Monzón vivió el viernes 23 de octubre una concurrida ceremonia de confirmaciones presidida por el obispo de la Diócesis de Barbastro-Monzón, Mons. Ángel Javier Pérez Pueyo, y concelebrada por los sacerdotes de la Unidad Pastoral. Bajo el lema «Conéctate a Jesús. ¡Recarga tu vida!», el prelado recurrió a un lenguaje cercano y directo, apoyándose en dos elementos cotidianos de la juventud actual -un código QR y un cargador de móvil- para explicar el sentido profundo del sacramento.
Durante la homilía, el obispo mostró primero un código QR para cuestionar a los jóvenes sobre hacia dónde apunta la dirección de sus vidas: «¿Y si vuestra vida tuviera un código QR? ¿A dónde nos llevaría? ¿A vuestro Instagram, a vuestra imagen o a lo que otros piensan de vosotros?». Frente a la presión de las apariencias y las redes, les recordó que «Dios no fabrica fotocopias; os quiere originales, libres y auténticos», señalando que la verdadera identidad cristiana remite directamente a Jesucristo.
Seguidamente, mostrando un cargador de teléfono, abordó el cansancio y el vacío existencial que a menudo experimentan las nuevas generaciones: «Podemos tener el móvil al cien por cien… ¡y el alma al cinco por ciento! Podemos estar conectados con medio mundo y desconectados de nosotros mismos. El Espíritu Santo no es una batería mágica que cargamos una vez y dura para siempre; necesitamos mantener viva nuestra relación con Dios en la oración, la Eucaristía y en el amor a quienes nos necesitan».
Cartas con nombre propio y compromiso real
En uno de los momentos más emotivos de la celebración, el obispo desveló que había leído con atención las cartas personales enviadas por los confirmandos. De este modo, citó testimonios concretos como el de Inés (sobre confianza y responsabilidad), Henar (respeto y generosidad), María (hacer de la fe decisiones reales), Lucía Tornos (ayudar a los necesitados) y Lucía Corchado (su compromiso con la Eucaristía y la vida cristiana).
A partir de estas inquietudes, don Ángel lanzó una llamada a la coherencia en la vida diaria, pidiéndoles no mirar hacia otro lado ante el acoso a compañeros, levantar la mirada de las pantallas para escuchar a padres y abuelos, y distinguir entre la diversión pasajera y la felicidad duradera, que nace de preguntarse qué se puede hacer por los demás.
Tras ungir a los jóvenes con el santo crisma e imponer las manos, el obispo les encomendó no desvincularse de la comunidad cristiana tras recibir el sacramento: «¡Que no sea el último día que os vemos por la parroquia! Seguid participando en vuestros grupos, en Rasal, en Barasona, en Monzón… No habéis nacido para vivir pendientes de una pantalla, sino para mirar a los ojos, tender la mano y hacer felices a los demás».
La emotiva eucaristía concluyó con un llamamiento final a convertir sus vidas en «el mejor código QR» que guíe a otros hacia Jesús con autenticidad y alegría



