Pediré que os envíe el Paráclito

Pedro Escartín
9 de mayo de 2026

Un café con Jesús. Flash sobre el Evangelio del VI Domingo de Pascua – A – (10/05/2026) 

Día a día, se acerca el momento en el que el Resucitado dejará de ser visto por los apóstoles, que, atónitos, seguían comiendo y bebiendo con él. Los fragmentos del Evangelio de Juan, con los que el evangelista nos conforta en estos domingos cercanos a la Ascensión, tienen el tono de una despedida, pero también de una promesa. En el de este sexto domingo de Pascua (Jn 14, 15-21), Jesús insiste en que se va, pero que volverá, porque no quiere que sus discípulos nos sintamos huérfanos: se va, pero se queda; va a reencontrarse con el Padre que lo envió a este mundo y, sin embargo, permanece con nosotros; ¿cómo es posible esto?

– No hay en ello contradicción alguna -me ha dicho Jesús al compartirle mi perplejidad-. Recuerda que les dije: «No os dejaré huérfanos. Pediré al Padre que os dé otro Paráclito, que esté siempre con vosotros: el Espíritu de la verdad…»

– Y yo voy a pedir más café -he dicho al darme cuenta de que Jesús estaba dispuesto a comentar su promesa-. Dijiste que pedirías al Padre que nos diera otro Paráclito; menos mal que a continuación le llamaste “Espíritu de la verdad”, porque “Paráclito” es una palabra poco conocida, que apenas usamos en nuestras conversaciones. ¿Quién es ese “Paráclito” o “Espíritu de la verdad”? ¿Es el mismo que se derramó sobre los samaritanos y sobre otros paganos a los que los apóstoles les impusieron las manos? Así lo hemos escuchado en la primera lectura de la Misa de hoy (Hech 8, 5-8. 14-17). ¿Y por qué el mundo no puede recibirlo?

– Si quieres que responda a tantas peguntas, tendrás que pedir más café -me ha dicho amablemente, invitándome a tomar un sorbo-. Bueno, empecemos por lo primero; Efectivamente, el Paráclito o el Espíritu de la verdad es el mismo que se derramó sobre los paganos y que ya se había derramado sobre los apóstoles en el día de Pentecostés. El mismo que se derramó sobre ti en tu bautismo y que descendió sobre mí cuando Juan me bautizó en el Jordán; entonces se escuchó la voz del Padre que dijo: “Tú eres mi hijo amado”; lo mismo que os ha dicho a cada uno al ser bautizados.

– ¿Y por qué le llamaste “Paráclito”? Es una palabra que apenas usamos…

– … y, sin embargo, tiene un amplio y sabroso significado -ha añadido de inmediato-. Paráclito es lo mismo que el “ayudante” o el “asistente”, el “sustentador”, el “protector”, el “abogado”, el “procurador”

– No sigas -le he interrumpido-; ya me hago cargo de lo que nos proporciona el Paráclito.

– Pues aún debes oír lo más importante: el Paráclito es vuestro “animador” e “iluminador” en el camino que vais andando hacia la fe. También me has preguntado por qué dije que el mundo no puede recibirlo; si repasas el amplio significado de la palabra Paráclito, te darás cuenta de que ese camino empieza con el deseo de encontrar la verdad; sin este deseo, el Paráclito no puede llevar a cabo su tarea, pero, cuando estáis dispuestos a buscar la verdad, el Espíritu de la verdad, es decir, el Paráclito, os lleva de la mano hasta dar con ella plenamente. Recuerda lo que ocurrió con los fariseos cuando se encontraron con un ciego de nacimiento al que yo había abierto los ojos: llegaron a negar que aquel hombre hubiera nacido ciego y, sobre todo, negaban que, con aquella curación, el Padre les mostraba que yo soy su enviado…; aquellos hombres estaban convencidos de que nadie veía como ellos, pero estaban ciegos y no podían recibir el Espíritu de la verdad…

– … porque se sentían más seguros con la imagen de Dios que ellos se habían forjado que con la que el Padre les manifestaba por medio de los signos que tú hacías. ¡No me dejes caer en la tentación de la soberbia espiritual! -suplicado al fin a punto de alcanzar la puerta-.

 

Lectura del santo Evangelio según san Juan (14, 15-21).

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: Si me amáis, guardaréis mis mandamientos. Y yo le pediré al Padre que os dé otro Paráclito, que esté siempre con vosotros, el Espíritu de la verdad. El mundo no puede recibirlo, porque no lo ve ni lo conoce; vosotros, en cambio, lo conocéis, porque mora en vosotros y está en vosotros. No os dejaré huérfanos, volveré a vosotros. Dentro de poco el mundo no me verá, pero vosotros me veréis y viviréis, porque yo sigo viviendo. Entonces sabréis que yo estoy en mi Padre, y vosotros en mí y yo en vosotros. El que acepta mis mandamientos y los guarda, ese me ama; y el que me ama será amado por mi Padre, y yo también lo amaré y me manifestaré a él.

Palabra del Señor.

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