San Valentín se acerca, y lo sabes. Lo sabemos por los anuncios de perfumes, los bombones en la sección de oferta del supermercado, por las revistas de moda llenándose de rojo y corazones…

Esta tarde he ojeado una de esas revistas en una cafetería, y entre página y página encuentro un TEST muy acorde a estas fechas con la siguiente pregunta como título:

 

“¿E S T Á S   S E G U R A   D E   Q U E   L E   Q U I  E R E S?”

 

Y continuaba: “Haz el siguiente test y compruébalo”. El interrogatorio ocupaba varias páginas, que por supuesto, no me he detenido a leer. Porque estoy cansada. Cansada de que me vendan el amor como algo que no es. Cansada de que se propague el “día del amor” como eso, un día (o una noche) en el año. Y que con él necesitemos “tener”: tener ese perfume, tener esas flores, tener ese regalo que quiero. Es decir, un yo, me, mí, conmigo en toda regla.

Que no. Que el amor no va de buscar nuestra felicidad, sino la del otro. Si de verdad queremos saber la respuesta a la pregunta del test, lo mediremos en cuánto somos capaces de dar por la otra persona. Y punto.

San Valentín (no me refiero al pobre santo, sino al “día”) es la celebración por excelencia del sentimiento. Y solo con nuestros sentimientos no podemos amar. Estos no pueden abarcarlo todo, porque podemos terminar haciéndonos esclavos de ellos.

Por eso, la respuesta del test no puede ser: LE QUIERO CON TODO MI CORAZÓN. ¡No! Porque siguiendo con ese razonamiento, mientras sigan esos sentimientos de enamorado todo irá sobre ruedas, pero cuando estos desaparezcan (porque al cabo de un tiempo, desaparecen) ¡adiós al amor!. Esos sentimientos tienen que tener un punto medio, e ir a la par con la voluntad y la inteligencia.

¿Cómo podemos estar seguros de que queremos a la otra persona? Cuando amamos incondicionalmente; cuando somos capaces de sufrir por ella; cuando buscamos SOLO su felicidad, sin mirar la nuestra, cuando somos exigentes, y no nos dejamos llevar por lo que sentimos o lo que nos apetece, y ejercitamos nuestra inteligencia y nuestra voluntad por encima de ello.

Leí una vez “El amor sin duda exige esfuerzo, renuncia, aceptar, conocer, admirar a la otra persona y se demuestra con hechos”. Con hechos cada día, no un día al año.

Tobías nos lo avisaba en el III a.C: “El auténtico amor tiende por sí mismo a ser algo definitivo, no algo pasajero” Tb 8, 4-9.

Así que respondo al test con otra pregunta: “¿Estás segura de que le quieres con amor auténtico, y por tanto definitivo?