Queridos amigos:

Como todos los años llegados a estas fechas, la iglesia nos propone la celebración de la fiesta de San José a la cual va añadido el Día del Seminario, debido a esto en nombre de mis compañeros seminaristas y del mío propio os escribo estas líneas.

Componemos la comunidad del seminario cinco jóvenes, de diferentes procedencias y en distintas etapas: Freddy y Wilberto que están ejerciendo su ministerio diaconal en las unidades pastorales de Albarracín y Calamocha respectivamente, siendo acompañados por Nacho y Julio.

Por otro lado en Zaragoza nos encontramos Alfonso, Julio y yo. Alfonso está terminando los estudios de filosofía y pronto comenzará la teología y a la vez colabora en la comunidad parroquial de Alcorisa junto a nuestro rector. Julio es el benjamín de nuestra comunidad y está en el seminario menor, una pequeña familia dentro de la comunidad del seminario (son nuestros hermanos pequeños). Está en primero de la ESO y viene de Blesa.

Por último mi nombre es Isaí, he entrado este año al seminario después de haber terminado mis estudios en historia del arte y estoy en el curso propedéutico donde comparto mi vida e inquietudes junto con cinco compañeros de las diócesis hermanas de Tarazona y Zaragoza. Con respecto a la pastoral comparto los fines de semana con la parroquia de San José de Teruel, acompañado por Manuel Ángel Antón.

Los seminaristas somos jóvenes normales, venimos de procedencias muy distintas pero hay algo que nos une, el deseo de servir a las gentes de nuestros pueblos, la preocupación por la despoblación y el futuro de la iglesia que peregrina en nuestra tierra turolense, que no es ajena a las realidades del siglo XXI.

La iglesia nos pide ir a contracorriente, necesita jóvenes comprometidos, dispuestos a estar muy cerca de Dios y los hermanos, a acoger al diferente, al rechazado, en definitiva a hacer presente a Cristo en medio de nosotros.

En este camino contamos con vuestra ayuda. ¡Orad por nosotros! Y Orad para que perseveremos en la Vocación recibida, para que cada día amemos más a Dios, a Jesucristo y a los cristianos de esta tierra; y para que nos enamoremos más de Jesucristo y de su Iglesia.

¡Orad también por las vocaciones en nuestra tierra! Es un regalo de Dios la vocación al sacerdocio, un servicio a Dios, a la iglesia y a los hombres. Dios no quita nada, lo da todo.

¡Gracias por vuestras Oraciones y Colaboración!

Freddy, Wilberto, Alfonso, Julio e Isaí
Seminaristas de Teruel y de Albarracín