La primera encíclica del Papa denuncia el uso militar y económico de la IA, reclama límites éticos globales y defiende una tecnología centrada en la dignidad humana, el trabajo y la paz
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La Iglesia católica ha entrado de lleno en uno de los grandes debates del siglo XXI. Y lo ha hecho con una advertencia contundente: la inteligencia artificial no puede quedar en manos del poder económico, militar o ideológico.
En su primera encíclica, «Magnifica humanitas», León XIV pide «desarmar la IA», denuncia el desarrollo de tecnologías capaces de deshumanizar la sociedad y alerta de una cultura digital que amenaza con convertir a las personas en simples datos, consumidores o piezas productivas.
Publicada coincidiendo con el 135.º aniversario de la Rerum novarum, la encíclica afronta algunos de los desafíos más sensibles de nuestro tiempo: la automatización del trabajo, la manipulación informativa, el control algorítmico, las armas autónomas, la concentración tecnológica en manos de grandes potencias y el impacto de la inteligencia artificial sobre la libertad humana.
«La tecnología puede aliviar sufrimientos y abrir nuevas posibilidades, pero no debe negar lo que es propio del ser humano: la capacidad de relación y de amor», afirma el Pontífice.
«Ningún algoritmo puede hacer moralmente aceptable una guerra»
Uno de los apartados más contundentes del documento es el dedicado a la guerra y al uso militar de la inteligencia artificial. León XIV advierte de que la revolución digital está transformando «la gramática de los conflictos» y denuncia el riesgo de que las decisiones sobre la vida y la muerte sean cada vez más impersonales y automatizadas.
El Papa es especialmente tajante al afirmar que «ningún algoritmo puede hacer moralmente aceptable una guerra» y reclama restricciones éticas internacionales para las armas vinculadas a la IA. A su juicio, toda tecnología que permita atacar «sin ver el rostro del otro» rebaja el umbral moral del conflicto y favorece una cultura de la violencia.
En este contexto, el Pontífice pide superar la teoría de la «guerra justa» y apostar por el diálogo, la diplomacia y el multilateralismo frente a una cultura global marcada por el rearme y la lógica del poder.
El riesgo de una tecnología controlada por unos pocos
La encíclica insiste varias veces en el peligro de que el conocimiento y las nuevas tecnologías queden concentrados en manos de unos pocos actores económicos y políticos, ampliando todavía más la brecha entre incluidos y excluidos de la revolución digital.
León XIV critica además el «paradigma tecnocrático» que reduce todas las decisiones a criterios de eficiencia y beneficio económico. Frente a ello, reclama una inteligencia artificial sometida a criterios de justicia social compartida y advierte: «No sirve una IA más moral si esa moral la deciden unos pocos».
También alerta del impacto ambiental de las nuevas tecnologías, del uso masivo de datos personales y de la aparición de nuevas formas de colonialismo digital basadas en la extracción y explotación de información.
Trabajo, educación y pensamiento crítico
El documento dedica una amplia reflexión al mundo laboral y educativo. El Papa reconoce que la inteligencia artificial puede liberar al ser humano de tareas pesadas o repetitivas, pero advierte de que también puede aumentar la precariedad, la vigilancia automatizada y la exclusión social si el único criterio es el beneficio económico.
En el ámbito educativo, León XIV reclama recuperar el pensamiento crítico frente a la dependencia tecnológica y llega a pedir que las nuevas generaciones aprendan incluso «el ayuno de la IA».
La encíclica denuncia igualmente la desinformación, los algoritmos que condicionan la opinión pública y una cultura digital que premia únicamente lo visible, lo viral o lo emocionalmente impactante. Por ello, subraya la importancia de un periodismo basado en la verificación y la búsqueda de la verdad.
Una Iglesia llamada también a revisarse
León XIV no limita la reflexión al ámbito político o tecnológico. El Papa exhorta también a la propia Iglesia a examinar sus estructuras y relaciones internas para evitar abusos, desigualdades y falta de transparencia.
El texto insiste en la necesidad de escuchar a las víctimas y promover procesos reales de reparación y prevención, especialmente en los casos de abusos espirituales, sexuales o de poder.
La encíclica concluye con una llamada a construir una «civilización del amor» en medio de la transformación digital. El verdadero desafío, resume el Pontífice, no es elegir entre progreso o retroceso, sino decidir qué tipo de humanidad queremos construir en la era de los algoritmos.