«De las promesas a la acción real y justa»: un llamamiento conjunto ante la COP31

David López
4 de noviembre de 2026

Organizaciones católicas y ambientales reclaman a los gobiernos decisiones vinculantes para abandonar los combustibles fósiles, garantizar una transición justa y financiar la respuesta climática sin aumentar la deuda de los países más vulnerables.

Ante la próxima cumbre del clima de Naciones Unidas en Antalya, Turquía, el Departamento de Ecología Integral de la Conferencia Episcopal Española, Enlázate por la Justicia, el Movimiento Laudato Si’, ECODES y Greenpeace España impulsan una declaración conjunta dirigida a los gobiernos y a la ciudadanía. Su mensaje es claro: los compromisos climáticos deben traducirse en medidas inmediatas, verificables, financiadas y centradas en las personas.

Bajo el lema «De las promesas a la acción real y justa», las entidades advierten de la distancia creciente entre las negociaciones internacionales y la realidad de los territorios. Mientras los impactos del cambio climático se agravan, las respuestas siguen siendo insuficientes. Por ello, piden que la COP31 concrete una financiación efectiva y decisiones que sitúen la dignidad humana, la justicia climática y la rendición de cuentas en el centro.

Una alianza por el cuidado de la casa común

La declaración reúne a organizaciones con distintas identidades y una responsabilidad compartida: proteger la vida y responder a una crisis que golpea con mayor dureza a quienes disponen de menos recursos.

Para las entidades católicas, este compromiso nace de la ecología integral y de la enseñanza social de la Iglesia. Para el conjunto de las organizaciones, el Acuerdo de París constituye el marco común desde el que exigir una respuesta a la emergencia climática.

Eduardo Agosta Scarel, director del Departamento de Ecología Integral de la Conferencia Episcopal Española, explica en su reflexión sobre el mensaje conjunto ante la COP31 que esta iniciativa se apoya en el diálogo entre la fe y la ciencia. El cuidado de la creación forma parte de la responsabilidad pastoral y está unido a la defensa de las personas empobrecidas.

Abandonar los combustibles fósiles y rendir cuentas

El primer eje de la declaración reclama un calendario vinculante para el abandono progresivo del carbón, el petróleo y el gas. Las organizaciones piden planes nacionales de reducción de emisiones auditables y datos que permitan comprobar su cumplimiento y su coherencia con el límite de calentamiento de 1,5 °C.

También exigen publicar los inventarios de subvenciones directas e indirectas a la industria fósil y reorientar esos recursos hacia la protección social y las energías renovables.

La propuesta combina una electrificación basada en fuentes renovables descentralizadas con medidas de ahorro, eficiencia y reducción proporcionada del consumo energético. El objetivo es transformar el sistema energético garantizando el bienestar y evitando nuevas dependencias.

Una transición que proteja a las personas

El segundo eje subraya que la transición ecológica debe garantizar derechos. La declaración reclama protección efectiva para quienes defienden el medio ambiente, condiciones de trabajo dignas y participación sindical en los procesos de reconversión laboral.

Asimismo, advierte de que la demanda de minerales necesarios para las nuevas tecnologías no puede justificar abusos sobre los territorios. Las entidades exigen respetar el consentimiento previo, libre e informado de los pueblos indígenas y las comunidades locales, e impedir nuevas zonas de sacrificio.

La defensa de la soberanía alimentaria, el apoyo a las familias campesinas y el impulso de la agroecología completan esta apuesta por una transformación que atienda a las comunidades y sus medios de vida.

Financiación climática sin más deuda

El tercer eje reclama financiación pública mediante subvenciones y donaciones, evitando que la respuesta a la crisis incremente el endeudamiento de los países vulnerables.

Las organizaciones solicitan una hoja de ruta con metas verificables para triplicar los fondos públicos de adaptación y un acceso ágil al Fondo de Pérdidas y Daños, especialmente para el Pacífico y otras regiones expuestas a los impactos climáticos.

También proponen mecanismos de condonación, canje o reestructuración de deuda, junto con medidas fiscales sobre los beneficios de las corporaciones contaminantes.

El nuevo documento de la CTI propone hablar de «pecado contra la Creación y contra el Creador». Foto: IIFFAragón 

Un compromiso que nace también de la fe

Este llamamiento encuentra un marco teológico en el documento de la Comisión Teológica Internacional Cuidar nuestra Casa común. Respuesta responsable y fraterna al Dios trinitario, publicado con autorización de León XIV. Como recoge Vatican News, el texto vincula el cuidado de la creación con la relación con Dios y plantea una conversión que alcance los valores, las decisiones y los estilos de vida.

Desde esta perspectiva, la respuesta cristiana comprende el consumo responsable, la solidaridad y la atención preferente a quienes más sufren el deterioro ambiental.

La declaración concluye invitando a la ciudadanía y a las comunidades de fe a mantener la esperanza activa y la movilización pacífica. A los gobiernos les reclama asumir su responsabilidad ante las generaciones presentes y futuras: convertir sus compromisos en decisiones vinculantes que defiendan la vida, la equidad y el bien común.

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