El obispo de Barbastro-Monzón anima a los jóvenes de Ontiñena a «dejar huella» y transformar su entorno

Ascen Lardiés
27 de octubre de 2026

Ontiñena acogió el sábado 24 de octubre una emotiva celebración litúrgica en la que cinco jóvenes de la localidad —Noa, Vega, Claudia, Rodrigo y Nicolás— recibieron el sacramento de la confirmación. La eucaristía, presidida por el obispo de la Diócesis de Barbastro-Monzón, Mons. Ángel Javier Pérez Pueyo, estuvo concelebrada por el párroco, Henri Agudelo, y contó con la presencia de familiares, padrinos, catequistas y vecinos de la comunidad.

Bajo el lema central «No habéis nacido para pasar por la vida, sino para dejar huella», el obispo interpeló a los jóvenes sobre qué tipo de personas desean ser en el futuro, subrayando que lo esencial no radica en el éxito material, sino en la capacidad de amar y entregarse al prójimo: «Podéis tener muchas cosas y sentiros vacíos, o tener muy pocas y hacer inmensamente felices a los demás».

Un compromiso frente a las pantallas y el acoso escolar
Don Ángel abordó en la homilía situaciones cotidianas a las que se enfrenta la juventud de hoy, como la presión de las redes sociales y el acoso escolar. En este sentido, invitó a los cinco confirmandos a no quedarse como simples espectadores ante el sufrimiento ajeno ni en las redes ni en la vida real: «¿Qué haríais si en vuestro grupo de WhatsApp empiezan a burlarse de una compañera? Ahí se demuestra si somos cristianos. Porque la fe no se mide por las palabras que pronunciamos en la iglesia, sino por el amor que ponemos en nuestras decisiones».

Asimismo, advirtió contra el vacío que pueden generar los algoritmos y la búsqueda constante de aprobación: «Podéis tener miles de seguidores y sentiros solos. Recibir cientos de “me gusta” y no gustaros a vosotros mismos. Pero Dios os dice algo infinitamente más valioso que cualquier “like”: Te quiero como eres».

Frente a la aparente pequeñez del número de confirmandos, Mons. Pérez Pueyo remarcó el impacto que cada uno puede tener en su entorno: «Cinco jóvenes capaces de amar pueden transformar una familia, un grupo de amigos, una parroquia y hasta un pueblo entero. Ontiñena necesita vuestra alegría, creatividad, generosidad y fe». Igualmente, les recordó que la confirmación no es «un diploma para guardar en un cajón», sino el impulso del Espíritu Santo para ponerse en camino y mantener viva su presencia en la Iglesia.

La celebración concluyó con la unción con el santo crisma y un mensaje final resumido en tres consignas: «¡Amad sin calcular, servid sin esperar recompensa y brillad sin apagar la luz de nadie!», felicitando a toda la comunidad parroquial por acompañar a los jóvenes en este paso de madurez en la fe.

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