Ángel Lorente Lorente (Zaragoza, 1955). Delegado episcopal para la Aplicación y Seguimiento del Plan Diocesano de Pastoral. Casado, padre de familia. Profesor e inspector de educación, recientemente jubilado. Ha vivido siempre su fe en el campo de la educación, del trabajo, del sindicalismo y de la familia. Estudiante en el CRETA. Hombre de Acción Católica (HOAC), servidor de la comunidad y de la Iglesia diocesana. Hablamos con él, sobre la nueva exhortación del papa Francisco.

Gaudete et exaltate… He empezado a leerla y estoy sorprendido. Es una llamada a la santidad desde lo cotidiano, los pequeños gestos, buscando cada uno su propio camino, con oración, con discernimiento y evitando el dualismo entre espiritualidad y compromiso. Me llama la atención que en la puerta de al lado pueda haber un santo y no seamos capaces de descubrirlo.

¿Qué tiene que ver esto con tu vida? ¿La ha iluminado? He sentido la llamada a seguir a Jesucristo, desde la fidelidad a los pobres, siendo para mí la Hermandad Obrera de Acción Católica (HOAC) una mediación eclesial que me ha hecho descubrir esta doble fidelidad, Dios y los hermanos, los trabajadores, haciendo compatible la espiritualidad, el compromiso y la formación. En la HOAC he conocido verdaderos santos, no solo Guillermo Rovirosa, sino militantes de Zaragoza, unos en la casa del Padre, otros, todavía en este mundo.

Y ¿con el Plan Pastoral? Creo que las respuestas pastorales, los objetivos y las líneas de acción pueden ser un camino para vivir la santidad. Hacer una pastoral misionera, preocupada por las personas y sus situaciones, edificar una Iglesia de puertas abiertas, encontrarnos personalmente con Dios, cultivar la dimensión social y caritativa o revitalizar las comunidades cristianas son objetivos de toda la diócesis, que nos abren puertas para vivir la santidad concreta, en el día a día, dentro y fuera de nuestra Iglesia.

¿Dentro y fuera de nuestra Iglesia? Dentro de nuestra Iglesia, porque se nos invita a ser discípulos misioneros, a encontrarnos directamente con Jesucristo, a ‘aprojimarnos’ con los que sufren. El Papa nos dice en ‘Gaudete’ que para ser santos la Iglesia nos ofrece todos sus medios -Palabra, sacramentos, oración, misión-. Y fuera de la Iglesia, porque con ‘Evangelii Gaudium’ se nos invitó a vivir una espiritualidad de misión, de hacer un primer anuncio, de luchar por el bien común y la justicia, con creyentes y no creyentes. En definitiva, anunciar el Evangelio como buena y alegre noticia en una sociedad plural, laica, un tanto materialista, pero también con muchos signos de esperanza, que son semillas del Reinado de Dios.

¿Cuáles son estos signos? Creo que son signos de los tiempos la lucha por la justicia, la defensa de la ecología y del medio ambiente, el énfasis de igualdad entre hombre y mujer, el voluntariado, el pacifismo. Además creo que hay buenas personas en todos momentos y lugares, aunque no sean creyentes. Lo dice Francisco: todos estamos llamados a la santidad y Dios está con quien quiere, no quien con nosotros queremos. En esto desborda nuestros ‘capillismos’ eclesiales y nuestros ‘sectarismos’ personales -también lo digo por mí-, cuando clasificamos a las personas.

¿Cómo puede ser la espiritualidad de una mujer, de un hombre, en Aragón, en el siglos XXI? El Papa en ‘Gaudete’ no dice muchas cosas nuevas, pero me gusta el lenguaje, los ejemplos que pone, las llamadas, las insistencias para vivir una espiritualidad encarnada en la realidad, que es la espiritualidad de todo cristianos, pero, en particular, la de los laicos: ser cristiano en la familia, en el trabajo, en el ocio, con los vecinos, en el asociacionismo social y político. En este sentido, la espiritualidad laical es algo diferente a la de los religiosos o los sacerdotes: los laicos somos la iglesia en el mundo. Es muy importante ser catequista, voluntario de Cáritas, celebrar la Palabra en un pueblo en el que colaboras, pero lo específico de los laicos, su vocación es estar presentes en esas realidades temporales, sin descuidar su corresponsabilidad eclesial.

Dios… Me encuentro con él en la escucha de la Palabra, en la eucaristía, en el prójimo, en mi familia, en el trabajo y, en particular, en los acontecimientos que han jalonado mi vida. Me considero muy afortunado de ser creyente y de disfrutar de un Dios Padre que nos quiere, que nos acompaña todos los días de nuestra vida, que comprende nuestras debilidades y que siempre me está esperando. Yo creo que sin él no puedo hacer nada, pero como soy pecador, algunas veces no cuento con él. Nos miramos al ombligo, somos egocéntricos, pero él siempre nos perdona.

¿Cómo ves el futuro de la Iglesia en las diócesis aragonesas? Lo veo con esperanza, siendo consciente de que nuestra sociedad ha cambiado mucho, pero que necesita que le ofrezcamos la alegría del Evangelio. Nuestro Plan de Pastoral pone el acento en una serie de objetivos y acciones para evangelizar más y mejor, con un horizonte común para toda la Iglesia diocesana. Sigue siendo un reto que todos los bautizados, todas las parroquias y unidades pastorales, el que  vivamos una pastoral de conjunto. Creo que se va avanzando, pero nos cuesta vivir la comunión, la corresponsabilidad, y tener un sentido misionero.

¿Unidades pastorales? Son una oportunidad para avanzar en comunión eclesial y en misión evangelizadora. No se trata solo de una redistribución del clero o de equipos de laicos. Es un reto, contamos con estructuras formales que favorecen la coordinación y la comunión, pero todavía tenemos una mentalidad muy individualista a la hora de trabajar e, incluso me atrevo a decir, a la de vivir la fe. Francisco, en ‘Gaudete’ nos llama a vivir la fe, a ser santos en familia, en comunión.


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El arzobispo de Zaragoza presenta ‘Gaudete et exsultate’

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