La catedral de Huesca ha acogido este miércoles 1 de abril, Miércoles Santo, la celebración de la Misa Crismal, presidida por el obispo de la diócesis, el padre Pedro Aguado Cuesta, y concelebrada por el presbiterio diocesano. En esta celebración, los presbíteros han renovado las promesas sacerdotales realizadas en el día de su ordenación. Asimismo, se han bendecido y consagrado los santos óleos: el crisma, el óleo de los enfermos y el de los catecúmenos.
Durante su homilía, el obispo ha recordado que la Misa Crismal “nos ayuda a revivir lo que significa el envío que hemos recibido como sacerdotes y nos recuerda lo que significa anunciar la buena noticia en el mundo en el que vivimos”. A la luz del Evangelio proclamado, ha subrayado el carácter “provocador” del anuncio evangélico y la necesidad de acoger la acción del Espíritu.
Dirigiéndose especialmente a los sacerdotes, el prelado ha articulado su reflexión en torno a tres palabras: “Agradecer, anunciar y caminar”.

En primer lugar, ha invitado a dar gracias por la vocación recibida: “Sin merecerlo hemos sido llamados a anunciar la buena noticia”. En este sentido, ha recordado que “somos pequeños, débiles y pecadores” y que “el Señor ha querido colocar el tesoro del Evangelio en vasijas de barro”, una conciencia que, ha señalado, debe impulsar a vivir con fidelidad y autenticidad.
En segundo lugar, ha destacado la centralidad del anuncio: “Estamos aquí para anunciar la buena noticia a los pobres, para consolar los corazones afligidos, para dar vista a los ciegos”. Una misión que, ha añadido, exige también “anunciar la vida a quienes no la tienen, solidaridad a quienes se encuentran solos o sin hogar cercanía y acogida a quien se siente excluido”.
Finalmente, ha animado a “caminar” en la vida sacerdotal, poniendo a Cristo en el centro: “Solo hay un centro, es Cristo Jesús”. En este camino, ha señalado la importancia de la fidelidad cotidiana -“cada día, con la misma pasión”- y de mantener siempre una actitud de discípulos: “El Evangelio siempre es más grande que nosotros”.
El obispo ha concluido recordando la promesa del Señor como fundamento de la misión sacerdotal: “Yo estaré con vosotros todos los días, hasta el fin del mundo. Solo esta promesa explica nuestra vida”.
La celebración de la Misa Crismal, que tradicionalmente tiene lugar en la mañana del Jueves Santo y que en la diócesis se ha adelantado a este Miércoles Santo, constituye uno de los momentos más significativos del año litúrgico, al expresar de manera especial la comunión del obispo con sus sacerdotes y la unidad de la Iglesia diocesana.