La Archidiócesis de Zaragoza ha aclarado este martes el sentido y alcance de la iniciativa «Parroquias Seguras» tras algunas interpretaciones y reacciones públicas surgidas en las últimas horas en torno al proyecto impulsado conjuntamente con el Ayuntamiento de Zaragoza.
Desde la diócesis se insiste en que esta iniciativa «no sustituye en ningún caso a los servicios públicos especializados de atención a mujeres víctimas de violencia», sino que pretende actuar como un cauce de acogida inicial, escucha y acompañamiento hacia los recursos profesionales ya existentes.
«Parroquias Seguras» nació tras la preocupación generada por varios casos recientes de violencia contra las mujeres ocurridos en Zaragoza y busca aprovechar la presencia cercana de las parroquias en los distintos barrios de la ciudad para ofrecer un primer espacio seguro a quienes puedan encontrarse en situación de vulnerabilidad o riesgo.
«Puertas de entrada», no sustitución de servicios
La Archidiócesis subraya que las parroquias no realizarán atención especializada ni sustituirán a los profesionales municipales, sino que colaborarán con la Casa de la Mujer y los servicios sociales mediante tareas básicas de acogida, escucha y derivación.
Las personas voluntarias que participen en el proyecto recibirán además formación específica impartida por profesionales municipales sobre protocolos de actuación, acompañamiento y derivación adecuada de los casos.
En situaciones de peligro inminente, las parroquias podrán servir como lugar de refugio temporal mientras se activa la intervención policial o profesional correspondiente.
Sin financiación ni contraprestación económica
Otro de los aspectos aclarados por la Archidiócesis es que esta colaboración no supone ningún beneficio económico para la Iglesia.
El convenio firmado con el Ayuntamiento no contempla contraprestación económica alguna y la participación parroquial se realiza desde el voluntariado y el compromiso social de las comunidades cristianas.
Asimismo, la diócesis ha desmentido que la iniciativa implique la eliminación o sustitución de los llamados «puntos violeta» u otros recursos públicos ya existentes.
Una iniciativa nacida desde las parroquias
El proyecto surgió inicialmente en el seno del Consejo de Gobierno del Arzobispado de Zaragoza y fue impulsado especialmente desde varias parroquias de barrio preocupadas por la realidad de la violencia machista y por la necesidad de ofrecer más espacios de proximidad donde una mujer pueda encontrar ayuda o dar el primer paso para pedirla.
Actualmente son varias las parroquias adheridas a la iniciativa y otras comunidades parroquiales están estudiando sumarse progresivamente al proyecto.
Desde la Archidiócesis se insiste en que la acogida y protección de personas vulnerables forma parte de la tradición cristiana y del compromiso social cotidiano de muchas parroquias, que ya acompañan habitualmente situaciones de soledad, pobreza, exclusión o sufrimiento.
«Las parroquias desean colaborar humildemente en esta tarea desde su presencia cotidiana en los barrios y desde una lógica de servicio», señalan desde la Archidiócesis.