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Domingo de pascua: 5 de abril de 2026

Raúl Romero López
30 de marzo de 2026

Ha resucitado… ¡Aleluya!

INTRODUCCIÓN

         En los relatos de Resurrección aparecen exclamaciones.! ¡Es verdad! También se cantan himnos al Resucitado. Y el himno canta lo que las palabras son incapaces de expresar. Y se condensa la fe en un credo sencillo: “Si profesas con tus labios que Jesús es el Señor, y crees con tu corazón que Dios lo resucitó de entre los muertos, serás salvo”. (Ro. 10,9).  Debajo de la corteza de estos viejos textos, debemos escuchar el gozo y la admiración de una Comunidad que ha quedado asombrada por este acontecimiento y ha vibrado de emoción y de entusiasmo.

LECTURAS BÍBLICAS

1ª Lectura: Hechos, 10, 34.37-43;                  2ª Lectura: Col. 3, 1-4

EVANGELIO

Jn. 20, 1-9.

El día después del sábado, María Magdalena fue al sepulcro muy de mañana cuando aún era de noche, y vio que la piedra del sepulcro estaba movida. Echa a correr y llega donde Simón Pedro y donde el otro discípulo a quien Jesús quería y les dice: «Se han llevado del sepulcro al Señor, y no sabemos dónde le han puesto». Salieron Pedro y el otro discípulo, y se encaminaron al sepulcro. Corrían los dos juntos, pero el otro discípulo corrió por delante más rápido que Pedro, y llegó primero al sepulcro. Se inclinó y vio las vendas en el suelo; pero no entró. Llega también Simón Pedro siguiéndole, entra en el sepulcro y ve las vendas en el suelo, y el sudario que cubrió su cabeza, no junto a las vendas, sino plegado en un lugar aparte. Entonces entró también el otro discípulo, el que había llegado el primero al sepulcro; vio y creyó.

REFLEXIÓN

En la Primitiva Comunidad fue necesaria la fe en la Resurrección. Sin experiencia pascual no se podía concebir un cristiano.  Y ahora tampoco. Pero los caminos pueden ser distintos. Y en este relato se nos manifiesta que hay tres personajes: La Magdalena, Pedro y Juan y, sin embargo, cada uno va a tener acceso al encuentro con Cristo Resucitado de una manera diferente.

1.– María Magdalena se encuentra con Jesús a través de “su corazón apasionado”. María busca el cadáver de Jesús. Ya que no puede verle, ni oírle, ni besar sus pies, se conforma con tener su cadáver para perfumarle. Esa precaria y fugaz presencia le servirá para paliar ese gran dolor que le produce el vacío de una “sentida y contumaz ausencia”. María Magdalena derrocha amor a Jesús por todos los poros de su ser, pero le falta fe. Está desfasada. Se ha quedado con el Cristo histórico y no ha dado el paso al Cristo de la fe. La aparición de” aquel hortelano” en el jardín no le basta. Aquellos interrogantes ¿A quién buscas? ¿Por qué lloras? todavía le ahondan más su dolor. Sólo cuando la llama por su nombre y en una exclamación le dice

¡MARIA! cae en la cuenta de que es Jesús el que la llama. Cuando una persona está enamorada, sólo el nombrar a la persona amada, le emociona, le estremece y no le deja hablar. Y, como no tiene palabras, la respuesta es otra exclamación: “RABONI”. María Magdalena nos ha abierto un camino para encontrarnos con Jesús– Resucitado: “El camino del corazón”. San Juan nos dirá:” Nosotros sabemos que hemos pasado de la muerte a la vida porque nos amamos” (1Jn.3,14). 

2.– Pedro necesita apariciones para llegar a la fe.

El texto nos dice que entró en el sepulcro, vio las vendas y el sudario, pero no dice que “creyera”. De hecho, Jesús tuvo la delicadeza de aparecerse a él solo en el lago de Tiberiades.  Era normal que, para superar el impacto de haber visto a Cristo muerto en una Cruz, fuera necesario que Cristo se les hiciera presente a través de las Apariciones.  Nos lo recuerda el mismo Pablo: “Se apareció a Jacobo, luego a todos los apóstoles, y al último de todos, como a uno nacido fuera de tiempo, se me apareció también a mí (1Cor. 15-7-8).

3.– Juan se encuentra con Jesús sin necesidad de apariciones. Nos lo dice el texto de hoy: «Entró, vio, y creyó”. Se puede llegar a la fe sin necesidad de apariciones. Y ésta es, a mi juicio, la manera que llegó María, la Madre de Jesús, al encuentro con su Hijo Resucitado. El evangelio no nos dice que Jesús se le apareció a su madre. Tampoco vemos a la madre de Jesús acompañar a las mujeres al sepulcro a embalsamar el cadáver de su Hijo. Cristo resucita el primero en el corazón de su madre. No tiene apariciones porque no las necesita. María, “la creyente” fue la única que esperaba la Resurrección. Y en aquel apagón de la fe al morir Jesús, la única lámpara encendida fue la de María, su Madre. A través de la Palabra de Dios, profundizada por el Espíritu Santo, tenemos un acceso a la fe del Resucitado. Sin necesidad de apariciones, con la Palabra de Dios, en la fe desnuda, nos podemos encontrar con el Resucitado. Y podemos hacer nuestra la bienaventuranza de Jesús a Tomás “Dichosos los que, sin ver, creyeren” (Jn.20,29).

         El Papa León XIV ha invitado a los fieles a mirar la muerte con la confianza que brota de la Pascua. El Papa ha concluido que «gracias al Resucitado, podemos llamarla “hermana”, como san Francisco. La esperanza de la resurrección nos libera del miedo a desaparecer y nos prepara para la alegría de la vida sin fin». (10-Didiembre-2025                                                                      

PREGUNTAS 

1.- ¿He tenido alguna experiencia de haberme encontrado con una persona con la que me sentía muy lejos y, al perdonarnos y abrazarnos, he experimentado un gozo especial?

2.- ¿Soy de las personas que necesitan ver para creer?

3.- ¿He tenido momentos en la vida en que no he dudado de que Jesús estaba dentro de mí?  ¿En la lectura de la Palabra? ¿En la Eucaristía?  ¿En el encuentro con los hermanos?

Este evangelio, en verso, suena así:

Al clarear el domingo

se extendió la gran noticia:

Dios resucitó a Jesús.

«Su tumba estaba vacía».

El Padre Dios actuó

devolviéndolo a la vida.

El poder de la verdad

triunfó sobre la mentira.

El Padre dio la razón
a Jesús, a su «utopía»

de crear un mundo nuevo
de paz, amor y alegría.

En Jesús Resucitado

Dios nos dejó una «semilla»:
invitación a buscar

todas «las cosas de arriba»

Ya no podemos quedarnos
lamiéndonos las heridas.
Los creyentes entonamos

una nueva melodía.

Queremos ser almacén
de libertad, armonía,
esperanza, paz, amor,
servicio, luz y acogida.

Con gran gozo celebramos,
Señor, tu Pascua Florida.

Resucitados, comemos

tu Pan en la Eucaristía.

(Poesía de J.Javier Pérez Benedí)

PDF: https://app.box.com/s/egoj2ef0btl25a67kgdmdbhwbcbidn7m

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