Domingo 21, tiempo ordinario: 22 de agosto de 2021

«Señor, ¿a quién vamos a acudir? Tú tienes palabras de vida eterna»

INTRODUCCIÓN

“Señor, ¿a quién iremos? El cristiano tiene la experiencia de que nadie más puede responder a sus interrogantes más hondos. Si los amigos fallan, si las ideas son vacías y los programas políticos engañan a los incautos, sólo el Señor permanece. Tú tienes palabras de vida eterna. Las palabras humanas se las lleva el viento; incluso las palabras escritas son manipuladas y negadas. Se utilizan como arma o como anzuelo, como disfraz o como moneda que se devalúa y caduca. Sólo la palabra del Señor permanece para siempre.”  (José Ramón Flecha).

TEXTOS BÍBLICOS

1 ª Lectura: Jos. 24,1-2ª.15-17.18b.     2ª Lectura: Ef. 5, 21-32.

EVANGELIO

San Juan 6,60-69

En aquel tiempo, muchos discípulos de Jesús, al oírlo, dijeron: «Este modo de hablar es duro, ¿quién puede hacerle caso?» Adivinando Jesús que sus discípulos lo criticaban, les dijo: «¿Esto os hace vacilar?, ¿y si vierais al Hijo del hombre subir a donde estaba antes? El espíritu es quien da vida; la carne no sirve de nada. Las palabras que os he dicho son espíritu y vida. Y con todo, algunos de vosotros no creen.» Pues Jesús sabía desde el principio quiénes no creían y quién lo iba a entregar. Y dijo: «Por eso os he dicho que nadie puede venir a mí, si el Padre no se lo concede.» Desde entonces, muchos discípulos suyos se echaron atrás y no volvieron a ir con él. Entonces Jesús les dijo a los Doce: «¿También vosotros queréis marcharos?» Simón Pedro le contestó: «Señor, ¿a quién vamos a acudir? Tú tienes palabras de vida eterna; nosotros creemos y sabemos que tú eres el Santo consagrado por Dios.»

REFLEXIÓN

En la liturgia de hoy hay unas preguntas y unas respuestas. Y merece la pena que las tengamos en cuenta porque son muy interesantes: tanto para el pueblo de Israel (Josué), como para los seguidores de Jesús.

1.– Pregunta de Josué al pueblo y respuesta (1ª lectura).

Esta asamblea de Siquén es muy importante porque es lo último que hace Josué antes de morir. No le importa su muerte, pero sí la fe de su pueblo. Por eso pregunta: ¿A quién queréis servir? ¿A los dioses de los amorreos o al Dios de nuestros padres? El pueblo contestó: ¡Lejos de nosotros abandonar al Señor para servir a dioses extranjeros! Y el pueblo da sus razones: “El Señor nos sacó de la esclavitud de Egipto”. El pueblo alude a las maravillas que el Señor ha hecho a su pueblo. Hoy día más que nunca, necesitamos tener experiencias fuertes de Dios para no ser contagiados de increencia. Lamentablemente, los niños de ahora ya no pueden aludir “a la fe de sus padres”.

2.– Pregunta de Jesús al pueblo que le sigue y respuesta de éste: ¿Esto os hace vacilar?

Lo que les hace vacilar, lo que les escandaliza es lo que les ha dicho: “Tenéis que comer mi cuerpo y beber mi sangre”. Respuesta: Este modo de hablar es duro. ¿Quién le puede hacer caso? A Jesús no se puede llegar por razonamientos. Aquellos que quieren razonar la fe, aquellos que quieren tener todo claro, aquellos que quieren ir a Dios sólo por la ciencia y no por la experiencia, nunca se van a encontrar con el Señor. “Dios ha ocultado estas cosas a los sabios e inteligentes y se las has revelado a la gente sencilla” (Mt 11, 25). Lo importante de la fe es fiarse de Jesús, aunque no lo entendamos. Es lo que hizo su madre: no entendió a Jesús, pero se fio plenamente de Él. No intentó abrir el Misterio, sino que cargó toda la vida con él. Por eso es “la creyente”, la que nos lleva la delantera en el camino de la fe.

3.– Pregunta a los doce y respuesta de Pedro en nombre de ellos.

Muchos de los discípulos que seguían a Jesús se echaron atrás y no quisieron ir con Él. Ante esta realidad, Jesús no rectifica, no suaviza la doctrina, no trata de ganarlos rebajando las exigencias, sino que sigue adelante y mantiene intacto su mensaje. Las rebajas van bien para el Corte Inglés o los grandes almacenes, pero no para la doctrina de Jesús. Ahora Jesús se dirige a los doce, a los que han comido y bebido con Él, a los amigos más íntimos, a aquellos que el hecho de haber conocido a Jesús ha sido lo más grande, lo más bello, lo más bonito que ha ocurrido en sus vidas. A éstos les dice: ¿También vosotros queréis marchar? Y entonces Pedro, en nombre de los doce, dice:” Señor, ¿a quién iremos?”  Tú tienes palabras de vida eterna. Hay una bonita y elegante manera de decir a Jesús que sí; es ya no poder decirle que no. Son demasiados los encuentros, las experiencias, los detalles, que han acumulado de Jesús en sus corazones que ya es imposible arrancarse de esa persona. Ojalá, Jesús, estuviera tan metido en nuestras vidas que ya no nos fuera posible separarnos de Él.

PREGUNTAS

1.– Me pregunto sinceramente: Y yo ¿a qué Dios estoy sirviendo? ¿Al Dios revelado por Jesús o a otros dioses?

2.- ¿Tengo dudas de fe? En caso positivo, ¿Cómo trato de resolverlas? ¿Leyendo libros religiosos o rezando, fiándome de Dios?

3.- ¿Me siento tan estrechamente vinculado a Jesús que ya no puedo decirle que no?

Este evangelio, en verso, suena así:

Te presentaste en el mundo,

Señor, como “PAN DE VIDA”,

como “Enviado del Padre”

que ofrece otra alternativa.

Ante tu nuevo Mensaje

no caben las “medias tintas”

Hay que optar por tu persona

o dejar tu compañía.

Bastantes de tus discípulos

te abandonan, se retiran.

Piensan que es inaceptable

y muy dura tu doctrina

Solo si el Padre del cielo

con la “Fe” nos gratifica,

haremos, Señor, por Ti,

una opción definitiva.

En Pedro, Señor, tenemos

un modelo de fe viva:

Te reconoce por Santo,

por verdadero Mesías.

Este Evangelio, Señor,

es nuestra “fotografía”.

Nos falta fe e intentamos

emprender tristes tu huida.

“¿A quien iremos?, Señor”

Tú eres nuestro faro y guía.

Siempre estaremos contigo,

Sin soltar tu mano amiga.

(Estos versos los compuso José Javier Pérez Benedí)

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