La iglesia de santo Domingo y san Martín acogió el domingo 9 de junio una eucaristía en acción de gracias, despedida y homenaje a las Hijas de María Auxiliadora, que terminan su presencia entre nosotros después de casi 60 años. Expresamos así gracias de corazón por su profunda dedicación a las hermanas Asun Mató, directora, María Victoria Larrañaga y Pilar Polo.

La eucaristía estuvo presidida por nuestro administrador apostólico, monseñor Vicente Jiménez Zamora, que expresó en su homilía que se marchan de la Diócesis de Huesca, “a la luz del discernimiento realizado” por el Consejo Provincial dentro del proceso de reestructuración de la Provincia Salesiana. “Se despiden con dolor y amor, porque el corazón siempre sangra por donde ama, pero con la conciencia del deber bien cumplido y dejando una buena siembra del evangelio de la alegría en las diversas obras diocesanas en las que han estado presentes y han trabajado, del alba a la tarde, según su carisma salesiano”, señaló.

HOMILÍA DE MONSEÑOR VICENTE JIMÉNEZ ZAMORA

La presencia de las Hijas de María Auxiliadora en Huesca empezó el año 1965, en la calle Perena, 29, 1º K. Desde entonces han servido a nuestra Diócesis y a la sociedad oscense en multitud de tareas, según la estructura de la Comunidad y sus cometidos. En los diez primeros años trabajaron fundamentalmente en la casa de formación de las hermanas junioras, periodo que viene después del cierre de la Casa de formación, bajo el mandato de monseñor Javier Osés, estuvieron exclusivamente dedicadas al servicio de la pastoral de nuestra Diócesis: catequesis y formación de catequistas de Huesca y de los pueblos; Librería Diocesana; clases de Religión en la antigua Escuela de Magisterio y en otros centros públicos; Dirección de Cáritas Diocesana; una obra muy especial fue el servicio a la comunidad gitana, mediante la llamada “Asociación Kamelamos”.

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En la parroquia de santo Domingo y san Martín han tenido su sede canónica y han realizado hasta hoy una gran obra de evangelización mediante la catequesis; la animación litúrgica y sacramental; la comunión a los enfermos; obras de promoción social…. Todo un ministerio eclesial, según el carisma salesiano.

Su despedida y adiós dejan un gran hueco en la ciudad de Huesca y en especial en este barrio, según el testimonio del párroco Fernando Altemir, “porque han sido una fuerza añadida a la labor de la parroquia” y también, “un testimonio de vida dedicada a los demás, de entrega, estando muy mezcladas con la gente y participando del curso de la vida del barrio, más allá de lo estrictamente parroquial”.