Parafraseando algunas ideas que el papa Francisco dijo a los catequistas en su último Congreso Internacional, el obispo de Barbastro-Monzón, don Ángel Pérez Pueyo, quiere compartir diez secretos para ser verdaderos ‘apóstoles de calle’. “Soy consciente que no siempre resulta fácil, pero es tan urgente como apasionante”, asegura Pérez Pueyo. Estos consejos son los siguientes:

1º.    SER

Sentir que tu vida es para tantas personas que, aun sin saberlo, buscan a Dios (niños, adolescentes, jóvenes, adultos o ancianos) un verdadero «pilar» donde encuentran la luz de la fe. No se trata tanto de hacer muchas cosas cuanto de ser relevante en la vida de los demás.

2º.    TESTIGO

Ser coherente. Esto, sin más, les ayudará a cuestionarse, a descubrir y encontrarse realmente con el Jesús que llevan dentro. Como les decía san Francisco de Asís a sus frailes: ‘Predicad siempre el evangelio con vuestras obras y, si fuese necesario, también con vuestras palabras’. Tú serás, en muchos casos, el único evangelio que podrán leer en toda su vida.

3º.    DE JESUCRISTO

Ser testigo de Jesucristo requiere un amor incondicional a su persona y a su pueblo. Este amor no se vende ni se compra en ningún supermercado. ¡Viene de Cristo! Es su regalo. Y dura toda la vida. Estar con el Señor, escuchar al Maestro y aprender de Él nos proporciona una inmensa familiaridad, una gran libertad, autenticidad y fecundidad.

4º.    EUCARISTÍA

Estar ante el sagrario es dejarse mirar por el Señor. Su presencia eucarística enardece el corazón, enciende el fuego de tu amistad con él, te hace sentir que te mira, te es cercano y te quiere. Si en nuestro corazón no existe el calor de Dios, el calor de su amor y de su ternura ¿cómo podremos nosotros, pobres pecadores, enardecer el corazón de los demás?

5º.    QUE SALE AL ENCUENTRO DEL OTRO

Cuanto más te unes a Jesús y se convierte en el centro de tu vida, paradójicamente más te hace salir de ti mismo. Este es el verdadero dinamismo del amor, este es el movimiento de Dios mismo; donde hay verdadera vida en Cristo, hay apertura hacia el otro, hay salida de sí mismo para ir, en nombre suyo, al encuentro del que más lo necesita. Esta es la verdadera y única misión del «apóstol de calle»: salir de sí mismo por amor para hacer visible la ternura de Dios en el corazón humano.

6º.    SIN MIEDO

¡Si Dios está con nosotros, no hay nada que temer! Ir con Cristo a las periferias significa estar dispuesto a dejarse sorprender, a romper moldes o esquemas preconcebidos. Él siempre nos desborda. Va más allá. Mira más lejos y con mayor altura de miras. En el argot juvenil, Dios siempre «se pasa tres pueblos».

7º.    CON AUDACIA Y CREATIVIDAD

Dios no es, como algunos pretenden vendérnoslo, ni cerrado ni rígido. Todo lo contrario. Es audaz y creativo. Nos acoge, sale a nuestro encuentro, nos comprende. Esto significa saber cambiar, adecuarme en cada momento a las circunstancias donde tengo que anunciar el evangelio.

8º.    SIN APOLTRONARSE

La mundanidad, que no la secularidad, es como la niebla densa que nos impide ver más allá de nuestro propio bienestar. El dinero, la comodidad, el placer, el prestigio, el poder… se han adueñado del corazón del hombre y lo han esclavizado. Al «apóstol de calle» le corresponde tratar de revertir el orden creado y devolver al ser humano su primigenia y verdadera identidad como hijo de un único y mismo padre.

9º.    HACIENDO MEMORIA DE DIOS

La fe custodia y alimenta la memoria de Dios. La custodia en sí mismo y sabe despertarla en los demás. La fe contiene precisamente la memoria de la historia de Dios con nosotros, la memoria del encuentro con Dios, que es el primero en moverse, que crea y salva, que nos transforma. La fe es memoria de su Palabra que inflama el corazón. Es memoria de sus obras de salvación con las que nos da la vida, nos purifica, nos cura y nos alimenta.

10º.SIN EXHIBIRSE

Este anuncio no es para «hablar de sí mismo», «ponerse medallas», «exhibirse»… sino para hablar de Dios, de su amor, de su fidelidad… sin quitar ni añadir nada.

Este «apóstol de calle», sin ir más lejos, puedes ser tú mism@ si estás dispuest@ a dejar que Dios te constituya en «EVANGELIO» (Buena Noticia) para el mundo.