Las experiencias de primer anuncio han abierto en muchas parroquias caminos de renovación y encuentro con Jesucristo. Sin embargo, la pregunta sigue siendo la misma: ¿qué ocurre después? ¿Cómo acompañar a quienes han dado sus primeros pasos en la fe para que puedan madurar como discípulos misioneros? A esta cuestión respondió José Antonio Cano durante las Jornadas de delegados de Primer Anuncio, Catequesis y Catecumenado organizadas por el Secretariado para la Evangelización de la Conferencia Episcopal Española bajo el lema «¿Y después del Primer Anuncio, qué?». En su ponencia, titulada Evangelización y Catecumenado en la Teología y la Historia, defendió la necesidad de recuperar la lógica catecumenal como camino ordinario de crecimiento en la vida cristiana.
Cano partió de una constatación compartida por muchas comunidades: «sabemos que hay cosas que no funcionan, pero cuando llega el curso siguiente hacemos lo mismo». Frente a esta dinámica, propuso dar un paso decidido hacia una pastoral que no se limite a organizar actividades, sino que acompañe procesos de conversión y maduración en la fe. El ponente recordó que el primer anuncio es solo el comienzo de un itinerario más amplio. «Nos hemos dado cuenta de que es necesario un proceso. Experiencia de primer anuncio, sí, pero dentro de un proceso», afirmó. De lo contrario, existe el riesgo de que algunas personas queden vinculadas únicamente a una experiencia concreta o incluso al método utilizado, sin avanzar hacia un encuentro cada vez más profundo con Jesucristo.
Los acontecimientos y actividades siguen siendo importantes, pero deben integrarse dentro de un itinerario que ayude a formar discípulos capaces de vivir y transmitir el Evangelio en medio del mundo
Según explicó, el catecumenado constituye precisamente ese camino de crecimiento progresivo. Un proceso que requiere tiempo, acompañamiento personal y comunitario, discernimiento, celebraciones que marquen las distintas etapas y una formación adecuada de quienes acompañan. Su finalidad última no es otra que ayudar a cada persona a descubrir el proyecto de Dios para su vida y responder a la llamada universal a la santidad.
La propuesta de Cano se apoya en el Directorio para la Catequesis, que presenta la iniciación cristiana como un itinerario que conduce al encuentro personal con Cristo a través de la Palabra de Dios, la liturgia y la caridad. En este sentido, insistió en que la evangelización no puede reducirse a la transmisión de contenidos, sino que debe favorecer una auténtica experiencia de fe.
La recuperación de la dimensión catecumenal, añadió, puede convertirse además en un instrumento privilegiado para la renovación de las parroquias. «Pasar de una pastoral de eventos a una pastoral de procesos» fue una de las expresiones más repetidas de su intervención. Los acontecimientos y actividades siguen siendo importantes, pero deben integrarse dentro de un itinerario que ayude a formar discípulos capaces de vivir y transmitir el Evangelio en medio del mundo.
Para ello, subrayó la importancia de crear equipos evangelizadores, formar acompañantes y cultivar una verdadera cultura del encuentro. Todo ello sostenido por la oración y por la acción del Espíritu Santo, «auténtico protagonista» de toda tarea evangelizadora.
La ponencia concluyó con una invitación a la esperanza y a la audacia pastoral. «Es difícil, pero no vale decir que no se puede», afirmó. Porque la renovación misionera de las comunidades cristianas pasa, precisamente, por ayudar a que el primer anuncio desemboque en un verdadero camino de discipulado.