre todo por la oportunidad que me han dado ahora con un contrato indefinido». Desde agosto del año pasado, esta mujer de 44 años trabaja en la cocina de la Residencia Santa Teresa. «Ha sido un antes y un después en nuestra vida. Mis propios hijos lo notaron cuando les di la noticia. Se les iluminaron los ojos cuando les dije que tenía un contrato fijo», recuerda emocionada. Muchas cosas han cambiado desde entonces, pues ahora cuentan con unos ingresos fijos con los que afrontar los gastos que conlleva un hijo discapacitado. Pero además, Noura ha empezado a hablar con bastante fluidez en español, ha aprendido un oficio, ha conocido a otras personas y ha dado estabilidad a su vida. «No sólo es el dinero, también es aprender de una cultura, su lengua…», nos cuenta. Para ella, el acudir al mismo centro de trabajo a diario y compartir ese tiempo con otras personas es clave para la adaptación y la integración de la mujer magrebí. «Hay muchas mujeres que sólo van de la escuela a casa y de la casa a la escuela. Así es imposible integrarte. El idioma es fundamental además para moverte en otros ámbitos como el colegio o el centro de salud». 

Como la historia de Noura, son miles las historias que hay detrás de las cifras que estos días hemos visto reflejadas en los balances presentados por nuestras Cáritas Diocesanas. Como las más de 10.000 ayudas que se han tramitado en Zaragoza, casi la mitad para gastos derivados de la vivienda, como el alquiler o las facturas del gas; las 117 personas insertadas laboralmente en Teruel; los 20 sin techo que son atendidos al día en el Centro Fogaril de Huesca; o las 26 personas  con discapacidad atendidas en los pueblos de Cinca Medio y La Litera. En total, más de 20.000 personas que han sido atendidas y acompañadas en Aragón gracias a la solidaridad de quienes contribuyen con su dinero y, sobre todo,  gracias a los más de  2.000 voluntarios que hacen posible abrir estos caminos de esperanza.