La Cuaresma. Carta del obispo de Tarazona para el domingo, 15 de febrero

Vicente Rebollo Mozos
13 de febrero de 2026

Nos encontramos a las puertas de sentir de nuevo, con fuerza, la llamada de Dios para volver a su misericordia y su amor, comenzamos el tiempo de Cuaresma. El próximo miércoles es el inicio de estos cuarenta días de preparación para la Pascua, con la celebración del rito de la imposición de la ceniza y la eucaristía de ese día.

No lo dejemos pasar como una parte más del decurso del año litúrgico, es una oportunidad para nuestra renovación interior, para sentir la gracia de la reconciliación a la que el Señor nos invita especialmente en estos días. A ello nos ayudará una retirada personal e interior al desierto de nuestra alma, que es lugar donde nos encontramos directamente con Dios. Con palabras del profeta Oseas, “yo le llevaré al desierto y le hablaré al corazón” (2, 16).

Como Cristo en su experiencia de desierto, antes de comenzar su predicación, supo y pudo rechazar la tentación, desde la confianza en Dios, la fortaleza de la palabra, la austeridad del ayuno y la oración y, así descubrir que la fuerza del amor de Dios estaba con él, también nosotros somos llamados a fortalecer nuestra unión con Dios, nuestra disponibilidad para hacer su voluntad. Llamados a rechazar todo lo que nos aparta de Él, de los hermanos, de los pobres.

Esto tiene un nombre la conversión del corazón. La cuaresma no es una mera invitación a “reparar” lo que está mal, a “poner parches o quitar goteras”, nos llama una renovación profunda de nosotros mismos, desde dentro de nuestro corazón entendido como el motor de nuestra vida cristiana, de nuestros actos. No tengamos miedo, mejor veamoslo como una oportunidad, una muestra de que el Señor nos lo ofrece como un don. Puesto que la renovación interior cuanto más profundo sea más plenitud aporta a nuestra vida, la consecuencia es clara, si esta cuaresma se produce en nosotros, seremos mejores personas, mejores creyentes. Y así contribuiremos a la renovación de nuestra Iglesia y de la sociedad.

Para ello, debemos de tener muy en cuenta que el que el protagonista no somos nosotros sino Cristo. Cada uno de nosotros aportamos lo que somos, nuestra arcilla y Cristo a través del Espíritu, si le dejamos actuar, nos moldeará para volver a ser imagen y semejanza de Dios. Empapémonos del agua del Espíritu que habla a nuestro corazón, lleno de debilidades, miserias, indiferencias, egoísmos y, estemos dispuestos para que haga de nosotros esas vasijas llenas del amor de Dios, capaces de ayudar, de compartir, de dar amor a los demás. Así cada uno de nosotros seremos una fuente de bondad, de esperanza para las personas que están a nuestro lado.

Bello objetivo, apasionante tarea la que tenemos por delante. No ahorremos en esfuerzos, ni en interés por alcanzarlo. El próximo miércoles se nos va a recordar los principales medios que podemos usar para conseguir este fin, la oración, el ayuno y la limosna. Se nos va a ofrecer estos medios a través de celebraciones, retiros, charlas, invitaciones a la penitencia, Viacrucis, encuentros, renuncias por amor a Dios y para ayudar al otro. Muchas ocasiones para dejar que sintamos que Dios con su cercanía renueva nuestro corazón.

Feliz y santa cuaresma para todos.

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