El pasado lunes, dos representantes del equipo de nuestra Pastoral Juvenil Vocacional de Barbastro-Monzón recogieron en Madrid el premio Carisma de la Conferencia Española de Religiosos, concedido a las Noches Claras. Como señaló el presidente de CONFER, fray Jesús Díaz Sariego, en referencia a esta iniciativa, «no podemos ignorar la búsqueda de la luz en las noches oscuras de tantos y tantos jóvenes que sufren y buscan el sentido de sus vidas. Quisieran desarrollar sus talentos y no pueden hacerlo al ver un futuro más bien oscuro para ellos.»

Sonia Orús fue la encargada de recoger el galardón en nombre de toda la diócesis, con una sentida y elogiada intervención: «Un sueño que comenzó hace ocho años en una diócesis periférica, envejecida y dispersa. que simplemente consiste en facilitar el encuentro personal del Señor con cada uno, especialmente con los jóvenes. Nuestra diócesis observa con impotencia a todos los jóvenes que se pierden, que no encuentran el camino de la felicidad. Esa preocupación nos llevo a plantearnos: ¿Qué teníamos para ofrecerles? La respuesta es clara: simplemente a Jesús. Ese encuentro intimo que tratamos de promover un viernes al mes, se ha convertido en un momento de bálsamo, un momento para dejarnos curar por Cristo y salir reforzados para convertirnos en verdaderos discípulos del Señor, en Apóstoles de Calle. El Espíritu Santo, que es aquel que suscita en cada uno el sentimiento de búsqueda, revoletea siempre a nuestro alrededor, revoloteó hace 8 años en la tierra martirial que es Barbastro-Monzón y lo sigue haciendo hoy, suscitando en el grupo de PJV de nuestra diócesis ganas de continuar poniendo nuestros pies en las huellas marcadas por el Señor en la tierra. Hay que agradecer a todos los jóvenes que os habéis acercado a vuestras noches claras, a las hermanas clarisas de Monzón, a todos los que camináis en Barbastro Monzón, a nuestro Obispo, al grupo musical Shemá, a los que están, a los que han estado y a los que estarán.»

Esos encuentros, que se siguen celebrando un viernes al mes, comenzaron a materializarse en el monasterio de Santa Clara de Monzón como una obra coral del equipo de Pastoral Juvenil Vocacional. A lo largo de estos siete años, la convocatoria ha sorteado momentos difíciles, como la pandemia, aliándose con la virtualidad y ganando entonces un público internacional; ahora, en su fórmula original, también se acercan personas de mayor edad. Las Noches Claras han viajado por los arciprestazgos y se han unido a otras áreas e iniciativas pastorales, como la delegación de Misiones o, recientemente, la dimensión martirial de la Diócesis. Lo que no ha cambiado es su esencia como espacio pensado de encuentro con uno mismo y con el Señor, y para animarse a vivir un compromiso con los demás y para los demás.