En la Archidiócesis de Zaragoza se está viviendo un fenómeno esperanzador: el crecimiento de adultos que, tras un proceso personal de búsqueda, deciden acercarse a la Iglesia para recibir los sacramentos de iniciación cristiana. Así lo explica Sergio Pérez, delegado de Catequesis y Catecumenado.
“Son personas que están en un proceso de búsqueda y que, por distintas circunstancias, no recibieron los sacramentos en su infancia. A través de amigos, familiares o de la comunidad parroquial, se acercan a la Iglesia y desean iniciar este camino”, señala.
Un proceso guiado por la Iglesia
El catecumenado se desarrolla a lo largo del curso pastoral, desde septiembre hasta la Pascua, y está marcado por momentos litúrgicos clave que ayudan a los catecúmenos a crecer en la fe.
“El proceso comienza con una acogida y la incorporación a un grupo acompañado por catequistas. Uno de los momentos más significativos es la entrada en el catecumenado, el primer domingo de Adviento, donde se les entrega la Palabra de Dios”, explica.
Durante la Cuaresma tienen lugar los escrutinios, celebraciones de oración en las que la comunidad acompaña a los candidatos: “Son momentos muy hermosos en los que se ora por ellos, se les impone las manos y se pide que el Espíritu Santo los fortalezca en su camino”.
Culminación en la Pascua
El itinerario culmina con la celebración de los sacramentos de Bautismo, Confirmación y Eucaristía, normalmente en una única celebración presidida por el arzobispo.
“Es una celebración muy significativa, en la que la Iglesia diocesana acoge a los nuevos cristianos. Suele tener lugar al final de la Pascua, en torno a Pentecostés”, destaca.
Un signo de esperanza
Este despertar de la fe en adultos es, sin duda, un signo de esperanza para la Iglesia. “No se trata solo de recibir unos sacramentos, sino de iniciar una vida nueva en la fe, vivida en comunidad”, concluye Sergio Pérez.
Este crecimiento del catecumenado muestra que la Iglesia sigue siendo lugar de encuentro, acogida y transformación, donde muchas personas redescubren a Cristo y comienzan un camino de fe auténtico.
