La Casa de la Iglesia de Zaragoza acogió este lunes una sesión de formación y reflexión sobre «La misión de los cristianos en la vida pública», organizada por la Delegación de Apostolado Seglar de la archidiócesis, en colaboración con las delegaciones de Aragón. El acto, que pudo seguirse también de forma online, reunió a numerosos asistentes en torno a una cuestión que, como señaló el propio ponente, «ya no es algo interno», sino un asunto que despierta un interés creciente en la sociedad.
El encargado de conducir la reflexión fue Fernando Vidal, sociólogo, profesor universitario y director de la Cátedra Amoris Laetitia, que ofreció una ponencia marcada por un tono profundamente espiritual, cultural y social. Lejos de plantear una intervención centrada en estrategias de influencia o presencia institucional, Vidal defendió que la principal aportación de los cristianos a la vida pública pasa por «el impoder», es decir, por la capacidad transformadora del amor, la esperanza, el perdón, la compasión y el servicio.
«No tenemos miedo», repitió en varios momentos de la intervención. «No tenemos miedo al autoritarismo. No tenemos miedo porque no podemos perder. Todo lo amado se salva». A partir de ahí, desarrolló una reflexión de fondo sobre la crisis cultural y antropológica que atraviesa Occidente, el aumento de las polarizaciones y la necesidad de que los cristianos vuelvan a ocupar el espacio público no desde la confrontación ni desde la búsqueda de poder, sino desde una presencia luminosa y profundamente humana.
«La más pequeña centella rompe la noche»
Durante más de una hora, Vidal fue entrelazando referencias evangélicas, análisis sociológicos, experiencias personales y ejemplos históricos para defender que los cristianos están llamados a ser «pequeñas centellas» capaces de romper la oscuridad de este tiempo.
«¿Qué pasaría si cada día nos propusiéramos que una sola persona se sintiera más amada?», preguntó al auditorio, antes de recordar algunos datos sobre la soledad y el sufrimiento emocional en la sociedad actual, especialmente entre los jóvenes.
En uno de los momentos más celebrados de la conferencia, utilizó la historia de Elías Valiña y las flechas amarillas del Camino de Santiago como metáfora de la misión cristiana en la vida pública. Recordó cómo aquel sacerdote gallego comenzó prácticamente solo a limpiar caminos olvidados y a señalizar rutas para los peregrinos, dando origen al gran renacimiento contemporáneo del Camino.
«Somos nosotros, cada uno de nosotros, una flecha amarilla en la vida pública», afirmó. «¿Señalamos a algún camino? ¿Señalamos al horizonte? ¿Señalamos a Cristo?».
A lo largo de la ponencia insistió repetidamente en la necesidad de recuperar la experiencia de pueblo frente a la desvinculación social y el individualismo contemporáneo. A su juicio, el neoliberalismo ha fragmentado la vida común y ha debilitado los vínculos sociales, culturales y políticos.
«Nunca debemos abandonar la plaza a la que hemos sido enviados desde Pentecostés», señaló.
Cuatro polarizaciones y una crisis de civilización
Fernando Vidal describió el momento actual como una «crisis de civilización» marcada por una cuádruple polarización: económica, social, cultural y política. Según explicó, el debilitamiento de los fundamentos éticos y espirituales de las democracias occidentales ha favorecido el auge del autoritarismo, la desigualdad y la fragmentación social.
En ese contexto, defendió que el cristianismo tiene hoy una responsabilidad pública ineludible. Citó expresamente la figura del papa León XIV como uno de los principales referentes morales del momento actual por su defensa de la paz, los migrantes y el derecho internacional.
«Cada uno de nosotros en nuestro ámbito tenemos que ser ese faro de paz, de amor, de tolerancia y de serenidad», afirmó.
Frente a modelos defensivos o identitarios de presencia cristiana, Vidal contrapuso la imagen de Pentecostés. Rechazó tanto una Iglesia encerrada en sí misma como una actitud de confrontación cultural. «Nuestro modo de presencia en la vida pública debería ser más como el de los apóstoles de Pentecostés», explicó. «Hablar de forma que cualquiera lo entienda. Hablar al corazón del otro».
En esa línea, defendió la necesidad de «hablar explícitamente de Jesús», pero evitando cualquier tentación de superioridad o imposición.
Cinco caminos para reconstruir la vida pública
En la parte final de la conferencia, el director de la Cátedra Amoris Laetitia propuso cinco grandes líneas de compromiso para los cristianos en la sociedad actual.
La primera fue la «renaturalización», entendida como una reconciliación con la creación, con el propio cuerpo y con la realidad concreta frente a la virtualización de la vida.
La segunda, la «gran revinculación», es decir, la reconstrucción de vínculos personales, familiares, vecinales y comunitarios en una sociedad marcada por la soledad.
La tercera, la profundización sinodal de la democracia y de la participación social, apostando por espacios reales de conversación y discernimiento compartido.
La cuarta, la reconstrucción de la sociedad civil y de los espacios comunitarios capaces de transformar la vida.
Y la quinta, la recuperación del arte, la belleza y la narración de la esperanza como dimensiones fundamentales para sostener una cultura verdaderamente humana.
«La misión de los cristianos en la vida pública no consiste en buscar poder o reconocimiento», resumió. «Consiste en encender una luz de esperanza».

Un diálogo abierto con el público
Tras la conferencia se abrió un amplio turno de preguntas, tanto de los asistentes presentes en la sala como de las personas que seguían el acto a través de internet.
La primera intervención planteó si el primer paso para evangelizar una sociedad «salvaje» pasa precisamente por humanizarla a través del amor. Vidal respondió afirmativamente y subrayó que «el ser humano está hecho para amar». «Todo lo que no sea amor es tiempo perdido», afirmó.
Otro de los asistentes destacó que las palabras más repetidas durante toda la ponencia habían sido «amor» y «esperanza», preguntándole si eso significa que hoy faltan ambas realidades entre los propios cristianos. El sociólogo respondió vinculando el aumento de la polarización y del abandono social con una creciente sensación de desamparo colectivo.
«Lo que se ha extendido en la sociedad es la experiencia de abandono», señaló. A partir de ahí, defendió que la tarea de los cristianos pasa precisamente por reconstruir vínculos, devolver esperanza y generar espacios de acogida y fraternidad.
También hubo preguntas relacionadas con la polarización ideológica dentro de la propia Iglesia, el impacto de las redes sociales, el deterioro de la conversación pública o el reto de evangelizar en una sociedad crecientemente fragmentada.
En una de sus respuestas finales insistió en la necesidad de construir comunidades capaces de integrar sensibilidades distintas sin excluir a nadie. «Necesitamos transformar una mentalidad demasiado ideologizada», afirmó, apelando a permanecer «unidos a Pedro» y a discernir desde la comunión eclesial.
El cierre de Mons. Carlos Escribano
El arzobispo de Zaragoza, Mons. Carlos Escribano, fue el encargado de clausurar el acto agradeciendo la intervención de Fernando Vidal y situando esta reflexión dentro del camino iniciado en España tras el Congreso Nacional de Laicos de 2020.
Recordó que aquel congreso planteó cuatro grandes líneas de trabajo: el primer anuncio, el acompañamiento, la formación y la presencia en la vida pública. Sin embargo, explicó que la pandemia y posteriormente el impulso sinodal promovido por el papa Francisco alteraron profundamente el contexto e hicieron todavía más urgente esta cuestión.
«En un momento de discernimiento se entendió que era prioritario trabajar la presencia en la vida pública», señaló el arzobispo. «Y yo creo que es un acierto y lo creo plenamente».
Mons. Escribano retomó además una de las imágenes centrales de la conferencia, la de las flechas amarillas del Camino de Santiago, para agradecer a Vidal su aportación.
«Tú nos has ofrecido flechas amarillas indudablemente en el camino y las agradecemos profundamente», concluyó.
La conferencia de Fernando Vidal se enmarca en el nuevo ejercicio sinodal impulsado por la archidiócesis de Zaragoza sobre el protagonismo de los laicos en la vida pública y social.
Un comentario
Excelente síntesis de lo aportado por Fernando Vidal