Opinión

Ángel Calvo Cortés

Somos responsables del futuro

2 de mayo de 2026

Los expertos bíblicos más solventes afirman que no se contradicen las palabras de Jesús sobre la divina providencia (Mt 6:24) con el calificar de necios a quienes no tienen en cuenta el futuro (Mt 25:1). Pero el hecho es que, en los ambientes de iglesia tendemos más a hablar de confianza en la divina providencia que a practicar el realismo evangélico de gestionar los talentos, de prevenir el aceite de las lámparas, de calcular las fuerzas y el dinero disponibles o de comprender los signos de los tiempos. Entre el clero actual, apenas hay quien tenga conocimientos elementales de Prospectiva estratégica, o sea, de la disciplina destinada a predecir futuros posibles y deseables para así poderdecidir qué hacer en el presente. Hay que tomar decisiones informadas. No aplicamos la parábola del administrador infiel (Lc 16:1) Ser resignados y pasivos (enterrar talentos)  no es del gusto preferente de Jesús.

Entre los responsables actuales de la Iglesia, obispos y curas, abunda la llamada responsabilidad difusa que descubrieron Darley y Latané: como somos muchos los responsables, todos esperamos que primero “se muevan” otros. Desde luego, ninguna gota de lluvia cree haber causado el diluvio. Atrapados en la rutina del pasado, no se percibe planificación de largo plazo, ni liderazgo atractivo. La pura actividad solo prolonga lo ya existente, lo de siempre. Pienso que hay que dejar de gestionar crisis constantes y enfocarse en diseñar y construir escenarios futuros sostenibles y deseables. Conozco a algunos obispos de pequeñas diócesis que lo hacen. Pero, en general, seguimos como si el estado de la institución eclesial no fuese gravísimo y en caída libre. He señalado al clero, entre el cual me encuentro, porque al pueblo de Dios se le ha asignado el papel de obedecer. En el Código de Derecho Canónico se repite “los laicos deben” y “los obispos pueden”. No sé de qué biblia sale eso. Es necesaria una purificación evangélica de la mentalidad de la jerarquía. Conozco a cristianos preocupados por el tema pero conformistas y obedientes, que calladamente  aceptan con resignación el “que sea lo que Dios quiera” o “doctores tiene la Iglesia”. Así estamos echando herbicida a la evangelización y a la misión.

Seguimos conduciendo la Iglesia mirando solo al retrovisor. Por celos, envidia, pereza y miedo a meterse en problemas,  ni siquiera se imita lo bueno que hacen otros. Ya los apóstoles discutían sobre el poder y el protagonismo. Que lo mande el Papa, que lo ordene la Curia Romana, que lo recuerde la Conferencia Episcopal Española, que lo prescriba mi obispo, que lo trate el Consejo Presbiteral y Pastoral, que haga un plan la Delegación diocesana, que lo acordemos en el arciprestazgo… Esto no es sinodalidad sino Iglesia- pirámidal y palpable estancamiento.  Además se aplica el repetitivo y absurdo mantra del avanzar “poco a poco”. Hasta Jesús le dijo a Judas: lo que has de hacer hazlo pronto. Tenemos estructuras inoperantes y tóxicas. Personalmente creo que el obispo de Amberes, Johan Bonny, es un ejemplo positivo de responsabilidad. Por ejemplo, la alternativa a la falta de curas no puede ser como hasta ahora la nada. https://share.google/9H6AWeAEzivo6AnyP

Podemos ver sólo un poco de lo que nos depara el mañana, pero vemos suficiente por lo que vale la pena trabajar. La mejor forma de prever el futuro es crearlo. El futuro depende de lo que hagamos en el presente, por eso resulta que no es una página en blanco, sino una fe de erratas. Somos responsables de un mundo limpio y también de una Iglesia como Jesús quiere, no como dictan teólogos, canonistas, ceremonieros y jerarcas que olvidan demasiado lo dicho por el único Maestro: el sábado es para el hombre, no el hombre para el sábado (Mc 2:27). Nuestra responsabilidad en la Iglesia tiene que ser personal, no difusa. No nos vamos a rendir ni a resignar. Si el clero falla, los laicos sacaremos las parroquias adelante. El Espíritu habla a través de toda la Iglesia, no solo de los curas. La conciencia de la corresponsabilidad de todos los bautizados va viniendo para quedarse. Cada comunidad siga su proceso y a su ritmo. La diversidad no daña la unidad. La mirada inclusiva es imprescindible. La uniformidad produce rutina. Chocolate para todos no es la solución. Y, desde luego, la diferencia de ideas no implica carencia del sincero afecto que debe unirnos.

Si fallase por alguien, que no sea ni por ti ni por mí ¿no ves que es grave lo que aquí se juega?…

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