En medio de leones me siento seguro, cobijado bajo tus alas

SALMO 57

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2 Misericordia, Dios mío, misericordia,

que mi alma se refugia en ti;

me refugio a la sombra de tus alas

mientras pasa la calamidad.

3 Invoco al Dios Altísimo,

al Dios que hace tanto por mí.

4 Desde el cielo me enviará la salvación,

confundirá a los que ansían matarme,

enviará su gracia y su lealtad.

5 Estoy echado entre leones

devoradores de hombres;

sus dientes son lanzas y flechas,

su lengua es una espada afilada.

6 Elévate sobre el cielo, Dios mío,

y llene la tierra tu gloria.

7 Han tendido una red a mis pasos,

para que sucumbiera;

me han cavado delante una fosa,

pero han caído en ella.

8 Mi corazón está firme, Dios mío,

mi corazón está firme.

Voy a cantar y a tocar:

9 despierta, gloria mía;

despertad, cítara y arpa,

despertaré a la aurora.

10 Te daré gracias ante los pueblos, Señor,

tocaré para ti ante las naciones:

11 por tu bondad que es más grande que los cielos,

por tu fidelidad que alcanza a las nubes.

12 Elévate sobre el cielo, Dios mío,

y llene la tierra tu gloria.

“En Yahvé me cobijo”

 

INTRODUCCIÓN

 Una serie de pequeños detalles aproximan este salmo al anterior:

  • idéntico modo de comenzar: misericordia,
  • súplica individual,
  • el mismo ambiente litúrgico.

Todo ello nos podría hacer pensar que el salterio recoge en estos salmos (53-58) alguna pequeña colección de salmos empleados en las celebraciones litúrgicas de acción de gracias. Este salmo concreto suena a Miserere y Eucaristía. Miserere porque implora la misericordia de Dios y Eucaristía porque da gracias al Señor por los beneficios obtenidos.

El salmo alude a la oración de la mañana, cuando el cuerpo y el espíritu están descansados, cuando reina en el ambiente un remanso de silencio y de paz. Y cuando la misma naturaleza nos invita a una frescura paradisíaca. El estribillo que aparece en los v. 6 y 12 interrumpe la descripción de la situación y cierra el salmo.

 

REFLEXIÓN-EXPLICACIÓN DEL MENSAJE PRINCIPAL DEL SALMO

 Las alas de Dios me cobijan. (V.2)

El salmo comienza con un grito de angustia. Es esa angustia existencial del que se siente pequeño, inseguro, limitado, frágil.  El salmista busca asilo en el Santuario. Es una posible referencia al Templo y a su derecho de asilo. No olvidemos que unos querubines cubrían el arca con sus alas. Por otra parte es una imagen conocida en la Biblia: “Como águila que revolotea sobre el nido y anima a sus polluelos a volar, así el Señor extendió sus alas y, tomándolos, los llevó a cuestas” (Dtn 32, 11). “La sombra de las alas es una visión cotidiana del hombre próximo a la naturaleza: pequeñas cabecitas en el borde de un nido, bajo las plumas; un grupo de pequeños patitos con las alas desplegadas que llaman… es casi una sensación de la fe” (Brillet).El mismo Jesús alude a esta imagen al hablar de Jerusalén: ¡Cuántas veces te he querido cobijar como la gallina a sus polluelos y no has querido!… Aquí parece que la fe consiste precisamente en eso: en dejarse cobijar bajo las alas de Dios y la no-fe el rechazar ese cobijo.

 

Un Dios tan alto se preocupa de  mí tan pequeñito. (v.3)

El Dios Altísimo no significa lejanía, sino contraste. Este Dios que es tan importante y está tan encumbrado es el que baja a protegerme. Una anécdota rabínica nos cuenta: “Dios envió una araña para tejer una tela y ocultar a David en la cueva”. “Al Dios que tanto hace por mí”. Es bueno recordar al Dios de cada día, al que cada día nos abruma de beneficios, nos cerca con su bondad. Lo que Dios ha hecho a través de toda la vida por nosotros eso es algo que sólo Dios y cada uno de nosotros conocemos.

 

Con una buena escolta, uno se siente seguro. (v.4)

 La escolta de Dios, la que nos acompaña durante toda la vida es “su bondad y su lealtad”. O lo que es lo mismo: ese amor derrochador de Dios que nunca falla. Él es fiel. Y San Pablo nos dice a propósito de Jesús: “Sé bien de quien me he fiado” (2 Tim. 1,1).

 

El hombre que usa su inteligencia para el mal es peor que las fieras (v,5)

El salmista describe su crítica situación con la imagen frecuente de unos leones. En la boca exhiben una lengua no carnosa, sino afilada como una espada, y unos dientes que son lanzas y saetas. Destrozan, descuartizan, consumen. “El hombre es un lobo para el hombre “La frase fue enunciada por  Plauto, escritor y comediógrafo Romano, dentro de su obra «Asinaria». Lamentablemente esta frase sigue presente en la actualidad.

A pesar de todo, el salmista vive tranquilo. Rescatamos unas bellas palabras de un libro del Qumrán: “Tú no me has abandonado en medio de los leones que muerden los huesos y chupan la sangre… Tú has cerrado la boca de los leones cuyos dientes eran como espadas… Tú has amordazado sus dientes de modo que no pueden despedazar el alma…. Has metido su lengua como una espada en la vaina”.

 

Me va a juzgar Dios y no los hombres. ¡Qué alivio! (v.6)

Aquí en este estribillo aparece Dios como un juez, puesto en pie en el cielo, para dictar sentencia justa. Y al levantarse, toda la tierra se llena de gloria como se llena de luz cuando se levanta el sol.

Notemos que gloria en hebreo es el peso de un ser, su valor. Cuando Dios se levanta, toda la tierra se postra en adoración ante su poder, su majestad. Nos va a juzgar  Dios. ¡Menos mal! Sería terrible que nos juzgaran los hombres.  Y nos va a juzgar como juzgó Jesús a la mujer adúltera. No para humillarnos sino para levantarnos

 

“Despertaré a la misma aurora” 8-9.

Frente a los enemigos que caen en la fosa, él está firme, decidido, animoso. Su firmeza nace de la confianza en Dios. Ahora se convierte en el gran despertador. Tiene que despertar a su propia alma, debe sacudir su sueño él, el primero que debe estar bien despierto. Después debe despertar a los instrumentos musicales a quienes personifica. Deben haber quedado dormidos. “Cuánta nota dormía en sus cuerdas, como el pájaro duerme en la rama” (Bécquer).

Estos instrumentos, como señal de duelo, se habían dormido. Ahora vuelven a sonar. Finalmente tiene que despertar a la madrugadora aurora. Le sobra noche. Le falta día para iniciar la alabanza. Visión grandiosa que personifica a los instrumentos musicales como si fueran miembros de un coro y a la aurora como personaje celeste que puede adelantar su cita. Y es el hombre el despertador y el cantor de la naturaleza que está expectante para unirse en alabanza al Creador.

 

“Te daré gracias ante los pueblos, Señor, tocaré para ti ante las naciones” (v.10)

La acción de gracias es un acto público que proclama a Dios, más allá de los límites del pueblo escogido. Es Yavé el verdadero rey de todos los pueblos.

 

Sólo Dios es grande y merece toda nuestra alabanza. (v. 11).

¿Quién es bastante grande para abarcar el cielo? ¿Y quién bastante grande para abrazar la tierra? El salmista tiene dentro de sí una alabanza y una gratitud que le rebasa, le estalla… Quiere comunicarla incluso a los seres inanimados. Aprendamos, con el salmista, a ser agradecidos con Dios. Toda nuestra vida está hilvanada de favores, tejida de beneficios divinos y nuestro ser es un recipiente vacío y profundo donde Dios vierte incesantemente sus gracias. Nuestro agradecimiento debe ser intenso y constante. Este salmo nos marca ya la dirección del verdadero creyente.

Para nosotros los cristianos, la fe en Jesús es algo más que el cumplimiento de leyes y normas. Es confiar en Él, abandonarnos a Él en cualquier momento y circunstancia de la vida.  “Yo os aseguro que vosotros lloraréis y estaréis tristes, mientras que la gente del mundo se alegrará. Sin embargo, aunque estéis  tristes, vuestra tristeza se convertirá en alegría” (Jn 16, 20).

En cada una de nuestras victorias, debemos entonar un himno de gratitud a quien nos ha ayudado a conseguirlas, a quien acrecienta nuestra fe, esperanza y caridad e instaura su reino sobre la tierra. A la fidelidad de Dios a través de nuestra vida responderemos con una fe sostenida y mantenida hasta el final.

 

TRASPOSICIÓN CRISTIANA

 

  1. Jerónimo: “Mi alma durmió en medio de leones feroces. Tan tranquilo estaba que dormía cuando quería”.

 

Quinchi: “Yo despertaré a la aurora. No la aurora a mí”.

 

San Bernardo: “Toda la estancia de Cristo en la tierra fue una aurora… hasta que el sol se acostó para levantarse de nuevo y despejar la aurora con el resplandor de una nueva luz… De la Resurrección recibió el sol un esplendor nuevo, una luz más serena… Entonces el sol se alzó sobre el cielo, difundió sus rayos sobre la tierra”.

 

José Bortolini: “Se compara a Dios con un águila de alas protectoras, abrigo de cuantos buscan refugio. Es un detalle del rostro materno de Dios. Las alas recuerdan el Arca de la Alianza instalada en el Templo de Jerusalén. En su parte superior había dos querubines que la cubrían con sus alas. Era el signo de la presencia de Dios en medio del camino de su pueblo”.

 

ACTUALIZACIÓN

Todas las mañanas nos levantamos con alguna noticia  que nos  horroriza. El hombre sigue siendo lobo para otro hombre.  Así lo expresa        Wenceslao Mohedas Ramos:

 

A pesar del brillante escaparate
con que el hombre reviste su bajeza,
se presienten detrás de su corteza
los impulsos primarios del primate.

Aunque se infle de orgullo y se remate
con un halo honorable de grandeza,
una bestia será si, en su cabeza,
no relumbra una luz que lo rescate.

«Racional» se apellida si razona…
y «animal», así a secas, es su nombre
si no alcanza la talla de persona.

Matará por matar…Nadie se asombre
si sus artes de muerte perfecciona

porque el hombre es un lobo para el hombre

 

PREGUNTAS

 

  1. ¿Vivo sereno y tranquilo sabiéndome amado de Dios?

 

  1. ¿Sé fiarme de las personas de mi comunidad o del grupo con quien comparto mi fe?

 

  1. Ante tanta gente insegura que camina sin saber adónde va, ¿sé infundir, desde mi experiencia, seguridad, sosiego, alegría y paz?

 

ORACIÓN

 “Me refugio a la sombra de tus alas”

Señor, cada día que pasa me siento más limitado, más débil, más frágil. Tú me hiciste de barro. Por eso me rompo a cada paso. Pero, al mismo tiempo que palpo y experimento mi fragilidad siento que una fuerza interior me sostiene. Es tu soplo. Es tu espíritu. Yo quiero vivir y crecer a la sombra de tu Espíritu. Como vivió tu madre María. Como la gallina protege y cobija a sus polluelos así yo quiero estar siempre protegido por Ti, cobijado en tu infinito amor.

 

“Invoco a Dios que hace tanto por mi”

Quisiera, Señor, tener los mismos sentimientos de gratitud que tenía el salmista. Él es consciente de todo lo que has hecho por él; por eso te alaba, te invoca, te agradece.

Repaso mi vida, mi pequeña historia. Toda ella está tejida de favores y de gracias. Toda ella está hilvanada de tu amor. Me pregunto: ¿quién soy yo sin Ti? ¿Qué queda en mí si tú, Señor, retiras de mi vida tu presencia? Gracias por haber hecho tantas y tan maravillosas cosas en mí.

 

“Tu bondad es más grande que los cielo”

Los cielos son altos, anchos, inmensos. No los puedo abarcar. Así de grande e infinita es tu bondad. Hazme comprender, Señor que tu amor es incomprensible: me supera, me rebasa. Dame esa capacidad de admiración que has puesto en los niños para quedar asombrado, sobrecogido ante la inmensidad de tu amor.

En la vida, Señor, hay días oscuros, momentos difíciles en los que uno comienza a dudar de todo. Que en esos momentos jamás dude de la grandeza de tu amor.

 

“Tu fidelidad alcance a las nubes”

Qué bonito es en la vida el poder fiarse de las personas. Mucho más bonito el poder fiarse de Dios. Un amigo tuyo, Pablo, dijo en cierta ocasión: “yo sé de quien me fío”. Y jamás se sintió defraudado por Ti.

Haz que yo sepa confiarme en Ti como se confía la palmera al viento, y el esposo fiel a su esposa enamorada.