El miércoles, 13 de mayo, veía la luz la campaña “COM-PARTE”, impulsada por la diócesis de Barbastro-Monzón con el objetivo de ayudar a los más desfavorecidos y desatar en el Alto Aragón la “revolución de la ternura” del papa Francisco. ¿Providencial? “Como sucediera a Lucía, Jacinta y Francisco en Cova da Iria (Fátima), María nos recuerda hoy que solo siendo bálsamo de Dios en el mundo podremos devolver a cada persona la dignidad que Dios le da al nacer”, recordaba el obispo D. Ángel Pérez Pueyo, esperanzado con la “provocadora” iniciativa.

Provocadora, decía el prelado, porque en este mundo “no hay nada más progre que ser cristiano”. No le falta razón. La Iglesia, como reflejan también las recientes campañas de Tarazona, Zaragoza y la de la propia Conferencia Episcopal Española, lucha contracorriente — sin hacer mucho ruido— para construir una sociedad más humana, justa y fraterna. Un ejemplo ilustrativo es la reacción ante la pandemia del coronavirus (COVID-19), en la que, desde el primer minuto, la institución ha ofrecido acompañamiento, comidas, oración, instalaciones, voluntarios… ¡Esperanza!

La Iglesia católica, como reconocen incluso muchas personas que no han descubierto aún el tesoro de la fe, está siempre junto a quienes más lo necesitan: 24 horas al día, siete días a la semana. Por eso, consciente de las necesidades humanas más acuciantes, invita a acompañar en la soledad con motivo de la Pascua del enfermo, que se celebra este domingo. Ojalá los cristianos sepamos proporcionar, en palabras del arzobispo D. Vicente Jiménez Zamora, “el consuelo de la presencia y de  la cercanía con el evangelio de la esperanza”.

¡Feliz fin de semana!

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