Jornada de la Sagrada Familia, 31 de diciembre

El próximo 31 de diciembre se celebra la Jornada de la Sagrada Familia con el lema “Familia, portadora de la Buena Noticia”.

En un mundo de pluralidad es importante transmitir un mensaje donde el modelo de familia cristiana tenga su espacio y en el que sea referente donde se pueda mirar la sociedad para descubrir que hay una forma de vivir en el que la entrega, la ayuda mutua, la paciencia, el diálogo, la comprensión, la fidelidad, la sinceridad sean las bases y fundamentos de ella, donde el amor pueda con los contratiempos, donde se busca y se alegra con el bien del otro o los otros, donde se es capaz de perdonar y donde ,día a día, se pone esfuerzo y voluntad para que así sea. Un estilo de vida que, en definitiva, es poner el amor que Dios nos manifiesta en medio de la familia, al igual que lo hicieron José y María al acoger a Jesús en medio de sus vidas.

Este año el día de la Jornada de la Sagrada Familia cae el 31 de diciembre, por lo que consideramos que es complicado realizar todos juntos la Eucaristía y el Festival de villancicos como en años anteriores; pero no por ello vamos a dejar de celebrarlo, por lo que os animamos a que ese domingo participemos y nos hagamos presentes, de forma especial, las familias en la celebración dominical.

Nuestros mejores deseos para este tiempo de ilusión, esperanza y alegría renovada como es la Navidad.

Pastoral de Familia y Vida.


La Subcomisión Episcopal para la Familia y la Defensa de la Vida es la encargada de elaborar los materiales para este día, que incluyen un folleto para orar en familia esta Navidad.

Materiales de la Jornada por la Vida

¿Qué dicen los obispos?

Los obispos invitan en esta Jornada a contemplar a san José y a la Virgen María como modelo de acogida de Jesucristo, el Verbo de Dios encarnado.

En primer lugar recuerdan en el mensaje que “las familias cristianas encuentran en la Sagrada Familia el ejemplo que seguir, así como un sólido punto de referencia y una firme inspiración”. Esto implica como tarea prioritaria que Jesucristo sea el centro de cada familia.

Por ello, los obispos indican que es importante que esta realidad “sea experimentada en la cotidianeidad ya que, por una parte, la familia real y concreta es el lugar donde se encuentra la presencia del Señor, que acompaña todos los momentos de sufrimientos, gozos y esfuerzos diarios, y, por otra, vivir una comunión familiar de manera plena es un auténtico itinerario hacia la santificación en la vida cotidiana”.

La familia cristiana, respuesta a la sociedad actual

En el mensaje los prelados de la Subcomisión Episcopal para la Familia y Defensa de la Vida explican que uno de los mayores males que afectan a nuestra sociedad es el individualismo exasperado, que nos lleva a idolatrar el propio ego. Y de ello surge la soledad y tantas formas de pobrezas afectivas, consecuencia de aislamientos y rupturas y la ausencia de verdadero diálogo y compañía.

Por el contrario, apuntan que “la vivencia de la comunión familiar es un verdadero antídoto contra este mal tan característico de nuestro tiempo, ya que «la familia, fundada y vivificada por el amor, es una comunidad de personas: del hombre y de la mujer esposos, de los padres y de los hijos, de los parientes. Su primer cometido es el de vivir fielmente la realidad de la comunión con el empeño constante de desarrollar una auténtica comunidad de personas”.

La alegría cristiana se debe contagiar

En este sentido, subrayan que la familia cristiana es una respuesta a la sociedad actual. “Ser conscientes de esta verdad tiene que impulsarnos a mostrar de manera renovada el gran tesoro que es la familia cristiana, precisamente en el contexto de este mundo individualista”.

Este testimonio, apunta el mensaje, debe estar marcado por la más profunda alegría porque la familia es portadora de la mejor de las noticias: la salvación que ha venido a traernos Jesucristo. Y esta alegría se debe contagiar a todo el mundo. Y cuando una familia comparte la alegría que viene de Dios es naturalmente misionera. Esta llamada a la misión brota del sacramento del bautismo y del sacramento del matrimonio.

Por tanto, hemos de ayudar a todos a descubrir esta llamada. Cada persona debe cuidar a la familia. Este cuidado implica el anuncio y la vivencia del Evangelio en el seno de cada familia. En ella se aprende el Evangelio y se irradia. Estas actitudes no solo son un bien para la Iglesia sino para toda la sociedad, constatan los obispos en su mensaje de este año.