Salmo 138

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1 Te doy gracias, Señor, de todo corazón;

delante de los ángeles tañeré para ti.

2 Me postraré hacia tu santuario,

daré gracias a tu nombre:

por tu misericordia y tu lealtad,

porque tu promesa supera a tu fama.

3 Cuando te invoqué, me respondiste,

Acreciste el valor en mi alma.

4 Que te den gracias, Señor, los reyes de la tierra,

al escuchar el oráculo de tu boca;

5 canten los caminos del Señor,

porque la gloria del Señor es grande.

6 El Señor es sublime, se fija en el humilde,

y de lejos conoce al soberbio.

7 Cuando camino entre peligros,

me conservas la vida;

extiendes tu brazo contra la ira de mi enemigo,

y tu derecha me salva.

8 El Señor completará sus favores conmigo:

Señor, tu misericordia es eterna,

no abandones la obra de tus manos.

INTRODUCCIÓN

El salmo 138 es un canto de acción de gracias colectivo que desarrolla esta idea básica: todas las fuerzas importantes de la vida –dioses y reyes– no pueden menos de reconocer la obra de Dios con su pueblo. Esto garantiza el futuro de Israel. El que habla en el salmo no es un teórico, sino alguien que rubrica lo que dice con su propia experiencia.

El salmo es un zurcido de reminiscencias y expresiones sacadas de su contexto y repetidas sin apenas aportar nada nuevo. “Parece que esta pieza ha sido escrita después del exilio y lejos del templo de Jerusalén. Se puede imaginar que los judíos de la diáspora, para alimentar la piedad individual, hayan compuesto oraciones sobre el modelo de los más antiguos salmos, utilizando fórmulas ya recibidas y convertidas en clásicas ya para ellos” (E. Beaucamp).

El salmo implica en su alabanza agradecida a “todos los reyes de la tierra” (v. 4). Precisamente por eso, san Atanasio ha definido este poema como “el salmo de la llamada universal a la salvación”.

La súplica del último versículo: “No abandones la obra de tus manos” siempre gozará de actualidad y la podremos repetir siempre a lo largo de toda nuestra vida.

REFLEXIÓN-EXPLICACIÓN DEL MENSAJE ESENCIAL DEL SALMO

Alabar a Dios con el corazón, todavía no es verdadera alabanza. La auténtica alabanza exige “todo el corazón” (v 1).

El salmo vibra con ferviente entrega a Dios. Entona un canto con todo el corazón. La acción de gracias arranca de dentro y se expresa hacia fuera enlas palabras, en el canto, y en los instrumentos musicales. Así el culto essincero y entrañable.

Un culto, a la inversa, es decir, con bellas palabras, con bonitos cantos, con magníficos instrumentos de música, pero sin la entrega absoluta del corazón a Dios, siempre será un culto vacío, incapaz de agradar a Dios.

Cuando el salmista habla de “todo el corazón”, san Agustín lo interpreta como si se tratara de un sacrificio de holocausto, donde se quemaba toda la víctima.

“Que se abrase mi corazón con la llama de tu amor. Nada me reserve para mí… me quemaré del todo para ti; todo arderé para ti. Te amaré con todo mi corazón, como inflamado por ti” (san Agustín).

“Delante de los ángeles tañeré para ti”. Probablemente, aquí no se habla de los ángeles del cielo, sino de los dioses paganos. Pueden ser los dioses del panteón cananeo que disputaban en continua rivalidad, el derecho al señorío absoluto de Israel, o los dioses de las naciones. El salmista tiene presente un elemento fundamental en la teología del judaísmo: “No tendrás otro dios fuera de mí” (Ex 20,3). Por eso nos dice: frente a los dioses, yo tañeré para ti.

La lucha contra los ídolos debemos de plantearla de frente y con toda claridad. No podemos poner una vela a Dios y otra al diablo. Nuestra firme adhesión a Dios debe ir acompañada del desarraigo, del desafecto a todo programa o proyecto de vida al margen de nuestra fe.

El hombre alcanza toda su grandeza cuando, imitando a Jesús en el huerto, se postra de rodillas ante el Padre-Dios (v.2).

El salmista une, en una misma plegaria, dos actitudes del alma: la adoración y la acción de gracias. Él ha experimentado la misericordia y la lealtad de Dios y ha quedado sobrecogido. Quisiera agradecer al Señor este enorme beneficio, pero se siente incapaz. Por eso baja hasta lo hondo de su ser, hinca sus rodillas, desnuda su alma y se postra ante la presencia de Dios en una profunda adoración.

¿Qué significa ser escuchado por Dios? (v.3).

El salmista ha sido escuchado y ha sentido una fuerza especial en su alma. ¿De qué se trata en concreto? Dos grandes especialistas lo expresan de esta manera: “Yavé ha infundido en el cantor el poderoso entusiasmo que se expresa en este canto” (H. Gunkel).

“Yavé arrebató de la esfera de la muerte a quien sufría y le infundió nuevo vigor vital” (Barth). Hay que destacar el poder regenerador de Dios y de su palabra ante situaciones de desfallecimiento o desencanto.

Una persona entusiasta contagia entusiasmo. ¿Quieres ser importante ante Dios? Hazte el menos importante (v.4-6).

El corazón del salmista se siente inflamado de amor e irrumpe en una acción de gracias. Pero pronto cae en la cuenta de que Dios se merece mucho más que su pequeña alabanza. Por eso invita a dar gracias a “los reyes de la tierra”, es decir, a los jefes de las naciones vecinas que han podido escuchar las palabras del Señor y las obras maravillosas en favor de Israel. Los reyes vecinos deben cantar “los caminos del Señor”. ¿De qué caminos se trata? Dice Isaías: “Mis planes no son vuestros planes ni vuestros caminos los míos” (Is 55,8).

Los caminos de los hombres son rastreros, mezquinos, estrechos, partidistas. Dios pasa por la historia abriendo horizontes. Sus caminos son anchos y universales. Lo que los reyes vecinos deben cantar es que el Dios de Israel es también el rey de todos los pueblos. Así se hace grande el honor del Señor:

“Entonces se revelará la gloria del Señor y la verán juntos todos los pueblos” (Is 40,5).

“El Señor es sublime, se fija en el humilde” Hay que desentrañar la paradoja: Siendo tan alto, se fija en lo bajo; siendo tan grande, se fija en lo pequeño; siendo el Todo, se fija en la nada. Así es siempre el proceder de Dios. Parece decirnos: ¿quieres ser importante ante Dios? Hazte el menos importante.

Mi vida, toda mi vida ha sido tejida con los hilos invisibles de su amor (v.7).

El salmista repasa su historia y descubre que toda ella ha estado penetrada de la presencia de Dios. Él se ha visto en mil peligros, pero de todos le ha sacado el Señor. El salmista se admira al contemplar su vida como un milagro. Siempre ha experimentado la mano poderosa e invisible de Dios.

A Dios no le gusta dejar las cosas a medias (v. 8).

El salmista usa el verbo hebreo GMR, que significa “completar”, “llevar a término”. Es un verbo muy propio para hablar de las acciones de Dios. Nosotros, muchas veces, dejamos las cosas a medio hacer, a medio llenar.

Por eso nos quedamos insatisfechos, es decir, insuficientemente hechos. Hacemos muchas cosas pero no las acabamos del todo. Esto que ocurre en la vida ordinaria, acontece de modo especial en nuestra llamada vida espiritual. Muchas veces hemos intentado vivir en santidad, dedicándonos al amor de Dios y de nuestros hermanos. Pero nos hemos cansado, hemos caído en la rutina, en la mediocridad.

Pero Dios es distinto. Nunca deja las cosas a medias. Todo lo lleva a la perfección. Esto lo sabe muy bien el salmista cuando dice: “El Señor completará sus favores conmigo”.

El salmista no duda de que Dios le seguirá ayudando, le seguirá apoyando hasta el fin. Dios siempre es fiel a sus promesas. En la Biblia aparece un verbo parecido al completar. Es el verbo rebosar. “Las tinajas se llenan hasta rebosar” (Jn 2,7). “La copa rebosa” (Sal 23,5). Dios siempre nos desborda con sus bienes.

Vivir en fe es sentirse desbordado por un Dios cada día más grande, más maravilloso. Jesús, antes de morir, pronunció una gran palabra: “Todo está cumplido”. Él completó su obra. Jesús murió llenando hasta rebosar la copa de su vida. El salmista termina el salmo con una preciosa súplica: “No abandones la obra de tus manos”. Nosotros somos obra de Dios, hechura de Dios. Dios nos sacó del barro. Por eso somos tan frágiles, tan inconstantes, por eso dejamos las cosas a medias.

Pero esta nuestra fragilidad está también en manos de Dios. Y lo que pide el salmista es que cuide esta precariedad, que la proteja, que no la abandone. Es lo que pedía Pablo para su querida comunidad de Filipos: “Estoy convencido de que Dios, que ha comenzado en vosotros una obra tan buena, la llevará a feliz término” (Fil 1,6).

TRASPOSICIÓN CRISTIANA

Mc. 12,30: “Amarás al Señor, tu Dios, con todo el corazón, con toda tu alma, con toda tu mente y con todas tus fuerzas”.

Col. 3, 14: “Y, por encima de todo, revestíos del amor, que es el vínculo de la perfección”.

Fil. 1, 6: “El que comenzó en vosotros la obra buena la llevará a feliz término para el día de Cristo Jesús”.

Ravasi: “La imagen original es sugestiva. Dios entra en la vida de una persona como una irrupción tempestuosa que torna robusto, decidido, ardiente el ser entero del fiel”.

Gunkel: Dios ha infundido en el cantor “el poderoso entusiasmo que se expresa en este cántico”

León XIII: “No dejes nunca de dar gracias a Dios con todo tu corazón y darle gracias, sobre todo, por los cuidados de que te rodea. Pídele en todo momento que no te falte la ayuda que sólo él te puede dar”.

San Gregorio Magno: “Sólo quien ama de verdad a Dios no se acuerda de sí mismo”.

Imitación de Cristo: “No hay nadie más rico, ni más libre, ni más poderoso que aquél que sabe dejarse a sí y a toda cosa y ponerse en el más bajo lugar”.

Santa Teresa de Jesús: “Sólo la humildad puede comprender en un momento lo muy nada que somos y lo muy mucho que es Dios”.

ACTUALIZACIÓN

Solemos decir: el poder corrompe y el poder absoluto corrompe de una manera absoluta. Esto no es una teoría sino una auténtica realidad. Para comprobarlo no tenemos que ir muy lejos. Pensemos en la España reciente.  Los dos grandes partidos que nos han gobernado muchos años han sido corruptos.  Han robado a espuertas. Los que tienen el poder corren más riesgo de absolutizarse, poniéndose en el lugar de Dios. La tentación de autosuficiencia ronda a todas las personas, pero sobre todo a los poderosos. Los grandes perdedores siempre son los de abajo, los pobres, los humildes.  Este salmo, partiendo de la base que el poder absoluto sólo lo tiene Dios, relativiza el poder humano y trata de convertirlo en un auténtico y leal servicio al pueblo.

PREGUNTAS

1.- ¿Qué lugar ocupa la oración de acción de gracias en mi vida cristiana? ¿Acostumbro a dar gracias a Dios por tantos beneficios recibidos?

2.- En el grupo cristiano al que perteneces, ¿te detienes a dar gracias a Dios por los valores y cualidades de cada miembro?

3.- ¿Me gusta cultivar en mi jardín la flor del agradecimiento? ¿Enseño a otros a cultivarla?

ORACIÓN

“Tu promesa supera a tu fama”

Señor, tienes fama de ser grande, sabio, justo, santo. Y esta fama no te la han dado gratis, sino que te la has ganado a pulso. Constantemente desbordas a los hombres con tu poder, tu sabiduría, y, sobre todo, con tu bondad. Pero tú no te agotas ni te acabas. Tú, Señor, siempre nos sorprendes con nuevas promesas, con nuevos proyectos.

Todo lo que nos has dado hasta ahora es sólo un pálido reflejo de lo que nos quieres dar. Lo mejor está todavía por venir. Gracias, Señor, porque tú vas a calmar todo el hambre y la sed de felicidad que tú mismo has puesto en nuestros corazones.

“El Señor completará sus favores conmigo”

Señor, a ti no te gusta dejar las cosas a medias. Reprochaste a aquel rey que quiso construir una torre sin poder acabarla, y recriminaste al labrador que, habiendo puesto la mano en el arado, volvió la vista atrás.

Perdóname, Señor, por las veces que he dejado las cosas a medio hacer, a medio llenar. Perdóname por haber hecho de mi vida una sinfonía inacabada.

Pero tú, Señor, completa tus planes y proyectos sobre mí. Todavía tengo tiempo para rectificar. Todavía tengo tiempo para servir, para amar, para trabajar en tu viña de sol a sol. Todavía me queda tiempo para no perder tan inútilmente el tiempo.

“No abandones la obra de tus manos”

Señor, tus manos me hicieron. Y me hicieron de barro. Por eso me he roto tantas veces. Tú lo sabes y lo comprendes. No abandones la obra que tú mismo has iniciado. No te canses de hacerme de nuevo. Soy tu obra, la que tú soñaste desde toda la eternidad; la que tú acariciaste antes de que yo naciera; la que tú rehabilitaste tantas veces con infinito amor.

Que tanto anhelo, tanta ilusión, tanto mimo, tanta solicitud no sean en vano. Haz que sea para ti lo que es tuyo. Haz que esta obra buena que tú iniciaste llegue a feliz término.