Nueva entrega de la serie Para comprender, que firma nuestro ecónomo diocesano, José Huerva.

Todos los bienes de la Iglesia están al servicio de su triple finalidad: la celebración litúrgica, la acción caritativa y el anuncio de la Palabra, en sus diversas dimensiones. Y entre ellas ocupa un lugar muy relevante el Patrimonio Artístico y Cultural, siguiendo la máxima de la escolástica medieval: “Verum, bonum, et pulchrum unum convertuntur”: la Verdad, la Bondad y la Belleza tiene un mismo origen, que reflejan el ser de Dios: los
famosos trascendentales.

Nuestra Diócesis, tiene un patrimonio artístico y cultural nada desdeñable que hemos de dar a conocer como un verdadero activo, no sólo de cultura, sino como reflejo de la belleza de Dios: los archivos de composiciones musicales, como el de los hermanos Broto; la orfebrería; todo tipo de tejidos: los ornamentos litúrgicos así como las telas mozárabes de Roda de Isábena; los pergaminos del archivo histórico; la orfebrería religiosa; todo tipo de pinturas y esculturas; los retablos más significativos y por supuesto los templos y ermitas de arte románico. Contemplar la belleza de cada una
de estas obras es un camino de verdadera humanización.

La iniciativa comenzada por nuestro Museo Diocesano con la “pulsera turística” para toda la ciudad de Barbastro es un buen comienzo para impulsar las rutas del románico por toda nuestra Diócesis en colaboración otros agentes sociales, administraciones y ayuntamientos que son titulares de algunos monumentos dentro de esas rutas. Una de esas rutas podría ser, comenzando por el Bajo Cinca: la ermita románica de San Valero en Velilla de Cinca, el santuario románico de Santa María de Chalamera, la parroquial de Ontiñena, el monasterio de Sijena. Subiendo al Cinca Medio: la Concatedral de Santa María y otros elementos, no diocesanos, como el Castillo Templario de Monzón. Otra podría ser en la Ribagorza Oriental: comenzando por la Catedral de Roda de Isábena, siguiendo por Santa María y San Pablo de Obarra; San Cristóbal de Luzás; el Monasterio de Alaón y el conjunto de Montañana. En el Sobrarbe: comenzando por Muro de Roda: con sus originales murallas secas y Iglesia de Santa María; San Juan de Toledo; la espelunca de San Victorián y el monasterio del mismo nombre, para terminar con San Vicente de la Labuerda.

Estas rutas pueden ser un comienzo ilusionante para ir avanzando con el resto de templos y ermitas de arte románico, que son muchísimos y de gran valor artístico religioso. Dar a conocer nuestro patrimonio es evangelizar, es poner de relieve, sacar a la luz una belleza desconocida que nos puede hacer a todos un poco mejores. La administración diocesana está también al servicio de la Delegación de Patrimonio para que conociendo podamos amar este hermoso tesoro que nos han legado los que nos precedieron en la fe.