El Pilar quiere reforzar sus vínculos con los grandes santuarios marianos de Iberoamérica y afrontar junto a ellos los nuevos desafíos de la peregrinación, la acogida y la evangelización. Así lo explicó José Antonio Calvo, delegado de Culto y Pastoral del Pilar, tras participar en el I Foro Iberoamericano de Ciudades Marianas celebrado en Luján (Argentina).
Entrevistado por Rocío Álvarez en El Espejo de COPE Zaragoza, Calvo destacó que el encuentro reunió a representantes civiles y eclesiales para compartir retos comunes y avanzar hacia una futura red de ciudades y santuarios marianos.
Zaragoza mira a Iberoamérica
La iniciativa nació en Luján ante la necesidad de responder conjuntamente a los desafíos que genera un gran santuario en la vida religiosa y también en la propia ciudad. Zaragoza participó con una delegación conjunta de Iglesia y Ayuntamiento, una fórmula compartida por las demás ciudades presentes.
Calvo destacó la excelente acogida del Pilar y el profundo vínculo cultural, religioso y lingüístico que continúa existiendo entre España e Iberoamérica. Entre los objetivos surgidos del encuentro destacan: crear una red iberoamericana de santuarios y ciudades marianas; compartir experiencias sobre acogida y atención al peregrino; reforzar la colaboración entre Iglesia e instituciones civiles; y mantener encuentros periódicos entre los distintos santuarios.
Escuchar, acoger y ser hospitalarios
Más allá de la gestión de visitantes, los santuarios comparten un reto pastoral: una sociedad cada vez más individualista, donde muchas personas llegan buscando respuestas y sentido para su vida.
Para José Antonio Calvo, eso exige potenciar la escucha, la confesión, la acogida y, sobre todo, la hospitalidad. También reclama preservar la libertad propia de los santuarios frente a cualquier posible instrumentalización externa.
Del turismo a la experiencia de fe
Durante el foro se recordó que cada año se producen alrededor de 400 millones de desplazamientos hacia santuarios en todo el mundo. Una realidad que demuestra el peso creciente del llamado turismo religioso. «Tenemos que lograr que el peregrino se convierta en misionero y que el turista se lleve una huella de Dios».
El encuentro de Luján ha abierto así un nuevo camino de colaboración entre el Pilar y santuarios como Guadalupe, Altagracia o El Antiguo, con una meta compartida: que quienes cruzan las puertas de un santuario no encuentren únicamente patrimonio o tradición, sino también acogida, sentido y una propuesta de esperanza en Jesucristo.

