El Monasterio de las Clarisas de Monzón acogió una nueva reunión del equipo de Tierra de Testigos que, con el obispo a la cabeza, trabaja en la dimensión martirial de esta diócesis. Por un lado, se actualizaron las líneas relacionadas con su difusión, como el concurso literario que ha cumplido ya tres ediciones o la página web martirial, que se presentará en los próximos meses. Así mismo, se estudiaron nuevos proyectos relacionados con el conocimiento de los ya beatificados y los incluidos en la causa abierta el 6 de noviembre de 2022.

La Comisión Histórica que preside el vicario general, Ángel Noguero, ha seguido trabajando en la compilación documental en total sintonía con el Tribunal para la toma de declaraciones. Este órgano está formado por el vice secretario-canciller de la diócesis, el sacerdote Paco Cabrero -que actúa como juez delegado-, la secretaria-canciller, Beatriz Mairal -como notaria-, y el vicario judicial, José Mairal, como promotor de justicia.

Hasta el momento, el Tribunal diocesano ha recogido 52 declaraciones presenciales sobre 28 siervos de Dios distintos, así como un testimonio escrito (no ante el tribunal) de un testigo ya fallecido. Todos los declarantes han coincidido de forma unánime en la fama de martirio de los incluidos en la causa: murieron por su fe. Esto supone un acicate para continuar la ingente tarea ingente que se centrará ahora en las declaraciones de cuarenta personas más. Tanto quienes ya han prestado testimonio como los que quedan pendientes son familiares o conocidos de los siervos de Dios, por lo que se afronta el reto de aumentar los testimonios.

El tiempo transcurrido, más de ochenta años, puede ser un hándicap y por eso se hace un llamamiento a cualquiera que pueda conocer algo relacionado con los 252 siervos de Dios, que tenga algún dato, fotografía, recordatorio de una misa… Pueden contactar en el 974 310 697, a través de vicariapastoral@diocesisbarbastromonzon.org o secretaria@diocesisbarbastromonzon.org, o con el sacerdote o animador. «Se lo debemos», recuerda don Ángel, para quien no hay duda de que «es un proyecto fundamental» y de justicia para la identidad diocesana.