Algo nuevo está naciendo

                “Esto es lo que hay”. Y nos cruzamos de brazos. O seguimos haciendo lo mismo hasta que ya no haya nada que hacer. Porque los participantes ya no existen. Emprendieron el viaje al más allá.

                “Esto es lo que hay”. Lo decimos entendiendo que lo que hay no puede ser de otro modo y no queda otra que conformarnos y adaptarnos.

                “Esto es lo que hay”. Y ‘lo que hay’ no es nada bueno. Porque cuando ‘lo que hay’ es bueno, bello y positivo, lo acogemos, lo disfrutamos, lo mantenemos y lo mejoramos.  No decimos: “esto es lo que hay”, sino que lo vivimos con gozo.

                A veces nos faltan ojos, sensibilidad para buscar y encontrar tanta bondad y belleza que hay a nuestro alrededor.

                Descubrir y aceptar y gozar de lo positivo y bello, nos lleva a la creatividad, a la alegría, a la esperanza. Esta actitud nos lleva a poder vivir y a ayudar a vivir.

                Esto no es ingenuidad. Es realismo sobre lo positivo. Para fortalecerlo. Como ver lo no bueno a nuestro alrededor, no es por sí mismo pesimismo y negatividad. Es realismo sobre lo negativo. Para luchar contra él. Si no lo hacemos, entramos en la resignación paralizante y triste, en el conformismo superficial y alienante.

“Conformarse a lo que hay es empezar a morir. Mientras uno es capaz de indignarse, de discrepar, de imaginar que otro mundo es posible y de luchar por él, la historia está viva. El conformismo es el principio del final, la consecuencia de la deconstrucción de todos los sueños utópicosEs una verdadera ideología tóxica”.[1]

                Ante la situación de la Iglesia (sus pecados, su vaciamiento de los templos, su insignificancia para muchos, su escasez de vocaciones consagradas y misioneras, su clericalismo, etc.); ante tanta guerra inhumana, nunca justificada; ante políticas y políticos que solo saben enfrentarse y ofenderse (tú, más y peor); ante tantos incendios por tantas causas naturales, unas, delictivas, otras y por tanto descuido (‘los incendios de verano se apagan en invierno’); ante tanta violencia de toda clase y en todo ambiente; ante violaciones y agresiones sexuales; ante… Lo fácil e inútil es quedarse en ‘esto es lo que hay’.

                Lo que hay, gracias a Dios y tanta gente buena, honesta y cabal, es mucho más. El conformismo, la resignación, el ‘ande yo caliente’, aunque caigan chuzos de punta, no es el camino digno del ser humano.

El conformismo es una falta de solidaridad con los que lo pasan mal y niega la condición humana de superación y su capacidad de hacer el bien y sanar lo no bueno. Niega al ser humano su responsabilidad de ser el señor de sus actos y de su existencia. Es fomentar la pasividad cómoda y egoísta. Es tener y defender un sentido negativo y catastrófico de la historia o de la realidad actual.  

El conformismo es también sumisión a las normas e imposiciones de la moda, del mercado o de lo políticamente o eclesiásticamente correcto. Su fundamento y consecuencias, sobre todo, es algo mucho más profundo: no aceptar, ni participar activamente en la construcción de un mundo mejor desde la propia responsabilidad personal, única e intransferible. El conformista no participa en la construcción de un mundo nuevo y mejor, y se limita a quejarse. Critica a cuantos intentan edificar un mundo más justo y califica de utópicos, de imposible, todo lo que hacen y proponen los espíritus inconformistas y creativos.

El conformismo es una expresión evidente del individualismo; se evade totalmente de la realidad de su entorno y del mundo y habita tranquilamente en la masa anónima que ni piensa ni lo intenta. No hay nada más negativo en una persona y en su misión social que el conformismo. Es la mayor expresión de egoísmo.

El conformismo en nuestras sociedades no es, en ningún caso, una buena noticia. Las personas se adaptan a las exigencias de la ideología dominante, aceptan lo que hay, pero a regañadientes. Solo se quejan en el pequeño cuadrado de la cocina casera.

El conformista nunca descubrirá, si no se cae del caballo, que en el mundo hay fuerzas visibles, y también no tan fácilmente visibles, que en la comunidad humana actúan, trabajan y acrecientan valores que hacen más habitable nuestro mundo.

Ya nos lo dejó dicho el profeta Isaías en el siglo VIII antes de Cristo. Como quien dice ayer mismo: Mirad que realizo algo nuevo; ya está brotando, ¿no lo notáis?» (Is 43, 19). La afirmación sigue siendo verdadera hoy, 29 siglos después. O esto o el conformismo.

                Los cristianos no podemos ser conformistas. Aun siendo viejos y solo podamos escribirlo y orar sin interrupción. Nos lo prohíbe el Espíritu Santo. Aunque podemos no hacerle caso. Pero el de la ‘última palabra’ es Él.

                No soy profeta. No sé cómo será la Iglesia del futuro. Sólo sé que no será la del conformismo ni la repetición de algo así como el siglo XIX.


[1] Contra el conformismo. FRANCESC TORRALBA. Revista VIDA NUEVA. N° 2924. 10-16 enero 2015. Pág. 50. Muchas afirmaciones de este artículo tienen su origen en el de Torralba.