Nuestro ecónomo diocesano, José Huerva, comparte cada semana la reflexión de la serie «Para comprender», sobre del sostenimiento de la Iglesia

La diócesis, como madre solícita, vela siempre por el bien integral de sus hijos diseminados en las diversas parroquias, movimientos, cofradías, asociaciones…, atendiendo a sus necesidades espirituales y materiales mediante los proyectos pastorales, caritativos y económicos, dotándolos de los medios necesarios para alcanzar sus fines. Esta labor se realiza principalmente a través de las parroquias y de las distintas delegaciones diocesanas. La estructura diocesana hace que llegue hasta el último rincón de la diócesis el servicio de la Palabra, las celebraciones litúrgicas y la acción caritativa, lo cual supone una estructura semejante a las comunicaciones ferroviarias: vías, catenarias y fluido eléctrico, para que sacerdotes, animadores de la comunidad y delegados pastorales puedan desarrollar su misión con la mayor facilidad y eficacia.

Es la administración diocesana la encargada de proveer los medios económicos necesarios para que esta misión se desarrolle con la mayor dignidad posible teniendo en cuenta el bien común, pues son muchas las parroquias pequeñas y con escasez de medios y pocas las parroquias grandes con más medios. Precisamente el mayor esfuerzo económico se realiza en la restauración de templos, la mayor parte en la zona de montaña, que es la más despoblada, alcanzando el 26% del presupuesto anual diocesano para este empeño.

Es un ejercicio de responsabilidad y de transparencia dar a conocer al conjunto de los diocesanos esta realidad para aplicar correctamente el principio de subsidiariedad (lo que puede realizarse por los propios medios en cada lugar para alcanzar sus fines) y sensibilizar a todos los fieles para colaborar con el Fondo Común Diocesano y en la Colecta de la Iglesia Diocesana como el mejor modo de realizar el principio evangélico de la comunicación de bienes.