Opinión

Thalía López Sancho

La fe que vuelve a despertar entre los jóvenes

2 de mayo de 2026

Durante años se ha repetido una idea casi como un diagnóstico social: los jóvenes se han alejado de la fe. Sin embargo, cuando se observa con más atención, aparece una realidad más matizada. En muchos casos no se trata de una indiferencia total hacia Dios, sino de una búsqueda distinta. En un mundo marcado por la rapidez, la incertidumbre y la sobreabundancia de información, muchos jóvenes vuelven a hacerse las preguntas esenciales: quién soy, qué sentido tiene mi vida o si existe algo que dé unidad a todo lo que vivimos.

La Biblia muestra que esta búsqueda no es nueva. Muchas de las grandes historias de fe comienzan precisamente en la juventud. El joven Samuel escucha su nombre en medio de la noche y aprende a responder: “Habla, Señor, que tu siervo escucha” (1 Sam 3,10). Jeremías recibe su llamada siendo muy joven y confiesa con temor: “¡Ah, Señor Dios! Mira que no sé hablar, que soy demasiado joven” (Jer 1,6). Incluso los discípulos que Jesús llamó junto al lago de Galilea eran, en gran parte, hombres que apenas estaban comenzando su vida adulta.

En ese contexto resulta llamativo el impacto que ha tenido en los últimos años la serie The Chosen. Más allá de ser una producción audiovisual sobre la vida de Jesús, para muchos se ha convertido en una forma distinta de acercarse al Evangelio. La historia aparece narrada desde la vida concreta de quienes se encontraron con Cristo: Pedro con su carácter impulsivo y sus luchas familiares, Mateo intentando rehacer su vida después de haber sido rechazado por su propio pueblo, o María Magdalena marcada por su pasado hasta escuchar su nombre pronunciado por Jesús.

Ese momento en el que Jesús dice simplemente “María” recuerda profundamente las palabras del Evangelio de Juan: “Mis ovejas escuchan mi voz; yo las conozco y ellas me siguen” (Jn 10,27). La fe cristiana no comienza con una idea abstracta, sino con un encuentro personal.

En el Evangelio, Jesús se acerca continuamente a personas que buscan algo más en medio de su vida cotidiana. A los primeros discípulos les formula una pregunta sencilla y directa: “¿Qué buscáis?” (Jn 1,38). Esa pregunta atraviesa toda la historia cristiana, porque toca el corazón mismo de la experiencia humana. En medio de una cultura llena de estímulos y distracciones, el deseo de verdad, de sentido y de esperanza sigue permaneciendo.

Las respuestas de Jesús en el Evangelio tampoco aparecen como discursos complicados. A Pedro, que se siente indigno después de la pesca milagrosa, le dice: “No temas” (Lc 5,10). A Mateo lo llama con una palabra breve pero decisiva: “Sígueme” (Mt 9,9). A quienes se sienten cansados por el peso de la vida les ofrece una invitación abierta: “Venid a mí todos los que estáis cansados y agobiados, y yo os aliviaré” (Mt 11,28).

La fe cristiana se ha transmitido durante siglos precisamente de ese modo: a través de encuentros, testimonios y experiencias compartidas. Los Hechos de los Apóstoles describen a las primeras comunidades como lugares donde los creyentes “perseveraban en la enseñanza de los apóstoles, en la comunión, en la fracción del pan y en la oración” (Hch 2,42). La fe no era solo una idea que aceptar, sino una vida que compartir.

Entre muchos jóvenes de hoy vuelve a aparecer ese deseo de una fe vivida con autenticidad. No se trata únicamente de conservar una tradición, sino de redescubrir el rostro cercano de Jesús que encontramos en el Evangelio. Un Cristo que camina con las personas reales, con sus dudas, heridas y búsquedas.

Por eso la pregunta que Jesús dirigió a los primeros discípulos sigue teniendo fuerza para cada generación: “¿Qué buscáis?”.

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