El Papa Francisco publicó el 25 de marzo de 2019 la exhortación apostólica Chritus Vivit (CV), después de la celebración del Sínodo de los Obispos sobre los jóvenes, la fe y el discernimiento vocacional (2.018). Han pasado cinco años y las directrices marcadas entonces por el Papa siguen impulsado la pastoral juvenil y vocacional en la Iglesia. El exponía algunos elementos fundamentales que pretendía en la CV: “recordar algunas convicciones de nuestra fe y al mismo tiempo alentar a crecer en la santidad y en el compromiso con la propia vocación” (CV 3).

A la hora de valorar el contenido del mensaje que debemos trasmitir, es muy interesante la propuesta kerygmática de la CV. El mismo título es en si revelador: Cristo vive y te quiere vivo. El capítulo 4 de la exhortación es una síntesis magnífica e interpelante de la importancia de trasmitir el núcleo de nuestra fe a los jóvenes: Dios te ama, Cristo te salva y Él vive.

En segundo lugar, el tema de la santidad me parece una gran intuición que debe movernos también a la hora de concretar nuestra pastoral con los jóvenes. La llamada a la santidad aparece como una constante en el Magisterio del Papa Francisco (CV 249). Ser capaces de transmitir la importancia de esa vocación a la santidad a nuestros jóvenes y a todos nuestros fieles, ilumina el futuro de nuestra pastoral juvenil y de toda la pastoral ordinaria. Dios tiene un plan para cada uno y todo debe integrarse en un camino de respuesta a ese Dios que nos ama. Uno de los retos en nuestra pastoral juvenil es ver cómo puedo organizar mi pastoral habitual para ser capaz de acompañar de manera adecuada esa llamada recibida por Dios, que en el fondo es la concreción de la vivencia en plenitud de la vocación bautismal de cada uno.

Y por último el tema de la vocación. El descubrimiento de la propia vocación y el comprometerse con ella debe ser uno de los ejes vertebradores de la pastoral juvenil. La gran propuesta de Jesús para cada joven es compartir con él una historia de amor, una historia de vida. Para poder descubrirla hay dejarse amar por Él (CV 252). Se trata no tanto de autoinventarnos sino de descubrirnos a la luz de Dios y descubrir lo mejor de nosotros mismos para ponerlo al servicio de los demás (CV 257). Este descubrimiento nos introduce en una antropología del don que nos lleva a descubrir que nuestra vida es misión, que yo mismo soy una misión y que mi respuesta a la llamada de Dios y al descubrimiento de su plan para mí, da sentido pleno al hecho de mi presencia en el mundo (Gaudete et Exultate 273). 

El horizonte que se abrió entonces a la Pastoral Juvenil, también en nuestra diócesis, sigue siendo apasionante. Son muchas las cuestiones que están sobre la mesa y que abren caminos de futuro que a los que hay que seguir dando respuesta. Gracias a todos los que trabajáis en la pastoral con jóvenes con ilusión y creatividad. Gracias a nuestra Delegación de Pastoral Juvenil y Vocacional por su compromiso y esfuerzo para conseguir que los jóvenes descubran, amen y sigan a Jesús.